Puede ver ‘Pasionarias’ este 31 de enero a las 8 p.m. en el Icpna de Lima centro, jirón Cusco 446.
Puede ver ‘Pasionarias’ este 31 de enero a las 8 p.m. en el Icpna de Lima centro, jirón Cusco 446.

Baile rebelde: la performance de La Trenza Danza

Performance. En el mes de Lima, La Trenza Danza se impone con ‘Pasionarias’, una puesta en escena que critica el machismo que pervive en los espacios del criollismo.

Juana Gallegos
31 Ene 2020 | 3:47 h

Dice la bailarina profesional Luz Gutiérrez que una danza coreográfica no se debe limitar a la expresión de movimientos sincronizados, pues también puede servir como medio para cuestionar el statu quo. Ese fue el disparador para que la también exdirectora del Conjunto Nacional de Folklore del Perú creara ‘Pasionarias’, una performance en la que 26 bailarines profesionales representarán, entre valses y jarana, las expresiones más flagrantes del machismo en el mundo del criollismo.

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Durante varios meses, Gutiérrez realizó una exhaustiva investigación entrevistando a músicos criollos y visitando los espacios bandera de esta expresión del limeñismo. Su primera sorpresa fue descubrir la existencia de compositoras peruanas −más allá de Chabuca Granda y Alicia Maguiña− que, en la edad de oro del criollismo, escribían letras de valses y polcas de tanta calidad como los varones, pero que, finalmente, fueron olvidadas.

La también directora de La Trenza Danza asistió varios fines de semana a fortines donde se canta, baila y piensa la música criolla para saber cómo interactuaban los hombres y las mujeres, quería explorar y averiguar cuál era el rol femenino en esos dominios.

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En La Catedral del Criollismo, por ejemplo, uno de los últimos reductos de la jarana que abre sus puertas los viernes de cada mes, Gutiérrez confiesa que ni bien entró en la reducida sala, se sintió tasada como una presa: “Buenas noches, señorita, ¿a qué se debe su distinguida presencia? ¿Cómo nos va a engalanar esta hermosa flor?” Fue el saludo que recibió de los anfitriones, hombres todos, con cajón, guitarra y botella de pisco en mano.

“Con ese tipo de piropos y halagos te colocan en un plano pasivo, ‘quédate sentada, solo debes estar aquí para ser admirada’, te dicen entre líneas […] Y si dices que sabes cantar te retarán a hacerlo, y solo si cantas bien serás respetada y bienvenida”, comenta Gutiérrez.

Si bien en El Sabor de la Marinera, un restaurante jaranero de Breña, el ambiente es más abierto para las mujeres, estas siguen cumpliendo un rol secundario. “Ellos están sentados tocando y ellas son las que están prestas a pararse para organizar el espacio para el baile o para servir el piqueo y los tragos”, cuenta la investigadora, quien sumó todas estas experiencias para darle forma a su puesta en escena.

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El hallazgo mayor que nutrió su propuesta, subraya Gutiérrez, fue la referencia que hizo su madre sobre ‘La Pasionaria’, un vals que ya había escuchado en las jaranas de la familia y que cobró un nuevo significado cuando supo sobre su origen. “Fue una composición que escribió Carlos Ayarza, apodado Karamanduka, inspirado en Dolores Ibárruri, una política española conocida como La Pasionaria, quien creó un movimiento libertario con las esposas de los obreros en los años cincuenta. Las pasionarias son mujeres anónimas: poetas, compositoras, mujeres que son silenciadas, mujeres comunes, mujeres luchadoras”.

Sobre la base de este personaje, construyó la bailarina su propuesta escénica ambientada en los años cincuenta, y en la que los bailarines recrean intensos momentos al ritmo del cajón, guitarra, percusión y voces en vivo. A medida de que el tema musical cambia, la presencia de las mujeres del elenco −vestidas al estilo pin up de los 50− se hace más fuerte. De ser retratadas como las pícaras admiradas por su coquetería, como en aquel vals ‘Mechita’, pasan a sincerar sus miedos y la violencia que vivieron con el vals ‘Paisana de mis alturas’, entonces se tapan la boca, se paralizan, parece que les pesara el cuerpo. Y la figura de La Pasionaria se eleva llamándolas a la resistencia.

Tras momentos dramáticos como este, la puesta da un giro y las mujeres gritan los versos de ‘Parlamanías’, un vals de Serafina Quinteras, madre de la poeta Blanca Varela, una de las plumas más chispeantes e ingeniosas de la época. Con ‘Pasionarias’, Luz Gutiérrez cumple su sueño de ver a las mujeres empoderadas en el ambiente criollo.

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