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La ciencia le enseña modales a la política en “Sepan qvantos”, novela ucrónica de José Güich

Güich Rodríguez desglosa, en su libro, la reivindicación del símbolo femenino, cómo la ciencia se impone a la ignorancia, los peligros de la robótica y la eterna guerra del hombre contra el hombre.

José Güich Rodríguez publicó "Sepan qvantos" bajo el sello de la Editorial Altazor. El libro es la columna vertebral de la "Colección Bicentenario 2021". Foto: composición de Gerson Cardoso / La República / Altazor
José Güich Rodríguez publicó "Sepan qvantos" bajo el sello de la Editorial Altazor. El libro es la columna vertebral de la "Colección Bicentenario 2021". Foto: composición de Gerson Cardoso / La República / Altazor
Bruno Cueva V.

“Sepan qvantos leyeren estos papeles —pronto serán solo historia o quizá no lo sean nunca— que solo diré algo frente a esas mentiras difundidas por mis enemigos, duchos en ese engañoso aplomo de los cobardes y traidores. He llegado al Perú para completar aquello que no debía quedar trunco o atrofiado a los ojos del mundo”, es el visceral monólogo de apertura proferido por Bernardo Próspero Ortiz, presidente honorario y benefactor del Perú, sucesor de San Martín y Simón Bolívar en la novela “Sepan qvantos”, del escritor José Güich Rodríguez.

Bernardo proviene de la República de Islas Unidas, un hermoso sector que pertenece a la ficción —aunque por momentos parezcan existir de verdad y nos obliguen a revisar el mapamundi—, asediado por corsarios y piratas conocidos como la Alianza Mercenaria. Él y los habitantes consiguen zafarse de los invasores utilizando el conocimiento científico, su principal fuente de poder.

Compartiendo momentos preciados con su amor Dolores Ariadna Ramírez de Alvariño, dedicada a la botánica en el biohuerto de la Quinta de los libertadores, Bernardo irá mostrando sus inventos a los incrédulos cuyos ideales solo orbitan alrededor de la vulgaridad, la despreocupación y el status quo. ¿Habrá alguna solución para quitarle el chip de la decadencia a peruanos que ya están acostumbrados a recibir órdenes y no a pensar por propia voluntad?

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A continuación, la entrevista completa de La República a quien compuso esta obra de Editorial Altazor dedicada al bicentenario: José Güich Rodríguez, también autor de “El misterio de las piedras secuestradas”, un capítulo más de las aventuras del periodista Pablo Teruel:

José Güich Rodríguez en plena entrevista con La República vía Google Meet. Fotocaptura: Bruno Cueva

¿Cuánto te demoró la escritura de la novela “Sepan qvantos”?

Calculo que fueron por lo menos dos años. Tuvo diversas etapas. Los momentos de escritura se alternaban con la investigación. Quería que tenga ciertos basamentos para que su propuesta ucrónica sea creíble.

Las ucronías parten de un sustento histórico real. Recordemos a Philip K. Dick y su gran novela “El hombre en el castillo”, una genialidad. Él asume que no fueron los Aliados quienes ganaron la Segunda Guerra Mundial, sino las naciones del Eje. Allí, en el libro, se genera otra línea temporal.

El hombre en el castillo, de Philip K. Dick, es una novela ucrónica que cuenta qué hubiese sucedido si EE. UU. perdía la Segunda Guerra Mundial. Foto: difusión

En el caso de “Sepan qvantos”, retraté la Independencia del Perú con todos los materiales disponibles a mi alcance. El giro de la novela trata sobre un libertador que jamás existió.

Aunque por como está narrado, parece que en verdad existiera...

Esa es la ucronía, totalmente estimulante para el escritor. El no definir el suceso anómalo de la Batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824) trae una serie de hechos. La Serna (exvirrey peruano), al no firmar la derrota y huir, abre una línea temporal; me encargo de llenar los detalles...

Bernardo Próspero Ortiz, sucesor de don José de San Martín y Simón Bolívar, protagonista de la novela, tenía que llegar para completar aquello que había quedado trunco ante los ojos de la historia.

¿Alguien te ayudó con la investigación de datos o lo hiciste en solitario?

Bueno, me ayudaron historiadores a través de sus textos (risas). Lo hice en solitario. Leí un conjunto de textos que publicó el Ministerio de Cultura y el Museo Nacional de Historia: “La Quinta de los Libertadores”, artículos eruditos, precisos. Así construí ‘un cuadro’ de qué significaba vivir en la Quinta y la Magdalena Vieja.

Otro texto de la Universidad Católica, que se mencionaba en ese libro, me llevó a conocer el ritmo cotidiano de los personajes que permanecían en la Quinta. No hay muchas imágenes. Apenas existe un dibujo del siglo XVI. Se ve la iglesia de los franciscanos (...). Encontré también un plano de 1898; pese a que los libertadores habían habitado la Quinta 70 años antes, según cuenta Scarlett O’Phelan (historiadora y docente peruana), no había cambiado casi nada. Las dimensiones de la edificación antigua, de madera y quincha, eran reducidas.

