Hugo Coya: 'Quizás el pasaje más oscuro de la trayectoria de Genaro sea su visita al SIN'

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@larepublica_pe

27 May 2016 | 12:23 h

El periodista y escritor peruano publicó en 2015 la  biografía de uno de los personajes más importantes de la televisión peruana que dejó de existir este sábado. Y claro, uno de los más controvertidos. 

Actualización

Esta entrevista fue realizada el 13 de enero del 2016 al periodista Hugo Coya, autor de 'Genaro', libro que recoge los momentos más importantes en la vida de Genaro Delgado Parker. Con motivo del fallecimiento del empresario televisivo, La República.pe comparte nuevamente la entrevista

Entrevista

La vida de Genaro Delgado Parker es un collage de momentos, un abanico de éxitos y fracasos. Hay poco que se puede resumir de su vida. Sin embargo, conocerla es importante, pues representa parte de la historia de la televisión peruana. Hugo Coya, periodista y escritor, publicó una biografía que compila los hechos que marcaron la vida del conocido 'broadcaster'.  Una vida llena de circunstancias que llevan a otras historias, historias que nos pertenecen, que son traídas desde el pasado para un presente incierto. 
 
En la página 14, usted escribe: "La vida es como un torbellino de alternativas que pasan raudas sin dar tregua, y él siempre estaría allí para asirlas". ¿Genaro no fue más un generador de oportunidades?  
 
Genaro fue una persona extremadamente perspicaz que conseguía ver, muchas veces, más allá del horizonte de otros pioneros de la televisión peruana y latinoamericana. Cuando se le presentaba una oportunidad, no dudaba en tomarla y, debido a su personalidad arrolladora y competitiva en extremo, actuaba sin contemplaciones o sin importarle las consecuencias que dichas decisiones acarreaban.  En otras ocasiones, él mismo se transformaba en el generador de oportunidades como cuando avizoró que había un gran mercado en la telefonía celular o la televisión por cable. Todo esto, por supuesto, independiente de sus cuestionados manejos empresariales y disputas familiares.    
 
Es interesante el matiz que adopta la vida de Genaro Delgado Parker. Lo que más me llamó la atención es que en un comienzo haya sido indiferente a los temas políticos, pero luego se haya adentrado, hasta el punto de vivir en el autoexilio. 
 
Desde muy joven, Genaro era consciente del poder de los medios de comunicación. Sin embargo, solo cuando se embarca en la fundación de Panamericana, descubre que podía tener una gran influencia sobre la población debido a la capacidad y alcance que tienen la televisión. Ese momento, quizás, sea el divisor de aguas en su trayectoria profesional: Usa esa influencia política sin atenuantes. Así se le atribuye renuncias de ministros, crisis políticas o victorias electorales por el apoyo u oposición de los canales de televisión que manejó.
 
Cuenta también que Genaro empezó a descubrir que ir contra los prejuicios puede atraer una luminosa bonanza. En la actual televisión, ¿esa premisa es todavía viable? 
 
Definitivamente, estoy seguro que varios de los programas que se exhiben actualmente en televisión abierta no coinciden con los gustos y preferencias de los propietarios y ejecutivos. Sin embargo, son emitidos porque están dirigidos a un público más amplio o distinto al de los empresarios.
   
“Algunas veces, la televisión escribe algunos capítulos de su historia en papel cuché, y otras, en papel higiénico”. Es una frase que pinta a la televisión actual. Pero en medio de la controversia sale otra pregunta: ¿cuál es la televisión ideal para estos tiempos? ¿La hay?
 
La televisión ideal sería aquella que proporciona al televidente la posibilidad de optar, es decir aquella que ofrece una multiplicidad de contenidos. No me refiero a esa televisión monocorde que tiene solo un tipo de programas y cuya línea editorial es vendida al mejor postor, sin importar el interés público.
 
La televisión nace en el Perú como un medio de entretenimiento, si no me equivoco, ¿en qué momento se adhiere el concepto de educar a las personas?
 
A fines de la década de 1960, el concepto de educar, a través de la televisión, se extiende en nuestro país. Surgen programas de tele alfabetización o de educación a distancia. Lo paradójico es que esos programas estaban dirigidos a personas que no tenían acceso porque carecían de un televisor ya que no tenían dinero para comprarlo o, peor aún, siquiera poseían luz eléctrica. Sin embargo, soy un convencido de que la televisión puede ser el gran instrumento para la unificación nacional en un país tan vasto y diverso culturalmente como el nuestro. En ese sentido, se debe promover que, por ejemplo, el canal del Estado se convierta en público y pueda cumplir con ese rol que tanto necesitamos los peruanos.
 
Volviendo a lo que fue Genaro, las sombras que lo acompañaron parte de su vida lo han llevado a sitios tenebrosos. ¿La visita al SIN fue el éxodo de su imagen? 
 
Genaro ha cometido muchos desaciertos a lo largo de su vida, tal como él mismo reconoce en mi libro. Sin embargo, quizás el pasaje más oscuro de su controvertida trayectoria sea el momento en que se sentó en la salita del Servicio de Inteligencia Nacional frente a Vladimiro Montesinos. A partir de allí, su boyante trayectoria se eclipsó.     
 
Hay una lección vieja que deja este libro: la cúspide no será nunca el lugar más seguro para alguien que desafía el abismo. ¿Concuerda con ello? 
 
Totalmente de acuerdo. Genaro tuvo mucho poder y gran capacidad para influir en la forma en cómo pensaban, veían y conocían el mundo los peruanos en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI. Muchas personas lo admiran aún por sus emprendimientos y también muchas personas lo odian por sus oscuros manejos empresariales, porque no cobraron el dinero que les adeudaba cuando trabajaron con él, que lo consideran una persona amoral carente de escrúpulos, que se enfrentaron a él y los aplastó sin contemplaciones ni remordimientos o que lo cuestionan por sus vínculos con el poder del turno.
 
Para darle una cuota de luz al tema, podemos decir que Genaro marcó un antes y un después en la televisión; cuando todos miraban el horizonte, él ya estaba nadando para conseguirlo. Usted tiene tiempo haciendo televisión, ¿qué concepto guarda sobre Genaro?
 
Mi libro no pretende ser una defensa ni tampoco una condena porque siempre tengo presente que, en mi condición de periodista y escritor, mi labor no es convertirme en juez, fiscal ni sacerdote. Escribí este libro porque quería explicar ¿cómo este hombre que no estudió en la universidad consiguió ser el artífice en la construcción y exportación de la primera gran industria cultural que tuvo nuestro país? Escribí este libro para revelar aciertos, errores, virtudes, intimidades y fracasos con la clara intención de mostrar a este hombre más allá de los mitos que él mismo erigió y de aquellos que le construyeron.