La batuta mágica de Gustavo Dudamel llega al Perú este año

Gustavo Dudamel ofrecerá un concierto con la Mahler Chamber Orchestra en agosto próximo en el Gran Teatro Nacional.

Histórico. El prodigioso director venezolano, discípulo del maestro José Antonio Abreu, ofrecerá un concierto con la Mahler Chamber Orchestra en agosto próximo en el Gran Teatro Nacional.

Wilber Huacasi
09 Feb 2020 | 5:16 h

“Tú puedes ver también la música”. “¡Que se sienta la sangre!”. Ese hombre que con sus palabras le pone carne y hueso a las sinfonías de Beethoven, que le arranca truenos a la obra de Mendelssohn y que le inyecta, por las venas, sangre latina a la creación de Mahler, ese hombre se llama Gustavo Dudamel, músico prodigioso venezolano que llegará por primera vez al Perú en el mes de agosto para dirigir un concierto con la Mahler Chamber Orchestra (MCO), en el Gran Teatro Nacional.

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Nacido musicalmente en las canteras infantiles de “El Sistema” de Venezuela, Gustavo Dudamel es desde hace una década director musical y artístico de la Filarmónica de Los Ángeles, Estados Unidos. Antes de cortar relaciones con la tiranía de Maduro, hecho ocurrido en 2007, este músico genial de cabello ensortijado llevó con su batuta al reconocimiento de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar como una de las cinco mejores del mundo.

Los inicios

Ver a Dudamel jugando como un niño con su batuta como si fuera una espada, frente a los músicos de la Filarmónica de Los Ángeles, en un ensayo de una obra de Tchaikovsky, nos hace viajar hacia su infancia: tenía 7 u 8 años cuando nació a la música. Ocurrió un día en que su padre, Óscar Dudamel, luego de ver que el pequeño ordenaba sus muñecos como una orquesta y los dirigía, decidió regalarle su primera batuta.

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El mismo Gustavo suele recordar que a esa edad se imaginaba dirigiendo un capricho italiano de Tchaikovsky mientras lo escuchaba en un disco.

Gustavo vivía en un universo de música clásica y popular. Así, a los diez años formó con un vecinito suyo el Dúo Larense, para ejecutar temas al amparo sonoro de un cuatro venezolano. Gustavo ejecutaba apenas tres acordes, pero eran suficientes para el repertorio popular. “¡El Dúo Larense, para echarle candela al presente!”, gritaban, según evoca en una entrañable entrevista con el periodista Leonardo Padrón.

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Gustavo Dudamel tuvo luego un segundo nacimiento musical y aquí surge un personaje clave en su biografía y en la historia musical de América Latina: el maestro José Antonio Abreu, creador de “El Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Juveniles e Infantiles” de Venezuela.

Un día, cuando el pequeño Gustavo ya formaba parte de “El Sistema”, aprovechó la ausencia del director de la orquesta y, entre bromas, se puso a dirigir sin batuta a los miembros del grupo.

José Antonio Abreu le dio la confianza, y a los doce años lo puso frente a una orquesta para dirigir Malambo, de la suite Estancia, de Alberto Ginastera. Todo fue veloz.

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Un día Gustavo Dudamel estaba estudiando en el conservatorio de su natal Barquisimeto, y el maestro Abreu lo llamó a Caracas para dirigir, pues habían programado una gira con la Orquesta Nacional, Juvenil e Infantil de Venezuela.

En 2004, cuando Gustavo Dudamel tenía 23 años, nuevamente su maestro Abreu le propuso participar en el concurso en homenaje al compositor austriaco Gustav Mahler. Eran unos trescientos postulantes congregados en Alemania. Quedaron 16. Al final, Gustavo Dudamel, el joven prodigioso, fue anunciado como ganador. El siguiente peldaño ya era la fama mundial.

El estilo Dudamel

Gustavo Dudamel dirige sin partitura. Asegura que eso le permite tener una mejor conexión con los músicos. Esa conexión se hace más notoria en sus célebres ensayos.

“¡Fortísimo!”, le grita Dudamel a un chelista, en un ensayo. “¡Fortísimo —le insiste—, ¡esa no es cara de fortísimo!” El chelista tenía más bien un gesto alegre.

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En otro ensayo, Gustavo Dudamel interrumpe a los músicos de la Filarmónica de Los Ángeles y ruge imitando una fuerza expresiva en las cuerdas. Les lanza una explicación de lo que él llama el “allegro guerrero”, para ejecutar con furia el arranque de la Sinfonía 3 en La menor de Mendelssohn.

En otra práctica con público ejecutan la tercera parte de la Sinfonía 1 en Re de Gustav Mahler. Dudamel pide a un músico ejecutar un fragmento del oboe. “Es como un tango, ¿no?”, reflexiona. Y enseguida agrega en inglés: “Maybe Mahler had a latin blood”. (Quizás Mahler tenía sangre latina).

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Dudamel es más atrevido. Pide en el mismo ensayo ejecutar las trompetas con la técnica del vibrato. Reconoce que esa técnica no es común en la música clásica y está reservada, más bien, a la música popular. No le importa. Cuando los músicos ejecutan, la obra de Mahler viaja más rápido hacia el corazón. El público que asiste al ensayo reconoce el cambio y lo celebra.

Dudamel acompaña su explicación con representaciones narrativas: “Es como cuando vas por la calle y hay una pequeña banda y hay dos trompetas pidiendo dinero: You know, I am hungry (¿sabes?, tengo hambre)”.

Al final proclama como reflexión final: “You can see also the music”. (Tú puedes ver también la música).

Amigo del Perú

Gustavo Dudamel llegará al Perú con toda esa energía para dirigir la Mahler Chamber Orchestra, una institución conformada por músicos de veinte países distintos.

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Su visita será la reafirmación de una amistad nacida a instancias de Juan Diego Flórez. Testigo de excepción es Miguel Molinari, director ejecutivo de “Sinfonía por el Perú”, quien acompañó al tenor a Venezuela en 2009, cuando Gustavo Dudamel lo invitó para un concierto.

“El maestro Abreu recibió a Juan Diego en el aeropuerto con una orquesta y un coro que interpretaron el Himno Nacional”, recuerda.

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En el concierto, Juan Diego Florez interpretó “La flor de la canela”, con la dirección de Dudamel. La escena se repetiría al año siguiente en un memorable concierto que ofrecieron juntos en Los Ángeles.

En aquella visita a Venezuela, Gustavo Dudamel llevó a Juan Diego Flórez y Miguel Molinari a Barquisimeto, su tierra. “La abuela de Gustavo nos echaba siempre la bendición”, recuerda Molinari. La visita tenía por objetivo conocer cómo funcionaba “El Sistema”. Fue entonces que el tenor peruano decidió crear “Sinfonía por el Perú”.

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Aquella visita, recuerda Molinari, coincidió además con el cumpleaños de Gustavo Dudamel. Hubo una reunión social entrañable en casa de Abreu. Juan Diego interpretaba temas populares de América Latina y Gustavo ejecutaba el violín, junto con familiares de ambos, también músicos.

Ahora Gustavo Dudamel devuelve la visita al Perú para un concierto que ya se anuncia histórico.

Datos

Concierto. Dudamel dirigirá la Mahler Chamber Orchestra el 5 de agosto próximo en el Gran Teatro Nacional. Entradas en Teleticket.

Programa. El repertorio incluye piezas de Arnold Shönberg, Franz Schubert y Ludwig van Beethoven, entre otras.

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