Akshu Tatay

Sonaly Tuesta

@larepublica_pe

22 Feb 2020 | 6:41 h
La Republica

“Dicen que cuando danzan imitan a la naturaleza, a las plantas, a los animales...”.

Ay, cómo describir la sensación tan bella de ver el campo inmenso, lleno de verde y morado. El corazón se te arruga y sospechas que es otro mundo, distinto al tuyo, el que trae febrero a Sapallanga (Huancayo, Junín).

Ya está floreando la papa, señal de que ha llegado el Akshu Tatay, el recultivo, el segundo aporque del tubérculo que más consumen peruanas y peruanos. El de las tres mil y tantas variedades, el que se malbaratea en el mercado y hasta se importa, porque aquí son tan diversos y singulares.

No. La ritualidad es necesaria. Imprescindible. Aquí no funcionan los números. Solo la herencia y la costumbre. Para estas mujeres y varones es vital recordar a sus ancestros, evocar a sus abuelos y escuchar lo que ellos decían en medio de la emoción del festejo: “Si alguna vez, cuando me haya ido, me dicen que podría volver, regresaría para el Akshu Tatay”.

Olinda arregla las dalias con tanto cariño y adorna su sombrero. Tan colorida está como las serpentinas, y hasta un poco de talco le han puesto en las mejillas. Se ve hermosa como sus paisanas, como la Grimalda que viene ahora y zapatea mientras canta, mientras les regala versos a las flores, a las aves, al viento y a la tierra.

Dicen que cuando danzan imitan a la naturaleza, a las plantas, a los animales. Conversan, se van truqueando. Saben si vendrán buenos o malos tiempos. La papa se pondrá bonita y habrá buena cosecha.

El Akshu Tatay, me cuentan, es el origen del tradicional Huaylash antiguo, ese emblema nacional que se baila con energía en el Valle del Mantaro.