Rubem Fonseca decía que los escritores no pueden discriminar las palabras

El escritor brasileño Rubem Fonseca acaba de morir. Revolucionó las letras de su país con un lenguaje directo, violento, erótico. Aquí una semblanza de su vida y obra.

La Republica
El escritor brasileño Rubem Fonseca tuvo una pluma cruda y desgarradora.

El misterio que imprimió en cada una de sus novelas fue el mismo que marcó la vida del escritor Rubem Fonseca (1925-2020) -reseña EFE-, un revolucionario de las letras que con un lenguaje directo, violento, erótico y vulgar imprimió de “brutalismo” a la literatura brasileña.

Tan intrigante como la trama de sus obras, el autor de “Agosto”, “El Cobrador” o “El gran arte”, vivió hasta sus 94 años como una especie de ermitaño, narrando las truculentas historias que marcaron su estilo.

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No obstante, el ganador de premios tan importantes como el Juan Rulfo, el Jabuti o el Camoes, considerado el Nobel de la lengua portuguesa, Fonseca nunca concedió una entrevista en Brasil y aunque prefería el anonimato, quienes le conocían de cerca lo describían como una persona sencilla y con buen sentido del humor.

Fonseca no solo destacó como novelista, también fue reconocido por sus cuentos y ensayos e incluso por algunos guiones cinematográficos a los que dio vida con su pluma cruda y desgarradora.

Sus obras, en su mayoría policíacas, describen el día a día de la criminalidad, la prostitución y las desigualdades sociales y protagonizan la realidad de un submundo ficticio.

Incluso Mandrake, el abogado criminalista que fue uno de los personajes centrales de los libros “El Gran Arte” y “La biblia y la bengala” inspiró la serie “Mandrake” (2005), producida por HBO y representada por el actor brasileño Marcos Palmeira.

EL ORIGEN

De origen mineiro -Fonseca nació el 11 de mayo de 1925 en la ciudad de Juiz de Fora (Minas Gerais)- el escritor brasileño pasó su infancia en Río de Janeiro, donde luego se formó como abogado.

En la capital fluminense tuvo su primer trabajo como comisario de policía, que le daría la materia prima y el estilo propio para muchas de sus obras y que lo llevaría a estudiar Administración de Empresas en Estados Unidos. Poco tiempo después de su regreso a Brasil, en plena dictadura, se dedicó por completo a la literatura.

En sus obras se retrata sin miedo y de forma cruda la naturaleza humana y el mismo Fonseca reconocía que como autor debía decir lo que otros no se atrevían a mostrar.

Por ello, siempre apostó por un lenguaje “obsceno” en sus publicaciones y defendió que los escritores no pueden “discriminar las palabras”.

“Yo escribí 30 libros. Todos llenos de palabras obscenas. Nosotros escritores no podemos discriminar las palabras. No tiene sentido que un autor diga ‘eso no puedo usar’”, sentenció en la ceremonia de premiación del galardón Machado de Assis, otorgado por la Academia Brasileña de Letras, en 2015.

Algunas de sus obras narran la historia a través de la ficción, como es el caso de “Agosto”, donde cuenta las conspiraciones que terminaron en el suicidio del presidente Getúlio Vargas.

Su enigmática personalidad lo acompañó hasta el final de sus días, donde insistía en mantenerse anónimo tras una gorra y unas gafas oscuras cuando salía a caminar por las calles de Leblon, el barrio donde vivió los últimos años en la “cidade maravilhosa”.