Selección peruana 2015-2021: la oncena de plumas que comanda la narrativa nacional

El escritor Ricardo Sumalavia seleccionó los mejores cuentos de diversos literatos jóvenes del país para conformar un libro que sirva como fuente referencial a las demás generaciones.

Selección peruana 2015-2021. Columna izquierda, de arriba hacia abajo: Yero Chiquicaña, Cristhian Briceño y Malena Newton; columna derecha, de arriba hacia abajo: Andrea Rivera, J. J. Maldonado y Romina Paredes. Foto: Composición LR / cortesías varias
Selección peruana 2015-2021. Columna izquierda, de arriba hacia abajo: Yero Chiquicaña, Cristhian Briceño y Malena Newton; columna derecha, de arriba hacia abajo: Andrea Rivera, J. J. Maldonado y Romina Paredes. Foto: Composición LR / cortesías varias
Bruno Cueva V.

Ricardo Sumalavia, escritor peruano y doctor en Letras por la Universidad de Burdeos (Francia), tuvo una nueva misión parecida al proyecto Selección peruana 2000-2015: volver a ‘vestirse’ de DT —y empezaremos aquí a usar el argot futbolístico—, revisar la producción literaria de escritores jóvenes de los últimos años y reunir sus mejores cuentos en un volumen cargado de emociones narrativas. El resultado tiene como nombre Selección peruana 2015-2021, una ‘convocatoria’ renovada de plumas que se ajustan a todas las posiciones de la cancha y representan el bicentenario.

Portadas del libro Selección peruana 2000-2015. En la pasada publicación participaron Gabriela Wiener, Pedro Llosa, Carlos Yushimito, Jeremías Gamboa, entre otros. Foto: difusión

El libro, editado por Estruendomudo, en primer lugar, ofrece la sección Concentración y calentamiento, en cuyas páginas Sumalavia explica cómo la pandemia ha cambiado el horizonte, la mención a algunos narradores que merecieron integrar el equipo —Miluska Benavides, Kathy Serrano, Juan Carlos Cortázar, Pedro Pérez del Solar, Carlos Villacorta, Carolina Cisneros o Juan Carlos Ubilluz—, las sinopsis de las historias y la visibilidad de la mujer en la literatura peruana contemporánea.

Las narraciones no giran en torno a una sola temática o consenso, todo lo contrario, las variaciones en cuanto al registro técnico, la cadencia de las distintas musicalidades, las pausas silenciosas y otros detalles quirúrgicos componen universos personales, la última vibración escondida en el alma.

Cada palabra, en la mayoría de cuentos, justifica el deseo de los ‘convocados’ por revelarnos fotografías con lentes que solo ellos saben calibrar. Sus capacidades de liberarse solo temporalmente de esos relatos, o ideas/fuerzas que merodean en sus fueros internos —semejante a cuando se arroja un boomerang y se espera el retorno— transmitirán nostalgia a los lectores, los atrapará en esa seducción ficcional.

Selección peruana 2015-2021: ¿cuáles son los cuentos que encontraremos y de qué autores?

Beirut, de María José Caro. Relato paralelo entre dos familias con condiciones económicas diferentes, pero que comparten una ‘pata de palo’: el alejamiento de sus hijos, las crianzas lejanas. Con un lenguaje pausado y libre de metáforas complicadas, Caro nos enseña que la imaginación de los niños y su amor por la compañía de las mascotas pueden hacerles apreciar el mundo desde perspectivas transparentes, sin las cadenas que apretujan a los adultos. Original de: ¿Qué tengo de malo? Alfaguara, 2017.

Los trabajos, de Cristhian Briceño. Distopía, sumisión social, deformidad del «yo», una parábola de los guerreros muertos, de aquellos precipicios donde el despertar del ungido jamás sucederá. A través de este cuento —el más destacado de todo el libro, reluce la número ‘9′—, un tirano, que supone la imagen hegemónica de una clase política embarrada de crueldad, envuelve a la ciudad en penumbras, solo queda tantear las superficies para errar por las calles. Algunas escenas bañadas de absurdos delatan a Briceño como una suerte de hechicero de la palabra, esa obsesión del creador por perseguir la lírica correcta. ¿Verá la luz esta sociedad decadente e inmoral? Original de: Su seguro servidor. Seix Barral, 2021.

La piel fría, de Stuart Flores. Surrealismo. Un cuento onírico que mezcla los planos dimensionales y perturba al lector con vociferaciones que no dan respiro; los personajes parecen preguntarse en cada página qué demonios es el amor y si verdaderamente este sentimiento primigenio conoce la muerte. La atmósfera brumosa y su complejidad narrativa le valieron a Flores alzarse con el Premio Copé de Oro en 2018. Original de: Petróleos del Perú, 2019.

El niño sagrado, Gimena Vartu. Otra búsqueda del amor. Esta vez una mujer ingresa a una casa abandonada y pregunta dónde puede encontrar a una persona. Luego, ella se decide a encontrarla en donde esté. Cuando halla al hombre, los años han pasado, pero su personalidad no ha variado. A caballo entre la sugerencia narrativa y la nostalgia, Vartu intenta explorar una escala de sutiles pistas cuyo clímax no llega a cerrar los círculos de la historia, a pesar de que el relato tiene yacimientos de dónde extraer riqueza. Original de: Fábula de los cuerpos calientes. Dendro, 2019.

