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El jinete en la hora cero: terrorismo y COVID-19, dos escenarios de muerte y esperanza

ENTREVISTA. Conversamos con Paco Moreno, autor de la nueva novela El jinete en la hora cero, libro en el que logra reconstruir dos de los escenarios más dramáticos de la historia del Perú.

Paco Moreno retrata con la ficción dos épocas de caos en el Perú y busca dar un mensaje de esperanza. Foto: composición/Facebook Paco Moreno/ La República
Paco Moreno retrata con la ficción dos épocas de caos en el Perú y busca dar un mensaje de esperanza. Foto: composición/Facebook Paco Moreno/ La República
Alejandro Saldaña

Terrorismo y COVID-19 | Para construir un mensaje de esperanza, primero es necesario retratar un escenario de violencia e incertidumbre. En este caso, Paco Moreno se apoya en la ficción y la realidad para contar una historia llena de buenos y malos recuerdos en dos contextos del Perú muy separados en el tiempo, pero a la vez muy cercanos en su manera de actuar: la época del terrorismo en Ayacucho y los tiempos del coronavirus en Lima Metropolitana.

El jinete en la hora cero, libro perteneciente a la editorial Artífice Comunicadores, narra la historia de un hombre que tiene un solo objetivo: llegar caminando a casa de sus padres en medio de la pandemia para sacarse de la cabeza una duda que lo tiene inquieto desde que abrió los ojos. Durante el camino recordará sus mejores épocas en Cangallo, así como las vivencias más crueles que arrastró al pueblo a la incertidumbre. De igual manera, Moreno aprovecha para pintar un Lima llena de historia y revivir anécdotas que no se van fácilmente.

Se trata de una novela en la que su autor ha trabajado muy bien el lenguaje y en la que también ha aprovechado el momento perfecto para hablarle a los lectores sobre uno o dos problemas que son imposibles sentir lejanos. Para ello, se nos presenta a un inolvidable caballo nombrado Mallaccha, a un admirable padrino Eugenio y a toda una familia que sobrevive en la mente del protagonista entre un largo vestigio que vale la pena presenciar.

Como describe el propio autor, estamos ante un libro de resistencia, homenaje y despedida, dedicado “a todos los que han luchado y siguen luchando contra el bicho maldito”. Este viernes 26 de noviembre a las 7.00 p. m. se presentará El jinete en la hora cero en la Feria del Libro del Bicentenario, en el parque Kennedy de Miraflores. Sobre el proceso de creación y varios detalles curiosos que nos dejó la primera novela de Paco Moreno, conversamos en la siguiente entrevista.

Paco Moreno - El jinete en la hora cero. Foto: composición/cortesía

Esta novela se siente muy personal. Al leerse, hay algo que te hace pensar que no estás leyendo sobre un personaje, sino que estás escuchando verdaderamente las experiencias de un ser humano. ¿Estamos ante una realidad muy bien recordada o ante una ficción muy habilidosa?

Creo que toda novela parte de una experiencia real que va, en el camino, matizándose con la ficción. Como es novela, el personaje en realidad no existe, pero sí podemos decir que hay experiencias reales. Lo que he tratado es trabajar mucho en el lenguaje para que el lector crea que está leyendo cosas que realmente ocurrieron. Entonces, ahí está el trabajo que le pone el escritor: tratar de que el lector crea que todo lo que está leyendo es cierto, pero adelanto que es ficción.

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El jinete en la hora cero está dividido en dos partes. La primera es el personaje principal haciendo un viaje a pie, en medio de la pandemia del coronavirus, hasta llegar a San Juan de Lurigancho. La segunda es el vívido recuerdo de las raíces de la familia de ese personaje en Cangallo, ligado al terrorismo. ¿Por qué unir estas dos partes en una misma historia?

Es una evocación de nostalgias, diría yo. Y hay dos escenarios muy fuertes. El primero es el mundo andino y el segundo es el mundo urbano, donde viven los andinos que han escapado de la violencia. Esos migrantes que han escapado se encuentran en un escenario adverso, que es el asunto de la pandemia. Creo que son dos escenarios sumamente importantes para el país y sumamente dramáticos.

Espero haber logrado mostrar no solamente el sufrimiento de la gente de a pie en la época de la violencia y también en la época de la pandemia. Más me preocupa mostrar la realidad y esta es que la gente del Perú sabe sobresalir ante las adversidades, es decir, no se queda de brazos cruzados, sino que lucha porque considera que la vida es hermosa. Siempre sale y triunfa a pesar de las adversidades.

