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Orlando Mazeyra, una escritura de honestidad brutal

Narrativa. El escritor arequipeño, que formó parte de la delegación de autores peruanos a la FIL Guadalajara 2021, ha publicado el libro de cuentos El niño de La Arboleda.

El arequipeño ha publicado Mi familia y otras miserias, Bitácora del último de los veleros e Inmunidad de rebaño. Foto: Gabriela Zamata
El arequipeño ha publicado Mi familia y otras miserias, Bitácora del último de los veleros e Inmunidad de rebaño. Foto: Gabriela Zamata
Cultural LR

Por: Luis Hernán Castañeda

El niño de La Arboleda (Pesopluma, 2021) es un conjunto de cuentos muy breves de gran potencia narrativa, una fuerza visceral que se hace evidente desde las primeras líneas. Estos textos asedian a un personaje recurrente que lleva el nombre de su creador: un sujeto devastado, nostálgico, que se entrega con furia al alcohol y busca en la noche, así como en la escritura, una ocasión para confrontar sus verdades más dolorosas. Obsesionado por el recuerdo de una mujer, lidiando con una familia deshecha, Mazeyra se hunde en la adicción, la enfermedad y la muerte con la serenidad de un estoico que no culpa a nadie de sus males, y que sabe que la redención es una fantasía pasajera.

En este mundo degradado emergen las figuras de una madre sufrida y admirable, un padre amargado y violento, unos amigos de infancia cada vez más lejanos –consumidos por sus propios demonios y mentiras– y una serie de hombres inalcanzables, antimodelos de una masculinidad tradicional a veces temible y otras ridícula: militares corruptos, profesores farsantes, médicos homicidas. Todos ellos desfilan por una Arequipa patibularia de bares de mala muerte, cuartos de hoteles baratos y descampados en los que copulan la soledad y el delirio.

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Frente a esta oscuridad generalizada, el lector no se siente expelido, sino que se va dejando envolver por las armas de un escritor cuajado: una prosa exacta y tan directa que llega a ser brutal, diálogos certeros en los que resuenan la oralidad y cierto humor decadente, la capacidad para articular y comunicar los quebrantos esenciales de los personajes.

No cabe duda de que Orlando Mazeyra es un narrador arriesgado y salvaje, un verdadero creyente de la vocación de la literatura para quien escribir significa consagrarse a la “afición malsana de hurgar en las heridas más profundas”, como declara en uno de los cuentos. De esa exploración no se sale más fuerte, más sano ni optimista, pero sí quizá un poco más lúcido.

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El dato

El autor. Nació en Arequipa, 1980. Ingeniero de profesión, ha publicado Mi familia y otras miserias, Bitácora del último de los veleros e Inmunidad de rebaño.