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Miguel Mejía Castro: “Lo mío es un relato fotográfico de la fiesta del Qoyllurit’i”

El fotoperiodista exhibe la muestra “Qoyllurit’i, los hijos de la montaña sagrada”, en el museo del Koricancha, Cusco.

El fotoperiodista Miguel Mejía Castro presenta su exposición que retrata la fiesta del Qoyllurit’i. Foto: José Aguilar
El fotoperiodista Miguel Mejía Castro presenta su exposición que retrata la fiesta del Qoyllurit’i. Foto: José Aguilar
Pedro  Escribano

La fe mueve a los devotos hacia las montañas, a la cima de 4.800 metros sobre el nivel mar, a la fiesta del Qoyllurit’i de Paucartambo. Allí, convertido en un ukuku, estuvo el fotoperiodista Miguel Mejía Castro para contarlo todo, pero en imágenes. Cosecha de ese registro, publicó el libro fotográfico Qoyllurit’i, los hijos de la montaña sagrada (Ed. Apu). Ahora, con esas imágenes, exhibe una muestra homónima en el Koricancha, Cusco, con el apoyo del Centro de las Artes de la Universidad San pablo, Arequipa. 80 fotografías alrededor de la fe.

Se ha registrado mucho la fiesta del Qoyllurit’i. ¿Qué intentan revelar tus fotografías?

Si te das cuenta, los registros que se han hecho de esta festividad son registros que te muestran cosas muy sueltas. No te relatan lo que realmente es el Qoyllurit’i. Puedes ver buenas fotos de danza, de retratos, alguna de gente subiendo al nevado, pero son trabajos muy aislados, que, entre sí, tampoco se complementan porque no están buscando crear o narrar una historia. Lo que yo me propuse es contar una historia de principio a fin, con desarrollo, como un relato fotográfico desde la mirada del ukuku, el personaje mitológico andino. Para este registro, yo fui con la comparsa de los ukukus o ukumaris.

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La cruz. Ascensión por el gran nevado Qolqe Punku. Foto: difusión

Tu personaje preferido es el ukuku, ¿por qué?

Porque el ukuku es el único que sube de noche al nevado. No hay más. El otro que sube es el ukuku del Tahuantinsuyo, pero sube al amanecer, y un ratito. El ukumaris sube a medianoche y pernocta allí, en vigilia hasta que salga el sol y desciende al amanecer, en el día principal. Todos lo esperan en un gran ritual que comienza con un gran pasadizo humano. Hay música y danza en esas paredes humanas.

¿Subiste al nevado para registrar la vigilia?

Sí, subí, pero para subir acompañando al ukuko tenía que convertirme primero en ukumaris. Así que me bautizaron tras superar varias pruebas, como cargar leñas, mochilas, ollas durante el recorrido. A esa altura, fue duro. A veces la fuerza no te da.

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La fe. La peregrinación se transmite desde edades tempranas. Foto: difusión

Estas fiestas ofrecen paisajes humanos, pero qué hay más, ¿devoción, turismo, aventura?

Se mezclan muchas cosas. Para empezar, lo primero es la devoción. Las personas que hacen esa ruta son personas comunes y corrientes. Tú ves mamitas con sus atuendos típicos, cargan sus tremendos bultos de comidas, sus niños y sus retablos. Los mueve la fe. Después están los curiosos, como turistas, periodistas. Son pocos, realmente. Lo masivo son las comparsas.

¿Temes que tomen tus fotos como postales turísticas?

Sí, hay ese temor, es el riesgo que uno corre, pero no me quita la alegría, la ilusión de que realicé un trabajo que de alguna forma ha revelado aspectos inéditos de esta festividad.

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¿Por ejemplo?

Los rituales sobre el nevado, la caminata de las 24 horas de los músicos cargando sus tremendos bombos, arpas. También, cuando la gente transita por la falda de la montaña en plena nevada. Seguro hay fotos parecidas, pero yo lo he hecho en forma de relato. Y no solo porque soy fotógrafo nada más, sino soy periodistas y los periodistas queremos contar historias. Yo no soy un fotógrafo que solo quiere hacer fotos lindas, sino quiero contar una historia. A veces uno quiere mostrarse como artista, aflora el ego, pero me dije: “No, yo soy periodista y voy a hacer una historia”. A veces no basta una sola foto, entonces tengo que armar un relato. Eso es esta muestra.

El rito. Un ukuku llama a los devotos con su pututo. Foto: difusión

El dato

La muestra. Museo del convento Santo Domingo, Koricancha. Visita de lunes a domingo, de 9 a.m. a 5: 30 p.m. El libro Qoyllurit’i, los hijos de la montaña sagrada se encuentra en la librería Génesis (calle Santa Catalina Ancha 307, Cusco).