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Esta realidad no existe: el delirante libro de ciencia ficción obstinado en dimensionar el futuro

Nuevas rutas de la mente, autoconciencia robótica, zombis, epidemias, ecofuturismo y explosiones borgeanas: 14 autores peruanos exhumarán los temores de sociedades que irán perdiendo la identidad, el libre albedrío.

Esta realidad no existe: lo nuevo de la ciencia ficción peruana. De izq. a der.: Jorge Casilla Lozano, Claudia Salazar, Carlos Enrique Saldívar y Stuart Flores. Foto: Composición LR / Estruendomudo
Esta realidad no existe: lo nuevo de la ciencia ficción peruana. De izq. a der.: Jorge Casilla Lozano, Claudia Salazar, Carlos Enrique Saldívar y Stuart Flores. Foto: Composición LR / Estruendomudo
Bruno Cueva V.

Reseña. No es casualidad la manifestación inicial —o descargo incisivo— del escritor y crítico cultural Alexis Iparraguirre en el primer prólogo de la nueva antología de ciencia ficción Esta realidad no existe, cuando asevera que el título del libro se aleja de lo escandaloso para los adeptos al género. Sin embargo, en sus palabras, lo es para la literatura peruana, “cuya tradición narrativa es machaconamente realista”, por más de un siglo.

Con la publicación de Mañana, las ratas (1984), de José B. Adolph (1933-2008) —prosiguió argumentando Iparraguirre—, aunque fue un libro escandalosamente silenciado, se buscaba denunciar el hartazgo de un cierto grupo desapasionado por la vida literaria conservadora y monótona. Esta realidad no existe vuelve a ese aullido de guerra frente al status quo editorial.

En el segundo prólogo, el escritor Francisco Joaquín Marro remarca que Esta realidad no existe se alimenta de un manantial inspirador de 1967: Visiones peligrosas, cuentario norteamericano diseñado por Harlan Ellison, especialista en darle sus chispas vitales a relatos fantásticos, terroríficos y de ficción científica.

Para Marro, Visiones peligrosas sintetiza lo que la publicación de Estruendomudo plantea: la erupción volcánica de lo raro, lo artístico, lo imaginativo y, sobre todo, la preservación de “las virtudes narrativas clásicas”, aquellas que construyen canales hacia esta inventiva mediante distopías, futuras crisis políticas, viajes espaciales, comunicación extraterrestre, la convivencia con las máquinas y la inteligencia artificial, y la originalidad en la fusión de estos tópicos. Aquí comentaremos las cinco piezas narrativas de mayor valoración.

Visiones peligrosas forma parte de la era del New wave, corriente de la ciencia ficción que exploraba temas difíciles de asimilar durante los años 60 y 70. Foto: Iberlibro

Jorge Casilla Lozano, autor de Félinar (SM, sello Barco de vapor, 2019), es el encargado de encender las antorchas en la entrada de este cuentario mediante un relato de ciencia ficción policiaca llamado Nostos —honrando, sin caer en emulaciones evidentes, al género deductivo del libro Estoy en Puertomarte sin Hilda y otros cuentos, de Isaac Asimov—, cuya trama verte su ebullición en Nueva Lima, ciudad que inclusive se extiende hasta en barrios submarinos.

Aunque la resolución del caso hubiese requerido una dosis adicional de ingenio, no deja de sorprender con qué oficio Casilla Lozano usa sus estrategias narrativas para que el lector, atraído, se someta a descifrar los enigmas. Entresijos políticos, secretos en cajas de pandora, una droga que te hace morir feliz, cortes temporales pensados con excelencia y el juego de traiciones proclaman a Nostos como una historia para repasar más de una vez.

En segundo lugar, Claudia Salazar escribe en Cyber-proletaria lo macabro del horror cotidiano, que se presenta bajo la influencia de la novela Flores para Algernon (1959), del psicólogo estadounidense Daniel Keyes. Una ginoide, no programada con las leyes de Asimov referidas a la robótica, funda su propio centro de fertilidad y reproducción, Procrear Inc.

“(De) bajo costo, absoluta confianza legal. Poco a poco Procrear Inc. ha florecido. Usualmente llegan parejas que no pueden concebir, para quienes la idea de tener un cuerpo a su disposición que incube a sus embriones por nueve meses es lo mejor que les puede haber pasado (...). Mi objetivo es crear seres humanos que tengan los impulsos sexuales y reproductivos reducidos al mínimo”, elucubraba la autoconciencia femenina. Luego, sus fines producen una sensación de escalofríos, contracturas de nuca: “Esto permitirá controlar a la población, reducirla para intentar recuperar el equilibrio del ecosistema”.

La prosa fértil de Salazar —se dice que ya todo está escrito— no tiene la intensión de forzar el florecimiento de un dogma nuevo en la literatura universal. Su gran acierto se condensa en la resolución conspirativa, el tejido lingüístico tan verosímil y las referencias textuales elegidas a partir de otros autores —por ejemplo, el Test de Turing de Blade Runner, novela de Philip K. Dick— se han enlazado de forma satisfactoria, mientras abogan, en buena hora, por su contenido de calidad.

