Fermín Goñi: “Las fuerzas de Sucre actuaron como con programa informático”

El escritor y periodista español acaba de publicar Un día de guerra en Ayacucho, novela histórica sobre batalla de diciembre de 1824 que capituló la Corona española.

En el teatro de guerra. Escritor Fermín Goñi en uno de sus viajes a la pampa de Quinua, en Ayacucho. Foto: cortesía FCE
En el teatro de guerra. Escritor Fermín Goñi en uno de sus viajes a la pampa de Quinua, en Ayacucho. Foto: cortesía FCE
Pedro  Escribano

El periodista y escritor español Fermín Goñi le sigue el rastro al proceso de la independencia de América del Sur. Ha publicado Los sueños de un libertador, sobre el precursor Francisco de Miranda. También Todo llevará su nombre, sobre ese hombre que fue un huracán para los españoles, Simón Bolívar. Ahora, acaba de publicar, Un día de guerra en Ayacucho (FCE), la batalla con la que la Corona española se rindió.

El autor, con quien conversamos vía Zoom, ha hurgado archivos, informes militares y también recorrido el teatro donde ocurrió la batalla, la pampa de Quinua, en Ayacucho, en repetidas veces. Incluso, ascendió a la cima del cerro Condorcunca para imaginar o “ver” cómo estaban los ejércitos de esa gesta que lideró José Antonio de Sucre el 9 de diciembre de 1824.

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Ha tenido el privilegio de tener en la mano la Capitulación de Ayacucho.

Pues sí, pero no solo eso. Además me dieron un facsímil, que es el mismo que le dieron a Hugo Chávez cuando estuvo en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú. Sí, con guantes, tuve en mis manos la Capitulación de Ayacucho.

La historia es un corsé para hacer ficción. Le pasó un poco a García Márquez con El general en su laberinto.

Mira, yo trato de escribir, con rigor histórico, de acuerdo a los hechos de que yo tengo la certeza de que son hechos comprobados. Y no alterar fechas, ni días ni lugares ni personas y procurar hacer hablar a los personajes conforme escribieron. Para eso me he leído, por ejemplo, toda la correspondencia de Simón Bolívar, San Martín, Santander. Claro, la historia es un corsé, pero el conocimiento que te da sobre los personajes hace que tengas una idea de cómo eran ellos. Y eso es una ventaja. Yo no hago ucronías. No reconstruyo lo que no conozco. El único personaje de ficción es Flor Barros, como un homenaje a las rabonas.

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¿Le correspondió optar por la visión de los vencidos?

No. Yo, modestamente, he adoptado una posición cenital. Yo lo he visto desde arriba. Nunca mejor dicho, porque, en concreto, la batalla la he “visto” desde el punto más alto, que es el Condorcunca. Y me he dado cuenta de la magnitud, del heroísmo de todos los que estuvieron allí. Esta gente, que llevaban tantos años persiguiéndose unos a otros, nada menos que por los Andes. Yo he puesto mi cerebro, y ha sido muy difícil en la medida que he podido hacerlo, porque yo he estado viviendo en 1823 y 1824. Había que ponerse en el contexto real y saber cómo se alimentaban, cómo vestían, las dificultades, si cobraban o no como soldados.

La batalla de Junín, que fue épica, para el narrador es “una escaramuza de pantano”, ¿es acaso una visión injusta?

No, porque después de estar hasta allá y haberme leído los informes oficiales, he llegado a la conclusión de que, efectivamente, es una escaramuza. No es una batalla en sí, tal como lo entienden los militares, porque es una cabalgada de la caballería española durante kilómetro y medio para llegar con los caballos, prácticamente, ahogados. Y los jinetes sin saber lo que tenían que hacer. Dura tan poco y no hay pólvora. No es, stricto sensu, una batalla. Lo que pasa es que sin ser una batalla, tal como la conocemos, su importancia es decisiva.

A eso iba. Más allá de que no hubo disparos –Joaquín Olmedo hace un poema con de cañones y pólvora–, es un precedente de la batalla de Ayacucho...

El narrador no dice que es una escaramuza. El narrador dice que Canterac dice que es una escaramuza. Y Canterac miente porque dice que está herido Bolívar, que ha muerto La Mar, una mentira de arriba a abajo.

La obra de Goñi ofrece detalles de la batalla con la que la Corona española se rindió. Foto: difusión

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Yo hacía ese distingo, que no era usted, sino el narrador dentro de la novela.

