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Fiction Lab, el libro que redescubre las fórmulas del microcuento experimental

Los seis autores de Fiction Lab nos demuestran que la narrativa breve soporta dentro de sí un universo poco rastreado. Al leer esta variedad de microcuentos, estaremos obligados a ejercitar la mente para buscarles, en su mayoría, respuestas existenciales.

Editado por La isla de escritura creativa, Fiction Lab ha sorprendido a la crítica y, con seguridad, se ha ganado un espacio en el salón de las mejores lecturas del 2021. Foto: Jazmin Ceras/composición LR/La isla
Editado por La isla de escritura creativa, Fiction Lab ha sorprendido a la crítica y, con seguridad, se ha ganado un espacio en el salón de las mejores lecturas del 2021. Foto: Jazmin Ceras/composición LR/La isla
Bruno Cueva V.

El microcuento es un género narrativo poco tratado en el Perú, porque nuestra tradición de leer a autores clásicos de novelas (Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique, Oswaldo Reynoso o José María Arguedas) lo ha ido intimidando y rodeando de prejuicios propios de una cultura arraigada más en la cantidad abrumadora de detalles que en la calidad técnica, estilística y justa.

Pugnando por dejar de ser un simple reto ideado en un círculo de escritores, el microcuento tramita en esta edad contemporánea su carné de identificación, con una fotografía sin pares, cuyo semblante le permita subsistir y ser ampliamente reconocido; y que, asimismo, abra zanjones definitorios entre él y otros tipos nacientes de ficción.

El libro Fiction Lab, cuentos experimentales season 1 redescubre las fórmulas del cuento breve en su laboratorio de escuela creativa. Mitzar Brown, Manuel Terrores, Cecilia Rechkemmer, Guillermo Pacheco, Rocío Meza y Andrea Jara son los seis autores de esta cofradía literaria que se ha liberado de las ataduras del relato extendido, en donde cada palabra justifica su encuadre dentro del corazón de estas inquietas historias.

Así como los escritores Kathy Serrano y Ricardo Sumalavia indican en el prólogo sobre el día a día de la confección de Fiction Lab, la primera autora de este compendio de relatos, Mitzar Brown, adquiere presencia y asume su forma y personalidad relato a relato, con una prosa concreta, de aliento breve, resoluta.

La primera sorpresa de su espacio titulado Intersticios aterriza con la narración «Las primas», en cuyas dos páginas juega con la curiosidad de los personajes y un destino tanto fantástico como terrorífico. Esta pequeña serie de tragedias familiares sigue su curso inmediatamente con «El llanto», el recuerdo de dos muertes que una mujer se niega a abandonar. El final es conmovedor y de doble interpretación, allí reposa gran peso de la historia. En «La niña tonta», Mitzar Brown cambia de voz narrativa para mostrarle al lector la doble perspectiva de su creación. A su vez, emplea un giro argumental efectivo. Finalmente, el cuento «Imprevisto» destaca por su brevedad y los aires enrarecidos de un viaje temporal.

Mitzar Brown estudió Literatura en la Universidad Federico Villarreal. Foto: La isla

Manuel Terrores, en su espacio Polvo de estrellas, es quien mejor sutileza demuestra desde el primer microrrelato —bajo el mismo nombre—, desde la descripción de una supernova hasta la vida mundana de un humano. Esta técnica borgeana utilizada en el Aleph y tan comentada por los críticos y talleristas, el despliegue de lo general a lo particular, le da a la obra de este autor un brillo entrelíneas que revela su gran gusto por la lectura. En «Glotones», la hipérbole de una narración que escala hacia el clímax satisface a quien tenga la ansiedad de consumir ficciones imposibles. «Araña hombre» y «Simulación» encajan en el tópico de lo irónico y la sobrevaloración de la vida.

Manuel Terrones es estudiante de maestría de Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Foto: La isla

Protagonista en espacio vacío, el apartado literario de Cecilia Rechkemmer, destaca por su manejo del absurdo, esa sensación de que algo no anda bien, pero no sabemos qué es. Esto es sugerido en «Claridad» y el relato con el mismo título que resume su propuesta en Fiction Lab. Por otro lado, en «Iniciación», la autora reconfirma que la etapa más cruel en el desarrollo de un individuo es la niñez. ¿A qué le llamamos identidad?, parece preguntarnos Rechkemmer para rellenar los vacíos de su final.

Cecilia Rechkemmer es actriz formada en el Club de Teatro de Lima. Foto: La isla

Si bien Guillermo Pacheco, el cuarto autor, se erige como un maestro de lo conciso, el comentario a su cuento «Cachorro», de un tramo mayor, no debería quedar de lado. ¿Quién le enviará al protagonista un perro cada día en la puerta de su casa? El misterio se acrecienta rompiendo los esquemas y planos ficcionales, sosteniéndose de un final lleno de ira, redondo como suplica el canon.

«En familia», microrrelato tabú, logra hacernos cuestionar nuestra propia moral y «Retorno» nos zambulle —nunca mejor dicho— nuevamente a un entorno laboral donde un insulto dirigido a un gerente cascarrabias manipula el tiempo y lo estira para atrás, como ocurre en El curioso caso de Benjamin Button, del otrora novelista estadounidense Francis Scott Fitzgerald.

Guillermo Pacheco ha sido finalista del cuarto concurso de microrrelatos Bibliotecuento, de la CASLIT. Foto: La isla

Rocío Meza ha colocado en su escenografía personal —denominada Cambalache— todos los elementos de producción con criterio. Ese motivo la convierte en la autora revelación de este compendio. Metódica y práctica, la abogada de profesión descompone el espacio-tiempo de la tela narrativa en «Señores pasajeros», utilizando diálogos naturales y preparando el escopetazo de gracia. «También era alemán” apuesta por un dardo intertextual de la Segunda Guerra Mundial al enseñarnos cómo la astucia de un perro puede desbaratar los planes de un pelotón.

Rocío Meza está preparando su primer libro de relatos en la actualidad. Foto: La isla

Andrea Jara se hace una con la todopoderosa naturaleza y entrega los cuentos reflexivos «Verde», «Dientes de león» e «Higuera». La ambigüedad y su inherente introspección emana en «Prudencia», cuya atmósfera no decide si habitar lo onírico o lo real, mediante un relato sobre represión sexual y una mente errante dentro de un posible convento. Lo mismo sucede en «Parentesco».

En cuanto a la narración superlativa de su sección llamada El lugar de las cosas, Jara escribe «Vacío» y alcanza su pico de rendimiento arrastrándonos a las brumas de una sucesión de sueños dentro de otros sueños, aparte de insinuar que la muerte desastrosa jamás se impondrá a una compañía humana que refríe nuestras sangres.

Andrea Jara es comunicadora audiovisual por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Foto: La isla

El libro Fiction Lab, pese a contar con 247 páginas, se lee a una velocidad trepidante, pues hay espacios para respirar entre microcuentos. Aunque todos los relatos reunidos no tengan la misma intensidad —al haber tantas historias, algunas por simple descarte no bracearán lo suficiente para salvarse en la orilla—, muchos de ellos permanecerán pululando en el ambiente literario y la mente popular. Cada autor alza sus mejores armas y contribuye, sin dudas, a esta nueva publicación.

Puntaje: 3.8/5