Chabuca Granda y su voz poética: Cómo será mi piel junto a tu piel

Este 3 de septiembre se cumplen 100 años del nacimiento, en Apurímac, de Chabuca Granda, la más conocida de nuestras creadoras musicales en el mundo. En sus obras tendió sólidos puentes entre la poesía y la música.

La Republica
Modernización del valse en letras y melodías, valorización de los géneros afroperuanos, poesía en sus obras musicales. El aporte de Chabuca Granda aún se sigue dando.

Por Carlos Páucar

Cuando alguien le dijo que era toda una poeta, Chabuca Granda lo detuvo, le dijo que solo era una letrista. Cuando otro afirmó que sus creaciones ya eran parte de nuestro folclore, también le pidió prudencia. Comentó que el tiempo diría si sus canciones iban a ser parte de un sentir colectivo.

En este 3 de septiembre, día en que se celebra el centenario del nacimiento de la compositora peruana más conocida en el mundo, sus biógrafos dirán que María Isabel Granda Larco (Cotabambas, Apurímac, 1920) le cantó al alma de la ciudad, a sus personajes y lugares, a sus costumbres y tradiciones, a los rincones que sintió suyos.

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Y dirán que se acompañó de magníficos instrumentistas, como los guitarristas Lucho González, Rafael Amaranto, Oscar Avilés, Félix Casaverde, Álvaro Lagos.

Además del cajón y el guapeo de “Caitro” Soto. Y el baile y rítmica de Eusebio Sirio “Pititi”.

También recordarán que utilizó diversos géneros de la música costeña. Que recurrió a muy pocos instrumentos como la guitarra, el cajón, el cencerro y la cajita.

En su primera etapa como compositora, le cantó a Lima, a sus personajes y tradiciones.

Y que su voz no fue la de una diva del canto, más bien era un susurro dialogante e íntimo, en su ’afán de cantarle a los cauces del río hablador’.

Versos para Chabuca

Pero un detalle que suelen obviar los biógrafos de Chabuca Granda es esa pasión por la poesía, aquella que tanto le gustaba leer, como cuenta su hija Teresa, aquella que le sirvió para innovar la música popular costeña del Perú.

Aquella que la unió a creadores de la talla de Juan Gonzalo Rose y César Calvo, y que hizo que le dedicara diez canciones a Javier Heraud.

Al poeta caído en Madre de Dios le escribió, “ay hermano si pudiera suplicarte/ suplicarte tan fuerte que volvieras / desde un triste tañer, joven ausente / alerta estoy a tu costado abierto” (Las flores buenas de Javier).

Se impuso a los prejuicios, al machismo de la época, a una clase social que no gustaba de la presencia de la mujer en la música popular.

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Y en esa misma composición, como un lamento, le anuncia que “las sombras, los silencios, los dolores / lloran aún más hondo al recordarte / haciendo guerra con tus flores buenas (Las flores buenas de Javier).

Ante esa partida trágica del poeta, la creadora de versos y canciones se resigna: “Mar adentro habré muerto / y para entonces renunciaré a pedirte / que me busques” (En la margen opuesta). Y anuncia que es “una granada el verso detonado” (El fusil del poeta es una rosa).

A Javier Heraud, Violeta Parra, Juan Gonzalo Rose, les compuso canciones. Su amistad con Calvo fue hasta sus últimos días.

Chabuca Granda le cantó a Heraud, en su segunda etapa como creadora -según la división que hacen los conocedores de su obra melódica-, distante de su primer ciclo en que le compuso a Lima, a sus personajes y tradiciones.

También le dedica uno de sus más bellos temas a la chilena Violeta Parra, cantautora, folclorista, poeta, quien no se suicidó por amor como dicen, sino por orgullo, como escribió en una carta. “Cómo será el gemido y como el grito / al escapar mi vida entre la tuya / y cómo el letargo al que me entregue / cuando adormezca el sueño entre tus sueños” (Cardo o ceniza).

Calvo y Rose

Un personaje clave en su mayor acercamiento a la poesía fue César Calvo, miembro de la generación del 60. Poeta seductor, amigo de los animales, aventurero y bohemio, le hizo conocer la poética de Heraud y le informó sobre su trágica muerte en Madre de Dios.

También para ella fue importante Juan Gonzalo Rose, y por eso le dedica Río de vino (”Yo fui río también / y mis aguas cansadas huyeron / y yo me agosté). Ambos impactan en la vida y obra de la compositora nacida en Apurímac.

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Con Calvo crean esa bella página musical llamada María Landó (“La madrugada estalla como una estatua / como una estatua de alas que se dispersan por la ciudad”), que Susana Baca canta con tanto sentimiento.

De cariño, le llamaba hijo a Carlos "Caitro" Soto. Y él le decía mamá. Chabuca le dio protagonismo a la música afroperuana.

Su poder versificador ya lo había demostrado en las composiciones de su primer ciclo, que dedicó a Lima, a Barranco, a sus personajes:

“Recogía la risa / de la brisa del río / y al viento la lanzaba, del puente a la alameda” (La flor de la canela).

“Puentecito tendido / sobre la herida de una quebrada” (El puente de los suspiros).

“La veredita sonríe / cuando tu pie la acaricia” (Fina estampa); “Fina garúa de junio / le besa las dos mejillas / y cuatro cascos cantando van camino de Amancaes” (José Antonio).

Lo afroperuano

En sus creaciones con ritmos afroperuanos sus temas no dejaron de tener metáforas y alegorías.

En Camarón le hace decir al fiero gallo “deja ya de acariciarme y quítame, gallero, trabas”; en El Surco proclama “si gritando se llora para callar / y mi vaso sediento no llega al mar”; y en Canterurías menciona “todas las puertas cerradas, todas perdidas / todas las calles ajenas, sordas, todas sombrías”.

En estos 100 años de esta cantora, poeta, que desafió a la familia y a la sociedad conservadora al decidir ser artista y cantar valses, a la que no le importó ser señalada por ser divorciada y salir en actuaciones en el entorno machista de la época, hay que señalar que su figura se sigue acrecentando por ser emblemática, valiente, revolucionaria, y por la estética de sus composiciones.

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Chabuca hilvanó un fuerte lazo entre la música y la poesía a lo largo de toda su obra, con la que se distanció del valse peruano tradicional y que le atrajo la admiración a nivel internacional.

La obra de Chabuca Granda pertenece a uno de los capítulos más importantes de nuestra música popular peruana.

Pero la violenta muerte de Heraud fue el detonante de su poética más social. Así lo aceptó ella. Así lo cantó.

“La sangre que entregaste nos ahoga / desde el fondo del tiempo y tu canoa” (Las flores buenas de Javier).

“De ahí nunca más le canté a Lima como le había cantado”, reconoció ella misma en una conmovedora entrevista, que le hizo el periodista César Hildebrandt.

La música nuestra y la poesía fueron una, se tomaron de la mano, gracias al genio creador de Chabuca Granda.

Un aporte de belleza y de celebración a la vida.