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La caza espiritual: los paisajes sin luz en el libro de Miluska Benavides

Al ser materia recurrente de críticas literarias positivas, analizamos el pulso narrativo de la escritora peruana en la reedición de su libro escrito con embriaguez poética.

Miluska Benavides se ganó un lugar en la lista de la revista británica Granta, donde se nombra a los mejores narradores en español menores de 35 años. Foto: composición LR / Hipatia Ediciones
Miluska Benavides se ganó un lugar en la lista de la revista británica Granta, donde se nombra a los mejores narradores en español menores de 35 años. Foto: composición LR / Hipatia Ediciones
Bruno Cueva V.

La reedición del libro La caza espiritual, de la escritora y traductora Miluska Benavides (Lima, 1986), se ha ganado el interés de lo reseñistas y críticos literarios en Perú al preguntarse si esta renovación o ligero cambio de piel se adapta al panorama actual tras 6 años. Los reflectores también la siguen hasta el centro del escenario luego de que en 2021 la revista británica Granta la incluyera en su lista de mejores narradores en español menores de 35 años.

Con ocho cuentos originales de la primera versión y uno adicional, “Llamadas”, las 146 páginas de la publicación lanzada por Hipatia Ediciones se vislumbran como pequeños manuales de cómo escribir secuencias rutinarias y de acción, paso a paso, utilizando el tiempo narrativo y real a un nivel de maestría. Benavides manifiesta su técnica depurada también cuando elige en dónde van las elipsis (la omisión de una situación para empezar otra) y las digresiones.

Sin embargo, el virtuosismo de la escritora no termina allí. En el primer cuento, “Los cuerpos celestes”, nos muestra su habilidad para vincular historias con los vasos comunicantes. No solo la Tierra es motivo de culto, las carnes que nos envuelven el alma merecen el mismo respeto, parece decirnos la autora. Al mismo tiempo, desde el reposo de la prosa, cuestiona que algo tan maravilloso visualmente como lo es un cometa pueda traer devastación como un demonio de dos caras.

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Aquí se empiezan a derramar las primeras fragancias de lirismo (p. 17): “Supe que los efectos de las emanaciones de los astros en el equinoccio en diciembre causaron en una mujer desvaríos y la muerte cerca al advenimiento de un Gran Cometa. Me niego a creer que este cuerpo celeste sea portador de malas nuevas por reconocer en él la belleza y la bondad de nuestro Creador (...)”.

Desde su identidad infinitesimal en el universo, el humano atrae el caos como por ley electromagnética, sus partículas interactúan ante la sed del abismo (p. 23): “Me figuré que arriba, en el cielo, si se suspendía la gravedad, todas las materias externas caerían sobre nosotros; no solo los edificios que nos amenazaban e invitaban al vértigo, sino los objetos que oscilaban alrededor del cielo: satélites u otros cuerpos inertes. ¿Estas precipitaciones simbolizan a las personas rendidas por la escasez de oportunidades?

El libro La caza espiritual es influencia directa de un manuscrito del poeta Arthur Rimbaud. Foto: vallejoandcompany.com

Mientras vamos avanzando en la lectura de los cuentos, nos vamos dando cuenta de que algunas historias —sobre todo las compuestas de hechos cruzados— se diluyen, refractan su esencia como cuando se ingresa un lápiz dentro de un vaso con agua y este nos engaña declarándose torcido. Tal vez la dosis de oscuridad que Miluska Benavides aplicó fue un tanto excesiva. Nos hace entrar a terrenos boscosos dándonos una linterna con baterías bajas. Esto sucede con “Las cuatro estaciones”, “Corpus Christi Diego” y “Llamadas”.

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Su erudición, en relación directa a la elección de palabras y técnicas, salta a la vista, sí; por ejemplo, no hubo la necesidad de una amplitud de vocabulario. Pero lo que sí habría que cuestionarse es si todo tipo de lector permanecerá atento a estos detalles académicos o, al contrario, escudriñará el escondite del fósil que estratifica la historia en sí, lo más importante al elaborar una pieza artística en papel.

Por momentos, las voces de los personajes se confunden, es decir, los textos narrativos carecen de guías convencionales, lo cual obliga al lector a retroceder páginas o adivinar quiénes participan en una escena determinada. Abundan las construcciones ambiguas tipo “la mujer le dijo a...” o “el hombre angustiado contó...”, cuando se pudieron haber reemplazado esas generalidades por nombres específicos.

Sin lugar a dudas, uno de los puntos álgidos del libro se concentra en “Los animales domésticos”. Un día, don Manuel observa que un árbol no sembrado por él crece en su jardín. Pese a que su familia insinúa que lo corte por su origen desconocido, el protagonista se encariña y decide adoptarlo. No obstante, una serie de eventos desafortunados, como la rajadura de un desaguadero subterráneo a causa del aumento de tamaño de la plantación nos van preparando para descubrir el porqué de todas esas vivencias de mala estrella. Relato redondo con una resolución de antología.

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La caza espiritual en su versión del 2015. Foto: Editorial Celacanto

Efecto similar produce “El panteón de los próceres”, la recapitulación de los años estudiantiles y el cambio de la pubertad a la adolescencia de Martín, un joven alejado a leguas de sus padres. La autora acierta en crear atmósferas de indiferencia:

(1) “Sus padres creen que está pasando por una crisis de pubertad (porque Martín se dejó el cabello largo), por eso lo han defendido a raíz de las llamadas de atención en su cuaderno de conducta. Lo han conversado en la noche, aunque no se atreven a decírselo directamente”. (p.45)

(2) Después de explicarle que un precursor y un prócer no son lo mismo, “su mamá lo acompaña (a Martín) con un crucigrama, ya usa lentes (...) Su mamá se levanta, atiende el teléfono”. (p. 46)

En su búsqueda de identidad, averigua que el tío Andrés fue un héroe familiar, cuyo retrato halla en casa. Más adelante, le importan poco los detalles, el personaje evoluciona, se diferencia de los demás, solo se pregunta dónde estará enterrado el hermano de su padre y por qué no lo han visitado. ¿Se debe adorar a los cuerpos caídos en batalla o solo son costumbres sociales maquilladas de profundidad?, nos interpela Benavides; y más aún cuando la escena final ridiculiza a Miguel Grau, una metáfora descarnada de hasta qué punto las tradiciones nos tatúan el ser, al igual que Shirley Jackson lo expuso en su cuento “La lotería”.

En resumen, La caza espiritual constituye un reto para los lectores atrevidos, aquellos que van a las librerías con el único fin de encontrar prosas diferentes y salir de su zona de confort.

Calificación: 3,6/5