Mario Vargas Llosa: “En Rivera Martínez no hay la menor dejadez en su escritura”

Pedro  Escribano

@larepublica_pe

20 Feb 2021 | 5:40 h
El nobel peruano inauguró la Feria del Libro de Huancayo. Foto: AFP
El nobel peruano inauguró la Feria del Libro de Huancayo. Foto: AFP

El nobel peruano inauguró la Feria del Libro de Huancayo, FELIZH, y habló sobre el autor de País de Jauja y José María Arguedas, ambos escritores vinculados al Valle del Mantaro.

Mario Vargas Llosa estuvo en Huancayo. No llegó por carretera ni por avión. Llegó a través del ciberespacio como invitado de honor a la XI Feria de Libro Zona Huancayo, FELIZH. El nobel peruano inauguró la feria el jueves pasado a las 2 de la tarde, para después volver, a las 7 de la noche, en diálogo online con el escritor y periodista Raúl Tola. Su presencia centró la feria de libro andina en el altamar de la literatura peruana.

La conversación se tituló “Literatura en los Andes” y fue centrada en dos escritores vinculados al Valle del Mantaro: Edgardo Rivera Martínez y José María Arguedas. El primero, recordado escritor huancaíno –su partida de nacimiento lo consigna así–, autor de la excelente novela País de Jauja.

El segundo, autor andahuaylino, quien no solo hiciera recopilaciones de mitos y leyendas del Valle del Mantaro, sino también dedicó sus investigaciones antropológicas a la tierra del huaylarsh. Debemos agregar que el nobel peruano en relación con los Andes escribió Historia de Mayta, que sitúa pasajes en Jauja, y Lituma en los Andes, historia también vinculada a la sierra de nuestro país.

El diálogo fluyó novedoso, sobre todo en la visión de Rivera Martínez y su novela País de Jauja. Creemos que en el caso de Arguedas, el entrevistador insistió mucho en tópicos ya consabidos, muchos de ellos expuestos por el escritor en el ensayo La utopía arcaica.

Si hablamos de literatura de los Andes, hubiera sido interesante conducir la conversación para que Vargas Llosa desentrañara cómo fue el trabajo de campo para escribir Historia de Mayta y Lituma en los Andes. Cotejar el perfil de los personajes con el mundo andino.

Y quizás también se hubiera abordado ya no tanto los Andes arguedianos, sino los Andes más contemporáneos, los de Sendero Luminoso, que ha dado lugar a la llamada “novela de la guerra”, con autores como Óscar Colchado (Rosa cuchillo), Alonso Cueto (La hora azul) o Santiago Roncagliolo (Abril rojo), solo para citar a tres escritores.

En ‘La Incontrastable’

Huancayo, “La Incontrastable”, no es ajena a Vargas Llosa.

“Sí, he estado varias veces. No en la feria de libro, porque no existía en ese tiempo, pero yo fui a la feria comercial que había todos los domingos en Huancayo y que me mostraron siempre a un pueblo moderno, a un pueblo entusiasta con el comercio, deseoso de alcanzar la modernidad. La verdad que esa feria era muy estimulante y te daba una idea distinta del Perú. Nosotros tenemos la idea de que el Perú es un país apagado, un país que, sobre todo en la provincia, se duerme sobre sus laureles y la verdad que uno tenía de Huancayo una idea muy distinta. Pero no, era la de un pueblo pujante, la de unos comerciantes modernos que querían conquistar el éxito. La verdad, era muy estimulante estar ahí y participar de alguna manera en la feria, como vendedor o comprador”, detalló el escritor.

Rivera Martínez ganó el premio Cuento de mil palabras de la revista Caretas. Foto: difusión

Consultado sobre su relación con Rivera Martínez, Vargas Llosa testimonió: “Sí, sin ninguna duda él me ayudó mucho cuando yo estaba escribiendo Historia de Mayta, en realidad, aunque lo conocía desde Lima, pero nos habíamos visto poco y habíamos conversado, pues, rara vez. En cambio, una temporada que él pasó en París, donde yo vivía, nos vimos con bastante frecuencia y allí yo llegué a conocer a Rivera Martínez de una manera más íntima. Era una persona extremadamente culta que tenía una gran predilección por la pintura, por el arte, del que conocía muchísimo. La verdad que era espléndido conversar con él porque uno aprendía mucho gracias a esa sabiduría que la compartía con quien lo escuchaba. Además, era un escritor de muy buena literatura. En esa época justamente yo estaba escribiendo Historia de Mayta, de tal manera que la experiencia de un jaujino que, además, tenía un espíritu artístico y literario, me ayudó muchísimo. Creo que no llegó a acompañarme a Jauja, alguna dificultad tuvo, pero los consejos que me dio, los lugares que me indicó que debía visitar, las personas que también de alguna manera se vinculaban a esta experiencia, me sirvieron. Incluso él escribió una crónica sobre la novela una vez publicada Historia de Mayta, y hacía referencia a los encuentros que tuvimos en París y en los que, por supuesto, hablamos mucho de su tierra natal. Todavía no había escrito el que fue el gran libro jaujino. El libro, seguramente, más importante nunca escrito sobre Jauja y que lo escribió él con una prosa deliciosa, una prosa de una gran delicadeza, con un acento muy personal, notoriamente personal, y que ha quedado como uno de los mejores libros que se ha escrito en la literatura en el Perú”.

