Antonio Gálvez: "Hay escritores que terminan despreciando actitudes que tienen valor en la vida"

La Republica
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"Monólogo desde las tinieblas" ha sido reeditado por Alfaguara. El reconocido escritor peruano habla un poco de los cambios de nuestra sociedad desde 1975.

El estudio de Antonio Gálvez Ronceros es pequeño. Está acondicionado con libreros que reposan ediciones antiguas y modernas. Instrumentos valiosos que todo escritor debe poseer. Es un pequeño templo donde el silencio es el punto seguido, donde la nostalgia que se respira llega al corazón antes que a los pulmones. Y en ese vaivén se encuentra la reedición de "Monólogos desde las tinieblas". Un libro que nos identifica, que nos vuelve al origen de todo. Un texto bordado con un lenguaje exquisito, donde el ingrediente principal es el paisaje rural. 
 
¿Se siente feliz de que lo hayan leído mucho? 
 
Los críticos han sido muy generosos con este libro. Lo han declarado un clásico moderno. Entiendo más o menos a qué se debe esa declaración, porque hasta antes de la aparición de este libro, el afrodescendiente como personaje  estaba muy desdibujado en la literatura. Por lo general, si aparecía, era para denigrarlo.
 
Estamos hablando del año 1975. ¿Qué tanto han cambiado las realidades?
 
Claro que hubo cambios. Hay varios aspectos. Por ejemplo, el aislamiento en el cual los afrodescendientes se han encontrado por muchísimos años aquí. En provincia, condenado a ser peones. Sobrevivir gracias a la fuerza de sus brazos. Pasado los años, ese aislamiento territorial, educativo, ha ido desapareciendo. Ahora, en los distritos rurales de la costa peruana se ha mejorado. Ya hay escuelas primarias y de secundaria. 
 
Socialmente, parece que todo estuviera estancado. El racismo sigue siendo un mal en el país. 
 
Por supuesto. El racismo es muy difícil de erradicar en un país como el nuestro. Donde, por razones históricas, el modelo de hombre para la sociedad ha sido el blanco. La educación se encargará de que eso vaya desapareciendo. Ahora es menos la discriminación. Hay voces de protesta. Cosa que no lo había antes. 
 
A la hora de leer esta reedición, no me he situado en el ambiente en el que lo escribió, sino en el actual. Pienso que el tipo de lenguaje de los personajes ha cambiado. ¿Qué piensa usted? 
 
De hecho hay modificaciones. Lo que usted señala, y que es muy cierto, me conduce a una pregunta: ¿por qué este libro muestra a los afrodescendientes del campo y no a los que viven en la ciudad? Sencillamente porque era una cuestión de identidad. 
 
Para ir a la fuente de todo. La capital se convertía en algo más aspiracional. 
 
A mí me ha interesado el modo de hablar de estos personajes de la realidad. Un afrodescendiente afincado en la ciudad tiene un modo de hablar diferente. 
 
 
El temor al prejuicio. Pasó con el éxodo rural. Los que venían a la ciudad trataban de aprender el castellano para no ser discriminados, o en todo caso hacían que sus hijos no aprendan el quechua o el aymara. 
 
He sido testigo de lo que usted dice en el colegio. La gente de la sierra que llegaba a estudiar, gracias al esfuerzo de sus padres, eran discriminados solo por el hecho de no ser costeños. Hay un factor histórico. El de la sierra es el indio, que servía como fuerza de trabajo. Su cultura y su lengua han sido marginados. 
 
¿Cómo se llega a ser original en literatura?
 
Formas inéditas en la actitud del escritor frente al tratamiento de sus personajes. Ahí pueden haber formas nuevas que se pueden ir dando. Hablo de técnicas narrativas. Hay escritores que terminan despreciando, injustamente, actitudes que tienen valor en la vida. 
 
Por ejemplo.
 
De los que estamos hablando. Recuerdo algunas páginas de Arguedas que son fundamentales en él. Cuando sus personajes, en un medio como es el costeño, expresan sus vicisitudes en el castellano andino. Extraordinario lo de Arguedas. Y eso eso se va notando la marginación que ha sufrido el hombre del ande, que está notándose en sus medios expresivos. 
 
¿Cree que se haya perdido ese vínculo arraigado del escritor con sus personajes? 
 
Siempre existirá la preocupación del escritor de no desvirtuar la realidad ni apartarse. La imaginación la tendrá que utilizar para mejorar su propio oficio. Cada escritor es hechura de su época. Cuando trata de evadir eso, se nota. Se nota porque su literatura se vuelve artificial 
 
El lenguaje más sencillo es el más complejo de entender. ¿Qué lecturas lo llevaron a la construcción de sus historias?
 
Ha sido una cuestión que viene de mi época de formación. Siempre tuve predilección por las formas populares de habla. Recuerdo en esa etapa de formación y de lectura un cuento de Borges: "Hombre de esquina rosada". Es una historia de cuchilleros, de los capos de barrio y de las zonas orilleras. Estoy utilizando una palabra propia de Borges
 
 
¿Los escritores solo deben escribir sobre lo que pasa a su alrededor?
 
Decía hace poco que el escritor es producto de su tiempo. Siempre existe la libertad. Pueden haber factores inesperados para que esa preocupación ya no exista. Nuevas formas de vida. Ciertas angustias estrictamente personales que pueden obligar al escritor a no considerar lo que hace años era consustancial a la hora de escribir: demostrar que ha vivido en un momento específico donde habían existido determinados problemas. Serán los lectores de un futuro no muy lejano los que tendrán la última palabra sobre este problema.