¿Cuál de estas dos partes ha disfrutado más al escribir?

Escribir para mí es una necesidad de expresión, es decir, el tiempo que yo hice periodismo lo hacía porque necesitaba expresarme. Antes escribí una novela que no se ha publicado, pero ahora esta sí ha salido gracias a Artífice Comunicadores de Jesús Raymundo, para saciar la necesidad de expresarme. Escribir para uno se ha convertido en una especie de no solo trabajo, sino también una forma de vida. Si uno no escribe es como si le faltara algo. Pero la escritura va a la par con la lectura. Considero que esta es muy placentera, uno disfruta leyendo y a veces no tanto escribiendo. A veces quisiera quedarme solo leyendo y no escribir, pero aparece el asunto de necesidad de expresión y a uno lo invita a comerte estos… errores (dice entre risas).

Hablar del coronavirus o del terrorismo es hablar de aquellos que se fueron. ¿Qué tan importante siente usted que es hablar de esas personas que ya no están aquí por el “bicho maldito” o por el paso de “los encapuchados”, como usted dice en el libro?

Creo que es una forma de despedida de los que no pudieron resistir. Una forma de homenaje a ellos.

Este libro habla sobre la pandemia y, por ende, tiene que haber sido escrito entre 2020 y 2021. ¿Desde cuándo empezó a escribir y en cuánto tiempo terminó?

En realidad, el libro se gestó hace más o menos 20 años. Son historias que he ido hilvanando y procesando en la memoria, pero que por cuestiones de trabajo periodístico todavía esperaban su momento. Y, de pronto, cuando yo hacía un trabajo de reporterismo sobre un personaje, llegó el asunto del confinamiento. Entonces, eso permitió que dejara el trabajo de reporterismo y empezara a mejorar las historias que ya iba trabajando desde hace 20 años. Y en la pandemia comenzaron a surgir otras historias y vi claramente que había dos escenarios bastante interesantes para formar una novela. Eran dos escenarios dramáticos: el primero era el terrorismo, la violencia; y el segundo era la pandemia. Entonces, los personajes que resistieron a la violencia empezaron a actuar dentro de la pandemia. Ahí, poco a poco, la realidad empezó a teñirse de ficción y así se fue construyendo esta novela.

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¿Y toda esa información de 20 años estuvo plasmada en algún otro lugar o simplemente quedó en su memoria?

Las historias van formándose en la memoria. Creo que es el tiempo el verdadero editor, es decir, si una historia que se gesta hace 10 años resiste al tiempo, entonces vale la pena publicarla. Pero hay algunas que se mueren en el camino y el mismo tiempo hace que se diluyan y simplemente salen de la memoria. Entonces, uno de los recursos que yo utilizo es que si una historia no la recuerdo, no me exijo para recordarla. Solamente transmito lo que recuerdo claramente.

Hay muchos personajes que usted menciona, ya sea de “su familia” o de la actualidad. Y digo de “su familia”, porque yo todo el tiempo he leído esto como si Paco Moreno me contara su historia y todo lo que ha pasado y recordado en la pandemia. Esos personajes, ¿todos son inventados o hay alguno que usted diría que está basado en alguna persona que estima mucho?

Hay personajes de la realidad. Hay parte que son exactamente periodismo, reporteo total. Y hay otras que son ficción. La historia de la tía Cleofé es completamente real. De Eugenio diría que tiene un 70% de real y 30% de ficción. Pero esas mediciones se tornan bastante complejas, la cuestión es que he tratado de trabajar en una historia para que el lector piense que ha existido. Pero repito, es ficción, es novela. A veces la novela te permite decir más verdades que el periodismo mismo.

A lo largo de la novela se mencionan en algunas ocasiones a varios animales que están ligados a anécdotas. El más claro es el caballo, pero también hay un relato con un chancho, un toro y un gato. ¿De dónde sale esta afición por los animales?