Luego se conversó sobre el indigenismo de País de Jauja, novela que viene de una región, como se citó a Gonzalo Portocarrero, “lugar donde la gente puede mezclar la música clásica con los yaravíes y los huaynos”.

“Es un indigenismo que no es fotográfico. Es un indigenismo mucho más esencial y que tiene que ver con lo que es el Perú. El Perú es un país con distintas tradiciones, con una tradición en lengua española que es muy fuerte, una tradición inca, quechua, que también es muy fuerte, pero la tradición quechua está muy condicionada por la diversidad del paisaje andino. Entre José María Arguedas y él, por ejemplo, hay una distancia muy grande. Son dos maneras de entender el mundo andino, el mundo tradicional indígena peruano; y yo creo que Arguedas no rechazaría esta otra versión del indigenismo, sino que, al contrario, se sentiría muy favorecido por esta diversidad de tonos, contenidos, formas que tiene que ver con el indigenismo del propio Arguedas y ese indigenismo mucho más, diríamos, moderno que es el de Rivera Martínez”.

En otro momento se le consultó si el indigenismo había dado pie para que la política y la sociología influenciaran de mala manera la literatura.

“Bueno, de mala manera no lo sé, pero digamos hubo un indigenismo que era intolerable en el caso peruano, era un indigenismo de pura propaganda, que era muy superficial, que se fijaba sobre todo en las formas, en el color y que servía como de pretexto a muchos autores para abandonar, específicamente, lo literario, que es el cuidado de las formas, de la lengua. Hay una literatura indigenista que es muy barata, muy superficial, muy demagógica por otra parte y que yo creo que ha ido desapareciendo y que está hoy en día prácticamente extinguida en el Perú. Pero los años 20 y 30, ese indigenismo prosperó y creó una rivalidad muy fuerte entre quienes tenían una consciencia de lo que debía ser la literatura y de lo que les parecía una caricatura literaria”, explicó Vargas Llosa.

Los indigenismos

Le plantearon con respecto al indigenismo si la literatura no solo era un problema de visión, sino también de ubicación social.

“Había excepciones”, respondió, “digamos, había esa literatura que quería ser revolucionaria y en realidad era muy reaccionaria porque mantenía una tradición que había que innovar, que había que modernizar, que había que poner al día, y la verdad es que estos escritores indigenistas, contra los que mi generación, salió al frente siempre, no respetaban para nada”.

“Pero hay otro indigenismo”, agregó, el indigenismo de Arguedas, por ejemplo, que es un indigenismo profundamente literario; el de Rivera Martínez es un indigenismo muy moderno, un indigenismo que respeta las formas y que tiene que ver con la creación de un lenguaje, un lenguaje propio, un lenguaje, aunque es un lenguaje de la lengua española, de alguna manera se nutre, se alimenta de la gran tradición indígena que está tan profundamente vinculada al paisaje peruano-andino. Creo que en el caso de Arguedas esto es clarísimo y en el caso de Rivera Martínez, también, aunque ambos no coincidan para nada”.

Andino. Recordado escritor Edgardo Rivera Martínez. Su obra moderniza la escritura en los Andes. Foto: difusión

Y vino a la conversación la polémica de Cortázar y Arguedas sobre cómo se describe mejor el país, desde adentro o desde afuera.

“Yo creo que José María Arguedas se equivocó totalmente en esta polémica. Creo que sostuvo cosas que eran indefendibles, como que un escritor tenía que vivir en su propio país para escribir de una manera autentica. No era verdad, simplemente. Cortázar vivió en París más de 30 años y escribió profundamente algo que es un testimonio, yo creo, clarísimo, evidente, genuino, auténtico de lo que es ser argentino, de la manera de ser argentina”.

“Arguedas”, arguyó, “pasaba un momento muy malo durante esa polémica. Se había aferrado mucho a unas ideas que no lo representaban literariamente porque, como el libro de cuentos que escribió, Agua, o Yawar fiesta, que es la primera novela que él escribe y es una novela maravillosa”.

