Los personajes de Carolina Cisneros exponen universos o situaciones psíquicas. Foto: Antonio Melgarejo
Los personajes de Carolina Cisneros exponen universos o situaciones psíquicas. Foto: Antonio Melgarejo

Carolina Cisneros: “Los miedos, las culpas son el pan de cada día”

La escritora ha publicado Mi falda hasta los tobillos, una novela en la que interpola, por un lado, una forma conservadora y, por otro, la posibilidad de deshacerse de ella.

Pedro Escribano
15 Feb 2020 | 5:31 h

Carolina Cisneros suele escribir desde los resortes interiores. Antes que mirar los alrededores, el paisaje social, sus personajes más bien exponen universos o situaciones psíquicas. Eso ocurre con Rebeca, la protagonista de su novela Mi falda hasta los tobillos (publicada por Borradores Editores).

Rebeca es una muchacha que vive con su madre y abuela materna. Ha crecido bajo las formas y moral de una familia, conservadora, pero pronto, cuando la cambian de colegio, todo estalla y se le complica la existencia.

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¿La novela intenta exponer el universo de la adolescencia?

No necesariamente. A pesar de que todo empezó como un proyecto de cuento para adolescentes, con el transcurso del tiempo, el cuento se convirtió en una novela que intenta exponer el universo de Rebeca, que resultó ser una adolescente, un personaje complejo, con sus particularidades, con sus propios conflictos, alguien único.

¿Cuáles fueron los resortes, las motivaciones para concebir un personaje como Rebeca?

Curiosamente, desde que empecé a escribir el cuento, apareció ese nombre y su esencia, pero aún muy rudimentaria. El tiempo se encargó de ir descubriendo más de ella. A eso se suma un background de lecturas de libros de psiquiatría, de psicología, de Jung, Freud, etc. Siempre me ha gustado la psicología, por lo tanto, ya tenía alguna base para poder crear un personaje complejo. También contribuyó el seguir lecturas de libros de ficción, uno por semana, en primera persona, como La sombra del viento; Lolita, de Nabokov; El libro de los placeres, de Clarice Lispector; Requiem, de Tabucchi; Ciudad de cristal, de Paul Auster; entre otros que me ayudaron, además de ganar fluidez, a aprender cómo se escribe en primera persona con estilos únicos y con personajes muy bien caracterizados.

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Los talleres con Alonso Cueto y los integrantes de la Mansión de la magia también ayudaron mucho. Sumémosle a eso que, retrocediendo en el tiempo, también estudié en dos colegios de monjas. Y entendí de dónde venían las faldas largas y el “buen comportamiento”. Y si sigo indagando, podría decir que todos en algún momento de nuestras vidas hemos tenido conflictos de identidad. Y siempre ha habido algún tipo de rebeldía. La adolescencia es una de ellas. ¡Qué gran base para crear algo! Y siempre llevamos algo de nuestras características en lo que escribimos, nuestra forma de pensar, algo que nos haya incomodado, algún hábito, etc.

¿El título Mi falda… es un símbolo de una visión conservadora que va a colisionar con otra, moderna?

Definitivamente. Pero además, Mi falda... es un símbolo de la represión, de la carga de nuestros antepasados, de nuestro lado oscuro.

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En la novela, la falda se convierte en motivos de conflictos existenciales…

Sí. Es increíble ver cómo un pedazo de tela convertida en falda pueda generar tanto. Lo que me hace pensar que la identidad está también conformada por todo lo material, por más espirituales que pretendamos ser.

El drama de Rebeca es que, por un lado, incuba la rebelión y, por otro, tiene el peso de una educación sentimental (la de la abuela) que la reprime.

Es algo con lo que la mayoría vivimos. Nacemos con una esencia y en el camino nos imponen otra. Y por más rebeldes que queramos ser, la carga de la educación y crianza puede llegar a ser más fuerte porque se queda grabado en nuestro inconsciente. Solo con el tiempo podemos deshacernos de ella, y ni siquiera completamente. Los miedos, las culpas son el pan de cada día. Y cuanto más fuerte es la represión y el conflicto, más complicado es el proceso de cambio. Terminamos haciendo cosas que tal vez no hubiéramos querido hacer, como el caso de Rebeca. Nuestro lado oscuro sale más a flote porque necesitamos ese equilibrio.

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Tiene coraje, pero también tiene miedo. ¿Apuntó más al perfil psicológico del personaje?

Por supuesto. Yo quería y tenía que ser así: un personaje completo y complejo, con su lado oscuro y su lado luminoso. Porque así somos todos. Tal vez no lo queramos ver o no lo notemos porque no siempre nos damos el trabajo de autoanalizarnos. Pero si lo hiciéramos seguido nos llevaríamos grandes sorpresas.

Si el personaje vive conflictos interiores, ¿una narración lineal, directa fue la mejor opción para contar la historia?

Yo creo que sí. Con haberlo escrito en primera persona ya di un gran paso, porque imagino pude convertirme en ese personaje, pude hablar como Rebeca, pude pensar como Rebeca. Incluso, me parece, la narración lineal le da más ritmo, más movimiento, más intensidad porque la historia y los conflictos de Rebeca van in crescendo.

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