Portada del libro Blade Runner: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de la editorial Edhasa Nebulae. Foto: difusión

En Azul profundo, de Stuart Flores, ganador del Premio Copé de Cuento en 2018, el escritor peruano ensaya una estructura caótica inspirada en el match de ajedrez (1997), entre la máquina Deep Blue de la empresa IBM y el ruso campeón de mundo Garry Kasparov. El ahora político, considerado el mejor trebejista de todos los tiempos, insinuó que hubo trampa cuando perdió contra la supercomputadora por un marcador de 3.5 a 2.5. El software analizaba más de 100 millones de jugadas por segundo, ¡una bestia total!

Flores plantea la historia alternativa de este acontecimiento. Para conseguirlo, utiliza una fórmula de reportaje o documental televisivo, reveladora de su espíritu periodístico: el desdoblamiento del narrador en piezas blancas (tercera persona) y piezas negras (primera persona).

Laurent Dick, un nuevo agente de seguridad de IMB cuyo rango era prescindible, descubrirá los entresijos de un salón donde se aglomeran grandes maestros. Sin embargo, aquí no se resuelve el meollo.

Kasparov muy pensativo en el segundo enfrentamiento contra Deep Blue en 1997. Foto: AP

El cuento invita sumirse en el esquema psicológico de Stuart Flores: “Le dije (a Kasparov): el ajedrez comienza en el caos porque las posibilidades son infinitas. Nadie puede atrapar tantas en la palma de la mano. Conforme avanza el juego, cada contrincante le quita las posibilidades al otro. Estas se reducen e impera el orden”.

Carlos Enrique Saldívar ratifica su pluma sangrienta, vesánica y de exploración del yo interior con la distopía terrorífica Allí donde escupí, así como ya lo demostró con sus libros Historias de ciencia ficción (2008, 2018) y El otro engendro y otros cuentos oscuros (2019), además de sus innumerables colaboraciones en revistas digitales.

Situado en una sociedad de murallas leprosas que se desprenden ante cualquier ademán, semejante al hueso carcomido de un indigente, un infectado del extraño virus VIZ, que se contagia por el aliento, reflexiona por qué los seres “que se veían mal” a causa de la enfermedad mortal debían ser aniquilados por el Gobierno. “Esto quema un poco, mas no duele, no mucho, de alguna manera las células nerviosas crean una capa protectora que impide la contaminación aurífera de la piel y evitan que los neurotransmisores envíen señales del dolor al cerebro”, escribe el autor al inicio.

La inmoralidad de la cúpula médica y sus malsanos objetivos envuelven a este relato en una atmósfera ruin, en la cual la densidad poblacional decae. Al estar narrado en primera persona, por alguien de 14 años, se pierde un tanto el cuidado sobre la credibilidad; sin embargo, la cadencia de la narración hace olvidar este punto.

El lugar de donde la nieve no se va proyecta un futuro en cuyas ciudades el agua es el elemento preciado que esconden los monarcas para enfundarse de poder. Jeremy Torres-Montero, cofundador del portal internacional Uróboros, nos regala fraseos crudos, lejanos a las integridades del bienestar: “Ahora tenemos que procesar orina, extraer el líquido de la mierd* y, con los restos, alimentar a las cucarachas con las que se hacen las pastas proteicas”.

El periplo de Vanilla para comprobar las pistas dejadas por su abuela —en ellas habla de la existencia de un nevado, la suerte utópica de esas tierras de fantasía— evoca a las travesías de Lara Croft, personaje principal de Tomb Raider, e Indiana Jones. La calidad estructural del relato se admira en conjunto al proceso del epicentro argumental, mérito sobresaliente de Torres-Montero.

El libro Esta realidad no existe, en resumen, reconstruye los baluartes de la denominada literatura de ideas, enmohecida injustamente por la crítica. La ciencia ficción de escritores peruanos vuelve a respirar y sacudirse de las sombras, aunque sus señales de fuego suelen ser irregulares. Algunos cuentos de esta antología no son destinados a cualquier tipo de lector, debido a que se necesitan repasar sus párrafos para evitar caer en confusión por las acciones de numerosos personajes u ocurrencias abruptas. No obstante, la publicación de Estruendomudo proclama su ventaja relacionada a la carga macrodiversa de historias, comparándola con otras antologías.

Autores: Jorge Casilla Lozano, Carlos de la Torre Paredes, Claudia Salazar, Stuart Flores, Carlos Vera Scamarone, Diego Cebreros, Juan Manuel Robles, Mariangela Ugarelli, Gonzalo Málaga, Carlos Enrique Saldívar, Tanya Tynjälä, Jeremy Torres-Montero, Julio Meza y Germán Atoche.

Calificación: 3.9/5.