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‘La Mariscala’, Francisca Zubiaga: ¿por qué se le considera como la primera presidenta del Perú?

Francisca Zubiaga, más conocida como ‘La Mariscala’, fue esposa del presidente Agustín Gamarra, a quien reemplazaba cuando se iba de viaje. También fue la política más poderosa del país cuando empezó a ser república. Conoce aquí su historia y por qué la consideran como la primera presidenta del Perú.

Francisca Zubiaga y Bernales es considerada como la primera presidenta del Perú gracias a sus hazañas e imponencia. Foto: Museo Militar del Perú/libro "La Mariscala"
Francisca Zubiaga y Bernales es considerada como la primera presidenta del Perú gracias a sus hazañas e imponencia. Foto: Museo Militar del Perú/libro "La Mariscala"
La República

Francisca Zubiaga y Bernales fue una mujer que rompió todos los prejuicios de su época y se le consideró la primera presidenta del Perú, como precisa la historia nacional. En el siglo XIX, ‘La Mariscala’ se convirtió en una figura política importante, ya que junto a su esposo, el entonces presidente Agustín Gamarra, lideraron el país y combatieron distintas adversidades.

Valiente, osada e intrépida. ‘La Mariscala’ es uno de los rostros femeninos más sobresalientes de nuestra historia, aunque no obtuvo el suficiente reconocimiento. No obstante, si te interesa saber más acerca de ella, en esta nota te compartimos parte de su vida y el papel que desempeñó en la política peruana.

‘La Mariscala’ en sus primeros años

Francisca Zubiaga y Bernales nació el 11 de septiembre de 1803 en la ciudad de Cusco. Su padre, un español llamado Antonio Zubiaga, había insistido en que su hija debía de nacer en esta región peruana, por lo que persuadió a su esposa, Antonia Bernales, para llevar a cabo su deseo.

Todos respetaban a Francisca Zubiaga por su actitud osada y valerosa ante las batallas. Foto: libro "La Mariscala"

Cuando entró a la adolescencia, Francisca empezó a sentir una vocación religiosa, por lo que se internó en un convento. Sin embargo, las penitencias eran tan fuertes que su salud no lo soportó, así que terminó abandonándolo. A la vez, se desarrollaba la guerra por la independencia del Perú (1821), y ante este escenario, su padre se volvió a España y la dejó en el Monasterio de la Encarnación.

Fue durante esos años que conoció a Agustín Gamarra, un hombre 20 años mayor que ella. Ambos se enamoraron y se casaron el 20 de diciembre de 1823, con la bendición del cura José María Monzón. Aunque el matrimonio no fue del agrado de su familia, a Francisca no le importó y continuó al lado del que sería el presidente de Perú.

El Perú en una crisis política y a miras de su independencia

Tras la independencia del Perú, el país se encontraba fragmentado en la zona sierra y la parte del Alto Perú. Por ello, Don José de San Martín tuvo que asumir la protección de nuestro territorio hasta 1822. Una vez que el argentino abandona el país, José de la Riva Agüero da un golpe de Estado y se convierte en el primer mandatario. Después, el Congreso nombra presidente a Torre Tagle, lo que origina un enfrentamiento con Riva Agüero. Ante esta crisis, el Parlamento le pide ayuda a Simón Bolívar.

En 1824, Agustín Gamarra estaba en el mejor momento de su carrera política, ya que salió airoso en la batalla de Ayacucho y consiguió el cargo de prefecto del Cusco. Sin embargo, la guerra aún no terminaba, por lo que, al involucrarse en la lucha independentista, se acerca a Simón Bolívar, organizándole una fiesta de honor como forma de agradecimiento.

Enfrentamiento armado que en 1824 puso fin a la guerra entre patriotas y realistas en la República del Perú. Foto: cuadro del pintor Martín Tovar y Tovar

Francisca no desaprovecha esta situación y también le agradece a Bolívar mandándole hacer una corona de oro como obsequio; sin embargo, el militar venezolano se la devuelve y se la coloca sobre la cabeza durante la fiesta.