Lo que pasa es que en estas épocas los seres humanos estamos aprendiendo a convivir con los animales. En estos tiempos, por ejemplo, se habla mucho de Run Run, el zorrito y todavía hay una mirada de la prensa tan superficial. Piensan que el zorrito ha sido comprado porque ha sido confundido con un perrito siberiano, pero no se profundiza en el hecho de que hay mucha gente mafia que vende animales. No se piensa en que todavía el alcalde de Lima no ha dicho que vayan a hacer un operativo para cerrar los locales que venden animales ilegalmente o de alguna manera castigar e impedir esto.

Yo quise demostrar en la novela de que los seres humanos estamos aprendiendo a vivir con ellos y que los estamos respetando. Hay épocas en las que los perritos o gatitos vivían abandonados. Ahora, felizmente hay colectivos de jóvenes que los ayudan. Y el caballo aparece ahí como parte de una familia que reside en los andes. Y el caballo en los andes es como el perrito en la ciudad. Es alguien muy importante al que se le cuida, se protege, se le da los cuidados debidos, le celebran su cumpleaños, hablan con ellos. Y en la ciudad está el can. A veces creo los seres humanos somos mejores y podemos convivir con ellos.

Hay un personaje en especial que me ha dejado pensando: Alejandrina. Ese personaje está como un fantasma que aparece de vez en cuando y flota dejando una especie de brillo en el relato, como un consuelo. ¿Realmente existió o de dónde salió ella?

En realidad, representa al ángel de la guarda que todos los seres humanos tenemos. Todos siempre estamos protegidos por alguien. Aunque digamos “¡Yo estoy solo contra el mundo!”, eso es mentira, porque en realidad siempre tenemos algún apoyo. Alejandrina representa eso: todos tenemos a alguien que está ahí para impulsarnos a seguir viviendo y nos persigue desde la infancia y llega a estar presente en los momentos más importante de tu vida.

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¿Cree que alguna vez podrá volver a ver a otro Mallaccha si es que vuelve a Ayacucho?

Sí. Los andinos consideran que el caballo es parte de uno. Entonces, hay un amor muy profundo entre el ser humano y el caballo. Yo creo que eso es muy cierto y siento que me he quedado corto en demostrar ese amor. Igual creo que es recíproco, el caballo también ama al poblador andino, es decir, a mujeres y hombres por igual. El caballo y el andino tienen una relación de amor, algo que en la sierra se ve nítidamente. Cada familia tiene un caballo y no es “un animal de la familia”, sino “un integrante más de la familia”.

¿Qué tan cómodo se ha sentido en su primera novela?

Yo creo que las historias tienen un momento preciso para salir. No me apuro, sigo leyendo, que es finalmente el trabajo que más disfruto y en ese momento de lectura es que llega el momento de la inspiración, que es digamos una ayuda para que uno pueda sentarse y plasmar las experiencias. Actualmente, estoy trabajando en otro libro lentamente, como siempre.

Sobre el título El jinete en la hora cero. ¿Ya lo había pensado antes de sentarse a escribir o sucedió al final?

Trato de siempre escribir cuando tengo un título. Si no hay uno, es muy difícil que yo pueda a escribir. Por ejemplo, yo empecé a escribir el perfil sobre César Lévano cuando tenía en la cabeza que el título, sería Rebelde sin pausa, que es uno que yo encontré en un libro de Víctor Hurtado Oviedo y que apenas vi dije “este es el título para el libro”. Entonces, eso es para mí una guía que me ayuda a seguir la ruta.

En este caso, “el jinete” siempre lo tuve en la cabeza, y “en la hora cero” fue por la pandemia. Ahora tengo un título que está hilvanándose en la memoria, pero aún no lo suelto porque… no tengo el libro.

Por último, ¿qué es lo siguiente que se viene respecto a su novela?

Se va a presentar el viernes 26 de noviembre a las 7.00 p. m. en la Feria del Bicentenario, en el Parque Kennedy de Miraflores. Quizás también se presente en Ayacucho y en Cusco más adelante, pero aún estamos viéndolo.

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¿Qué le aconsejaría a un escritor novato o alguien que quiera hacer algo como El jinete en la hora cero?, ¿qué podría decirle a la juventud de hoy en día que quiere escribir?

Encuentren al maestro adecuado. Los maestros están en los libros. Si lo encuentran, háganle caso. Luego, el proceso de la lectura es una necesidad de expresión que viene después de haber leído. Yo recomendaría acercarnos más a los libros y alejarnos más de la televisión y el TikTok, que no está mal, pero también hay que darle su tiempo al libro.

Calificación: 3.9/5