Y en esa Quinta ocurren actos fantásticos como ‘la luz eterna’. Hay elementos retrofuturistas: la fotografía, antes era ciencia ficción. Tampoco olvidemos la primera muestra de retretes diseñados por Bernardo...

Hay una combinación del espíritu abierto a las innovaciones por parte de Bernardo y otras afinidades. El encuentro con William Fox Talbot (británico pionero de la fotografía) pasó. Hipólito Unanue lo lleva a la Quinta. Para mí, es una de las escenas que va revelando el misterio de Bernardo. Los ingleses están en la búsqueda de inventos que derivan en la fotografía. Niépce y Daguerre ya se habían adelantado en Francia.

William Henry Fox Talbot, 1864. Copia al carbón, impresa en 1948 por Harold White. Foto: Museo George Eastman

Todo empieza cuando se discute si los retratos al óleo son fidedignos, pues la fotografía podía darnos la seguridad de que ‘así fue el personaje’. La excepción es Napoleón Bonaparte. Él, en palabras de Bernardo, sí se parece al Napoleón retratado.

En cuanto a la preocupación por los retretes, bueno, esos son elementos que reflejan los problemas de salubridad serios, no solo en Lima, sino en ciudades europeas. Hay varios guiños sarcásticos. Aludir en qué pueden convertirse los peruanos en un paralelo con la eliminación de residuos es cruel.

‘La luz eterna’ se consigue con una tecnología absolutamente improbable (risas). Se relaciona a ese tema ficticio de agitación de partículas con cargas invisibles. Todos quedan maravillados porque desconocen su procedencia. Creen que se trata de magia.

Mezclaste dos entidades importantes: política y ciencia. ¿Qué tanta falta le hace esta combinación a la sociedad actual?

La ciencia, para mí, a pesar de los peligros que involucra, posee un gran beneficio: abre la mente de los humanos para entender que somos parte de un orden, una pieza más de un mecanismo biológico donde todas las partes están interrelacionadas. Despeja los peligros de la ignorancia. Nos permite entender una serie de fenómenos que antes se encallaban en lo mágico o religioso. Trajo la nueva era de la especie.

Perú se ha quedado a la zaga.

El conocimiento asequible a todos crea igualdad. La ciencia ayuda a que todos nos veamos como pares y eso va a en contra de la idea esclavizante que hay que sufrir en la Tierra para después tener el premio del cielo, cuando podemos construir el paraíso acá. El conocimiento debe unirse a la idea de crear una república duradera, estable, donde no haya racismo, estamentos, intolerancia...

Dolores Ariadna, la compañera de Bernardo, se dedica en sus tiempos libres a la botánica, astronomía, biología y zoología. ¿Es esto una reivindicación hacia el símbolo femenino? En esa época no tenían tanta visibilidad, contrario a la novela.

Ella encarna los ideales por los cuáles se ha luchado tanto, la mujer que está a la par del hombre en búsqueda de conocimientos. Es filósofa de corazón. Le guardo cariño. Personifica los objetivos de la Ilustración. Ocupa varios cargos. En muchos tramos, ella toma las decisiones, mientras Bernardo se ocupa de las invenciones.

Le puse el nombre Ariadna por la mujer que guía a Teseo en la mitología griega. En los momentos oníricos del libro hay fuertes alusiones a los laberintos del minotauro.

Fue creciendo hasta convertirse en lo más crucial de la novela. Ella resuelve los misterios en esta obra tan polifónica escrita para el bicentenario. Gracias a Dolores, Bernardo se humaniza, se vuelve aficionado a la poesía. Quieren para el Perú un destino brillante en el concierto de las naciones, pero van a tener que enfrentarse a los enemigos principales: los propios peruanos, sobre todo los de castas dominantes.

El lenguaje del libro reposa en lo solemne.

Una especie de homenaje a las novelas del siglo XIX. Sin llegar a ser paródico, el lenguaje equivale a cómo se encaraba el discurso en las novelas. A veces, el entusiasmo de Bernardo lo conduce a digresiones, pero hay tiempo para ello, pues no hay radio ni televisión para expresarse.

La prosa no es ampulosa, sino la base de cómo se expresaban. Era inevitable seguir los modelos o tributos literarios de Guerra y paz (León Tolstói), la obra de Dickens y Los miserables de Victor Hugo.

Bernardo Ortiz comenta que los seres humanos serán reemplazados por máquinas. Con la aparición de las industrias y la computadora, ¿nos mantendremos en armonía o crees que los robots ocuparán puestos importantes?

La sociedad hipertecnológica, que la misma pandemia ha ayudado a consolidar, nos entrega una tendencia: la inteligencia artificial no necesitará de nuestra programación para robarse el protagonismo del futuro, de aquí a 150 o 200 años. Si no son reguladas —como buscaba Asimov con sus tres leyes de la robótica—, corremos el riesgo que el asunto se nos vaya de las manos. No sé si acabemos como en el pavoroso “Terminator”, la película de James Cameron.

(Segundos de reflexión) ¿A quién debemos considerar humano? ¿Es realmente humano quien agrede, quien conquista, quien comete genocidios? ¿O es humano aquel sujeto, sea máquina o no, que demuestre estar del lado correcto, su lealtad?

Calificación: 4/5