‘La Mariscala’ en el poder

Francisca era llamada ‘Doña Pancha’ por todos debido a su actitud desafiante y valerosa, pero pasó a convertirse en ‘La Mariscala’ por los continuos viajes al campo de batalla que hacía junto a esposo, quien era un mariscal.

La esposa de Gamarra sabía cabalgar, manejar la espada, la pistola, y disfrutaba de ciertas actividades que, para aquella época, no eran consideradas para mujeres. A Francisca le gustaban las peleas de gallos y la política.

Agustín Gamarra asume la presidencia del Perú en 1829; y cuando este se encontraba de viaje, ‘La Mariscala’ asumía el poder en su reemplazo. Siempre vestida como húsar y recorriendo a caballo las calles de Lima, imponía autoridad. Nunca dudó en retirar de la vicepresidencia al general De la Fuente, quien buscaba derrocar a su esposo. También invadió el Alto Perú —que en esa época estaba dominado por el mariscal Sucre— encabezando un batallón de 25 lanceros.

Según la prensa de ese tiempo, Francisca imponía una autoridad que ni el mismo Gamarra tenía. “Yo no soy sensible, sino a los suspiros del cañón, a las palabras del Congreso y a los aplausos y aclamaciones del pueblo cuando paso por las calles”, decía la imparable ‘Doña Pancha’.

Aunque tanto Francisca como Gamarra habían pasado muchas cosas juntos, según Abraham Valdelomar, en su libro “La Mariscala”, indica que se separaron debido a una infidelidad por parte del presidente, por lo que ella decidió romper con su matrimonio.

La historiadora Claudia Nuñez publicó su libro 'La Mariscala'. Foto: Penguin Random House

Ambos tomaron diferentes rumbos. Mientras que Gamarra se fue a Bolivia a iniciar una guerra tras terminar su mandato en 1833, Francisca se quedó en Perú. Pedro Pablo Bermúdez era el nuevo presidente, pero las fuerzas opositoras estaban contra él, así que ‘La Mariscala’, al frente de un ejército, lo rescata y lo oculta en la sierra.

Francisca Zubiaga en sus últimos días

Debido a la crisis política, Francisca también tuvo que huir, y es así como disfraza de monje y llega hasta el puerto arequipeño de Islay para finalmente embarcarse en un buque inglés con destino hacia Callao. Sin embargo, luego es desterrada a Chile, y es en Valparaíso donde pasa sus últimos días de vida.

Fue en ese entonces que conoce a Flora Tristán, quien años después la recuerda en su libro “Peregrinaciones de una paria”.

“Era de mediana talla y fuertemente constituida a pesar de haber sido muy delgada; su figura no era en verdad bella, pero, si se juzgaba por el efecto que producía en todo el mundo, sobrepasaba a la mejor belleza. Como Napoleón, el imperio de su belleza estaba en su mirada, cuánta fuerza, cuánto orgullo y penetración; con aquel ascendiente irresistible, ella imponía el respeto, encadenaba las voluntades, cautivaba la admiración. Su voz tenía un sonido sordo, duro, imperativo”, se retrata en una parte de su obra sobre “La Mariscala”.

Sin poder ni dinero, Francisca, aquejada por la tuberculosis y los ataques epilépticos, supo que su vida acabaría. Se vistió de blanco, perfumó su alcoba y esperó la muerte. Antes de dormir para siempre, escribió un breve testamento en el que expresó que su última voluntad: quería que le extrajeran su corazón y se lo hicieran llegar a su aún esposo, Agustín, o que, en caso contrario, sea llevado a Cusco, su ciudad natal.

Francisca falleció el 5 de mayo de 1835 a la edad de 32 años. Su corazón jamás llegó a Gamarra, pero lo acompañó durante sus exequias en Cusco, donde fue expuesto. Sin embargo, poco tiempo después, este desapareció y, hasta la fecha, nunca se supo qué pasó con el órgano.