Los violinistas trágicos de Sondondo

Homenaje. El coronavirus ha causado una verdadera tragedia en una familia de músicos violinistas ayacuchanos residentes en Lima. Dos hermanos han muerto y otro se encuentra grave.

Dinastía. El segundo violinista de la izquierda es Ángel Caccha, “Quinto de Sondondo”, el de verde su hijo David, “Quinto Chico”. Foto: difusión
Dinastía. El segundo violinista de la izquierda es Ángel Caccha, “Quinto de Sondondo”, el de verde su hijo David, “Quinto Chico”. Foto: difusión
Cultural LR

Por: Pedro Escribano y Trilce Prado

Habían nacido en Sondondo, en Lucanas, Ayacucho, en ese valle mítico donde también nació Guamán Poma de Ayala. Los hermanos Caccha Arango -como ahora, sus hijos- eran eximios violinistas, como fue su padre y su abuelo, también un músico del waqrapuku, corneta andina.

Una dinastía de artistas que alegraban las fiestas de los pueblos del Perú. Pero ahora los violines están en nota de silencio, porque Gerardo y Ángel Caccha Arango, los populares “Cheqche” y “Quintucha de Sondondo”, ya no están. El coronavirus los mató. (Otro hermano, maestro violinista, Juan Caccha, “Oqicha”, también partió, aunque por causa de otro mal).

Pero la desgracia para esta familia de músicos no acaba allí. La cantante de toriles y pionera de la jarana de arpa y violín, con batería, Flora Taipe, “Alcanforcita de Huayana”, esposa de Ángel Caccha, falleció también víctima del virus una semana después de la muerte de su esposo. Y Severo Caccha, el cuarto hermano violinista, actualmente se halla grave, infectado por el Covid-19.

La pandemia ha conducido a los violinistas de Sondondo en caravana hacia la muerte. Dedicaron su vida a la música, pero ahora los restos de algunos de ellos han terminado en un cementerio, en un cerro de Villa María del Triunfo.

Como músicos, se hicieron solos, pero para alegría de todos. Como muchos artistas populares de nuestro país, en esta pandemia, no existieron para el Ministerio de Cultura, tampoco para los gobiernos locales y regionales. Son los músicos invisibles de Sondondo.

Estirpe de músicos

En la familia Caccha Arango siempre se escuchó música, sobre todo la de un violín. David Caccha Taipe, “Quinto Chico”, hijo de Ángel Caccha, “Quintucha de Sondondo” y Flora Taipe, “Alcanforcita de Huayana”, sostiene que los violines le vienen desde lejos, desde su abuelo, Ángel Caccha Huamaní, que era un violinista caminante.

“Dicen que mi abuelo lo bautizó como ‘Quinto’(coca en quechua) a mi padre desde cuando estaba en la barriga de mi abuela. Trajo un puñado de quinto y lo arrojó al cuerpo de mi abuela que estaba echada. Una de las hojitas, llevadas por el viento, se posó en el vientre de su esposa. ‘Va a ser violinista y se llamará Quinto’, dijo”. Y así se llamó, ‘Quinto de Sondondo’”, cuenta “Quinto Chico”.

Juan Caccha “Ojicha”.

El niño creció y a los diez años ya era diestro con el violín. Como lo habían hecho sus hermanos mayores, él también siguió a su padre a donde se celebraba una fiesta, como el del agua o las fiestas patronales.

Después de que se presentaba el padre, era el turno de “Quintucha” y demostraba que, parafraseando el refrán, de tal padre, tal violín.

“Mi padre, como mi abuelo, era músico autodidacta, como yo. En realidad, mi casa, como la casa de mi abuelo para mis padre y tíos, era un escuela de música en donde se aprende el violín de generación en generación”, explica el joven músico.

En uno encuentro entre hermanos, en Chacralla, “Ojicha” les dijo: “Estoy orgulloso de ustedes, de esta dinastía que es de amistad y unión. Ya están viniendo los sobrinos, enséñales lo que tú sabes”.

“Quintucha” nunca dejó de tocar su violín. En los años 90, cuando sirvió en el Ejército, formó Parte de la banda. Al salir, dos años después, lo hizo tacando su violín. Se estableció con sus hermanos en Chorrillos y después, cuando hizo su familia, en Villa María del Triunfo.

“Cuando murieron mis dos tíos, mi padre le dijo a mi mamá que se iba a la sierra, que ya había perdido dos hermanos y que estaba triste, que de allá enviaría platita. Pero al poco tiempo regresó enfermo”, narra “Quinto Chico”.

El mal era el Covid-19. Fue atendido en su casa, pero cuando ya se puso grave, fue internado en el hospital Loayza, donde ya estaba hospitalizada su esposa, “Alcanforcita de Huayana. Él falleció el sábado el 20 de febrero y la cantante la semana siguiente, sábado 27 del mismo. Ambos están sepultados juntos en el cementerio Nueva Esperanza, en un cerro de Villa María del Triunfo.

Músicos arguedianos

Sonaly Tuesta, que ha recorrido el Perú a pie con su programa Costumbres, sostiene que “no solo perdemos a grandes músicos y artistas, sino también parte de esa herencia ancestral que está en la fiesta del agua, en los carnavales, en la danza de tijeras, en el toril, en la chimaycha. Quinto de Sondondo y Alcanforcita de Huayana eran protagonistas de nuestra costumbre”.

“Músicos arguedianos afectados por la Covid19 -dice Manuelcha Prado-. Alcanforcita de Huayana y el Quinto de Sondondo han partido a la eternidad. Víctimas de estos tiempos infaustos del Coronavirus y falta de atención óptima. Músicos arguedianos, amantes de su terruño. Antes, habían sucumbido Víctor Tomayro “El Cholo Víctor” y otros dos hermanos Caccha. A los efectos nefastos de la enfermedad se suman las carencias de nuestros hermanos que hacen malabares para sobrevivir en Lima. Redoblemos esfuerzos para unificar nuestros pueblos y con el ejemplo de nuestros maestros, trabajar para transformar nuestro país, que está hipotecado al gran capital. Merecemos una patria unida, educada y soberana”.

El violín de “Quintucha” era mágico. “Bailar con el sonido de su melodía era vivir la música con el alma. Tenía un estilo incomparable”, recuerda Marisol Mendoza, la “Vengadorita de Andamarca”, bailarina de pastores y huaylías.

Así eran “Quintucha” y sus hermanos. Tenían por corazón un violín y la música, con ritmo de danza de tijeras, les corría viva por la sangre.