Pero déjame que añada una cosa. Fíjate, es importante la batalla de Junín, como el problema enorme que se le genera al ejército realista cuando el general Rafael Maroto abandona la división. Que Canterac tome como normal que un general abandone su división, desoiga su orden y vaya a hablar directamente con el virrey, esto es una cosa insólita. No sé si lo he reflejado de la mejor manera, pero eso sucedió.

Bolívar no tenía una buena opinión de los peruanos. Decía son “viciosos hasta la infamia”.

No la tenía. Eso está en todas sus cartas. La novela acaba dos meses después de Ayacucho, y, claro, a partir de allí cambia. Bolívar era un tipo poliédrico, absolutamente. Y sabía mimetizarse muy bien con el paisaje.

El gobierno de Colombia le quitó fulgor a Bolívar en tanto le prohibió participar en acciones militares. En la novela, Bolívar es el héroe ausente.

Efectivamente. En la correspondencia de Bolívar de ese año, escribe que está muy cansado, que quiere retirarse a Lima, que ya ha alcanzado el techo de su gloria y que le gustaría dejar de estar en la primera línea. Pero lo cierto es que el Congreso del país del que es presidente le dice usted no puede guerrear en un país ajeno y que el Congreso no lo autoriza. Y eso es interesante para la novela porque permite mostrar el carácter de Sucre. Sucre es el hijo putativo de Simón Bolívar. Y el planteamiento que hace Sucre en Ayacucho a mí me parece una maestría militar. Por eso la batalla duró tres horas con 1.500 muertos.

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Flora Barros es una rabona. En la novela se dice “sin rabonas la guerra hubiese ya terminado”.

Sí, Flora, y su nombre no está puesto porque a mí me hubiera gustado que se llame así. Flora está puesto en memoria de Flora Tristán. Flora Barros es un personaje magnífico porque refleja, exactamente, lo que puede ser una vida de sufrimiento y siempre ayudando. Pero como pregunta ella, cuándo se acaba la guerra, porque cuando acaba una batalla, que parece la definitiva, a continuación comienza otra.

¿Perdieron en Ayacucho por el error del coronel Joaquín Rubín de Celis, como se dice en la novela? ¿Fue así?

Fue así. Hay errores militares de primer orden, y ese es uno. Cuando estás allá, ves que no hay espacio. Y si el enemigo te deja un camino, el que dejó Rubín, tienes que aprovechar. Una vez que tuvieron ese camino, las fuerzas de Sucre actuaron como si hubiera habido un programa informático que a cada uno le hubiera asignado un puesto en un lugar y en una hora determinada. Por eso, la batalla en sí tarda un poco más de 90 minutos. Eso te da una idea de la ferocidad y, además, la de dos ejércitos, que estaban sin fuerzas ni bien alimentados y vestidos, de la bizarría con qué se comportaron. Para mí son héroes los dos bandos, la prueba es que la Capitulación de Ayacucho es tan generosa por parte del vencedor como para permitir que se fueran todos, sin ningún problema y, en una segunda tanda, incluso el Perú pagará los pasajes.

Me decía que en España en la masonería...

En España hay historiadores que, sin aportar pruebas, dicen que la batalla en sí no se celebró porque hubo un acuerdo entre los masones. Si fue así, los 1.500 muertos de dónde salen.

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En tanto personajes, datos, cifras, ¿nos está entregando una versión de lo que fue la batalla de Ayacucho?

Yo estoy entregando algo de lo que se puede reconstruir sobre la base de documentos que yo los doy por válidos. Y con ello pretendo acercarme al gran público, en la medida de lo posible desde mis limitaciones, sobre la importancia que tiene esta batalla para el Perú, el continente y para España. Y voy a añadir una cosa. En la historia de España, en las gacetas oficiales de Madrid de esos años, no se menciona, por vergüenza, que España perdió y que abandonó a su ejército. La única referencia que hay, y tengo el escaneo, dice “el desgraciado incidente de Ayacucho”, sin explicar que España ha perdido una guerra después de 15 años y que abandonó el continente. O sea, el hecho más importante es “el desgraciado incidente de Ayacucho”. Eso da una idea del desorden que había en España.

Dato

Presentación. La novela se presentará el viernes 22 de octubre en la Casa Cultural Manuela Sáenz (jr. Junín 277, plaza Simón Bolívar, Pueblo Libre). 6:30 p.m. Libre.