Arguedas y el boom

En el diálogo, el autor de La fiesta del Chivo explicó también por qué Arguedas no se articuló al boom.

“Arguedas vivía en el Perú muy aislado de lo que eran las corrientes literarias, que tenían lugar sobre todo en Europa, fundamentalmente en Francia; por otra parte, Arguedas, él era, fundamentalmente, un antropólogo, y sus conocimientos literarios, que eran espontáneos, eran muy genuinos y, en los mejores momentos, muy creativos”, aseveró Vargas Llosa.

“Tenía vacíos en su formación, unos grandes vacíos literarios”, explicó. “Él hablaba siempre con mucho cariño de Los miserables. Decía que era una novela que a él lo había vinculado a la literatura moderna. Pero, claro, la literatura moderna no era Los miserables propiamente dicha, sino autores como Joyce, Faulkner, a los que, creo, Arguedas ni siquiera había leído. Entonces su formación literaria era espontánea, tenía una poesía que emanaba de él de una manera muy genuina, muy auténtica y muy poco trabajada”.

Y Vargas Llosa, como siempre ha sostenido, reiteró sus argumentos: “Creo que por eso él se equivocó en las últimas novelas, que en gran parte, por la influencia que pesaba sobre él, escribió tratando de que fueran novelas revolucionarias, algo con lo que no estaba, digamos, íntimamente vinculado Arguedas. Él estaba mucho más cerca de la poesía, de los Andes, de ese mundo íntimo, muy subjetivo, que mostró en sus primeras novelas y, sobre todo, en Los ríos profundos, que es la obra maestra de Arguedas. Yo creo que esa es la obra maestra en la que él vuelca íntimamente algo que expresaba profundamente la manera de ser del pueblo andino y, aunque el pueblo andino ha seguido evolucionando y ya no esté tan representado como lo estaba en estas obras, sin ninguna duda es una obra maestra”.

En el Valle del Mantaro. José María Arguedas con los artesanos de los mates burilados. Foto: difusión

Para Vargas Llosa, Arguedas es un escritor extraordinario, pero se dejó ganar por copiar el mundo y no crear el suyo.

“Yo creo que fue así y que habla bien de Arguedas porque, digamos, él lo que quería, sobre todo en sus últimos libros, que para mí son los peores que escribió, responder a esa presión que existía sobre él, que era muy fuerte, y fue traumático en los últimos años de su vida, que son los años que tuvo la polémica con Cortázar y que lo llevó a sostener tesis que no eran compatibles con la realidad como, por ejemplo, que un escritor tiene que vivir en su país si quiere expresarlo de una manera más genuina, esas son tonterías que están totalmente descartadas en la realidad, pero hay que comprender la situación dificilísima que vivía en esos momentos, sobre todo que tenía la sensación de no conectar con una literatura que se estaba haciendo y que estaba muy alejada de él, que él realmente no sentía cercana”, dijo.

“Era un hombre”, comentó, “fundamentalmente bueno, generoso, sencillo, sin vanidades y que amaba profundamente la literatura, pero no solo la literatura, sino también amaba la historia, su profesión -antropología-, y había escrito sobre ella con enorme cuidado, con gran puntualidad y era, por otra parte, un artista, un hombre que tenía un conocimiento del lenguaje, de la preocupación por el lenguaje y a mí me apenó mucho que por generosidad renunciara a todo eso en sus últimos libros y que nos dejara esos libros que, creo, están en contradicción radical con lo que es el mejor Arguedas y la buena literatura que escribió”.

“No era de promoverse a sí mismo”

“País de Jauja, un libro realmente muy bello y en el que sobre todo la buena prosa sorprende porque no hay la menor dejadez, hay una precisión, una exactitud en el manejo de los adjetivos y de los adverbios sobre todo que es el gran problema donde suelen pecar mucho los escritores latinoamericanos, pero él nunca pecaba, elegía sus adverbios y sus adjetivos con extraordinaria precisión. Rivera Martínez era un hombre sumamente modesto, algo tímido probablemente y que no le gustaba hablar de sí mismo, para nada. Era el tipo de escritor que no se promueve a sí mismo, que, por el contrario, tiene una humildad que es muy sincera, que es muy auténtica, de tal manera que era incapaz de promoverse y seguramente esto le restó, digamos, proyección a sus libros, pero yo creo que esos libros se van a ir imponiendo poco a poco, que ya figuran entre los libros importantes que se han escrito y que, de alguna manera, dan una presencia serrana, una presencia andina a la literatura de nuestro país”.

Libro País de Jauja.