Kintsugi, de Romina Paredes. Relato realista que va acumulando las anécdotas de mujeres en tres generaciones. El hilo dramático es zurcido en clave de diario —sin llegar a serlo—, cuando la narradora cuenta las vivencias de su abuela y su madre, además de cómo ellas fueron heredándole sus filosofías de vida. Si bien la prosa no se rige siempre por el ingenio en que se enlazan las palabras, es decir, no se aferra al virtuosismo, la metáfora final del resquebrajamiento de la vasija nos dejan pensando en los vínculos poco auspiciosos que las relaciones interpersonales llevan consigo: ellas se conforman con acariciar las rajaduras de aquel objeto desgastado. Aunque esa imagen poderosa, y al mismo tiempo desgarradora, se impregna en el lector, el recurso pudo ser utilizado desde el principio o a lo largo de la escritura. Original de: Famulus. Pesopluma, 2020.

Algunos de los integrantes del libro Selección peruana 2015-2021 reunidos en la librería Estruendomudo. Foto: Facebook

Seis mosquitos ciegos, de Charlie Becerra. El autor de El origen de la hidra —investigación periodística sobre el crimen organizado en el norte del Perú—, Cachorro y Bultos negros vuelve a entregar una historia creativa que ronda el entrenamiento sistemático de los que conviven con el hampa. Con total crudeza y apostando por personajes de corte vulgar, acaso amantes de la misantropía, Becerra demuestra total sinceridad luego de enseñarnos los primeros planos —como en el cine policial— de sus chocantes escenas. Aquí un niño será obligado a vigilar casas para ‘marcarlas’. Pero en ese aburrido trabajo de delincuente descubre el secreto más guardado de una familia; mientras tanto, él se cuestiona si así es un hogar verdadero, porque él nunca lo tuvo. Por momentos, el autor se preocupa mucho en las descripciones y descuida la cadencia. Original de: Ajuste de cuentos, 2020.

Hambre, de Yero Chiquicaña. El autor no se queda atrás y reivindica las técnicas del terror soft con fuertes chispazos eléctricos del cine B. Una pareja de jóvenes disfruta de su encuentro sexual dentro de una habitación con afiches de películas de dudosa calidad. De pronto, el giro de tuerca final nos producirá intriga —quizás náuseas— cuando Michel, la coprotagonista, ingresa al baño y no responde a los llamados de Perico Peralta. Original de: Peruanos de segunda mano. Aletheya, 2019.

Hijo de Dios, de J. J. Maldonado. El lado sádico del corazón humano. El también autor del libro El amor es un perro que ruge desde los abismos, quien se caracteriza por ahogar a los eufemismos, cuenta la historia de un asesino que se inspira en la novela Apocalipsis: la danza de la muerte, de Stephen King. A lo largo de su derrotero, entiende que debe “pokerizar a los malditos”, es decir, eliminarlos para ‘limpiar’ el mundo. La deuda pendiente de Maldonado es lanzarse a afrontar temáticas distintas a la violencia, le haría muy bien al crecimiento de su prosa. Original de: Quien golpea primero golpea dos veces. Campo Letrado, 2019.

Turbo Berguer, de Luis Francisco Palomino. Turbo Berguer, un robot rojo que sale en la TV, ultraja a menores de edad y los graba en videos. Un grupo de niños de barrio empieza a frecuentar cabinas de internet para abrir páginas pornográficas, pues sienten curiosidad por saber cómo se practica el sexo, alentados por el sonado caso. Mediante el recurso de la alegoría, Palomino no subestima al lector y propone que él mismo se explique, como si fuese un detective, qué sucede al final y por qué algunos niños acaban tan perturbados.

Un tipo ex, de Malena Newton. Se sostiene con firmeza como la revelación de esta ‘convocatoria’. Escrito en primera persona, el cuento eleva su mástil desde un lenguaje natural y nada artificioso. Una chica de mediana edad se inspira en la empresa The Break Up Shop, dirigida por canadienses que cortan relaciones sentimentales a discreción. Tomado el reto de seguir esa especie de tendencia, la protagonista probará suerte en su primer intento, pero la situación se le podría escapar de las manos. Newton usa el vocabulario moderno como herramienta funcional y va fabricando un estilo ajeno a las vestiduras clásicas de la narrativa. El relato hubiese quedado mejor aún si eliminaba alguna que otra digresión.

Aura azulada, de Andrea Rivera. Al terminar de leer el cuento, entra una sensación de desasosiego, estupefacción; no se sabe si hay que enternecerse o aceptar lo increíble. Ese es el gran logro de Rivera, que le creamos cada una de las palabras en este retrato al óleo de soledad adolescente. Inclusive parece la carta de despedida de un pariente, porque la conexión con el personaje madura a partir de la primera frase, y no para de crecer como una epidemia. No solo prima el nivel de desunión familiar, sino en qué manera el amor se puede manifestar bajo múltiples máscaras. Sin dudas, un gol de media cancha que grita todo el estadio.

En conclusión, Selección peruana 2015-2021, antología de Ricardo Sumalavia, no decepciona por su versatilidad, creatividad estructural y el valioso aporte a la literatura nacional. El orden de los cuentos pudo haber sido distinto a fin de otorgarle a la publicación el equilibrio deseado, pero es una observación secundaria. Advertencia a los futuros lectores: una vez terminado el libro es imposible salir ileso.

Puntaje: 4/5.