Ricardo Chadwick: “Lo historia que cuento me debe salir del estómago”

Creador. Ricardo Chadwick dice que de la publicidad lo que más le gusta es el lado narrativo.
Creador. Ricardo Chadwick dice que de la publicidad lo que más le gusta es el lado narrativo.

El reconocido publicista y escritor ha publicado El silencio entre nosotros, una novela que narra una historia familiar, conmovedora, de una pareja de sordos.

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Es publicista, entre otros premios, tiene nada menos que el del festival de Cannes de Lions. Ricardo Chadwick se aventuró a escribir su primera novela, El silencio entre nosotros, (Plaza & Janés) porque siempre quiere hacer ficción. La historia que narra no es ajena a su persona, es una historia familiar, pero ha hecho todo lo posible para esquivar la llamada autoficción.

La novela cuenta la historia de Richard y Silvana, en la vida real padres de Chadwick. Richard era sordo, llegó a Lima junto con sus padres en 1934 desde Londres. La familia vivía una depresión económica. Silvana también era sorda y llegó al Perú en 1944, desde Padua, Italia. Vino con su familia, su padre Rafaello era un exsoldado que fue reclutado para luchar por Mussolini y que terminada la Segunda Guerra Mundial escapó de la cárcel para no terminar fusilado. Esas son la esencias, materia prima con que Ricardo Chadwick crea una ficción.

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Usted es publicista, ¿qué le arrojó a hacer ficción?

La ficción es parte de la vida de un publicista. El publicista se basa en una realidad, una realidad que es un producto. Uno recibe una serie de informaciones y tenemos que trabajar con la verdad, porque un publicista, al menos dentro de la ética, tiene que moverse dentro de una realidad, tiene que unirlo a una ficción para hacer la historia de ese producto. A mí, lo que más me llamó de la publicidad y lo que me enamoró fue más bien la ficción, la parte narrativa, la idea de contar historias.

O sea, la tentación de hacer ficción ha estado siempre.

Antes de estudiar Publicidad, mis inclinaciones iban por la narrativa, por contar ficción, por hacer cine. Lo que pasa es que yo salgo del colegio el año 88, al final del gobierno de Alan García, la crisis, el terrorismo, entonces, ¿cómo pensar hacer cine en este país? Hubo pocos que se atrevieron, yo no estaba entre ellos. Entonces, en la publicidad encontré una forma de hacer la vida, haciendo un poquito lo que me gustaba, contar historias.

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Y se animó a contar una historia familiar…

Sí, había estado buscando una historia para contar. Después de más de 27 años haciendo publicidad, con 50 años de vida y con una empresa, bueno, fue momento de empezar a trabajar en algo personal. Y me encontré con la historia de mis padres. Esa es la historia que yo necesito contar, la que me sale del estómago, de las entrañas y que quiero compartir. Y cuando pensé en el formato, pensé que la novela era el más adecuado. Hacer una película hubiera sido una locura por el presupuesto. Además, con mi inexperiencia como director, bueno, también como escritor, pero en este último uno se va preparando y se va rodeando de gente capacitada.

En la novela, la sordera es uno de los rasgos más fuertes de los protagonistas, ¿fue el móvil para escribir El silencio...?

Yo soy el hijo de padres sordos. He vivido una historia bien particular. Lo curioso es que a lo largo de mi vida la sordera no ha sido un conflicto. Ha sido más bien un ejemplo espectacular de cómo afrontar la vida con optimismo y sin lamentarse de la suerte que le toca a cada uno. Mis padres lo lograron todo. Más bien, a estas alturas de mi vida, cuando miro hacia atrás, puse en valor lo que ellos han hecho y dije: tengo que contar esa historia. Cuando empiezo a escribir, mi padre ya había fallecido hace cinco años y lo extraño. Escribir esta novela ha sido una oportunidad para estar cerca de él otra vez.

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Los protagonistas padecen de sordera, sin embargo tienen buen nivel comunicacional. La novela salió inclusiva.

Es verdad. Y creo que es mi perspectiva como autor que genero que vean a mis padres de una manera muy natural. Los sordos entre sordos se comunican muy bien. Y entre ellos, como se aprecia en la novela, la comunicación fluía. Cuando estaban fuera de su territorio o recién conocían a una persona, podía haber un cortocircuito, pero después todo fluía. Ellos fueron entrenados en la lectura labial.

Rafaello es un hombre arrojado por la guerra…

El caso de Rafaello es la historia de muchos italianos que pelearon para Mussolini durante la Segunda Guerra Mundial. Eran reclutados. Mi abuelo era topógrafo, no quería ser soldado, pero le dieron y le obligaron a dispararla. Lo acusaron de aliado de Mussolini y terminó preso. Tuvo que escapar de la cárcel a medianoche y venirse al Perú. De otra forma, probablemente, hubiera sido fusilado.

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Está el tema de la migración. La otra familia viene de Londres.

En realidad, hay una familia de Inglaterra, deprimida, que ya no tiene mucho trabajo. Claro, pero es distinto, porque mi otro abuelo, el padre de Richard, sí logra hacer un poco dinero trabajando para los trenes en el Perú. Mi abuelo Rafaello, que tenía un hermano ingeniero civil aquí, llegó con los traumas de la guerra que lo llevan simplemente a morir.

La novela pinta también la época de entonces de Lima.

Hay una visión de la ciudad de cómo va cambiando con estos personajes. Es una sensación que estaba presente a la hora de escribir, valía la pena meterse un poquito a contar los cambios de la ciudad.

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Los cambios que aplica la modernidad.

Sí, la modernidad influye en los personajes, porque, además, como es una historia de migración, los personajes entran a una ciudad que comienza a tener un ritmo distinto a la ciudad de la que ellos vienen. Por ejemplo, los que vinieron de Italia hacen su vida y vienen a una Lima que está en otro estadio. Además, llegan a una clase social en donde ellos tienen que aparentar. Silvana va al colegio Raimondi junto a los hijos de los D’Onofrio. Y la familia de mi padre, que eran ingleses, tenía la capacidad económica, pero no tenían la voluntad de aparentar nada. Los ingleses eran bastante más austeros.

¿Hubo coincidencia que se encuentren entre sordos?

Es bastante común que lo sordos se emparenten entre ellos. No era tanto una casualidad. Mi padre era amigo de muchos de la asociación de sordos. Mi madre solo conoció a otros sordos cuando conoció a mi padre. A ella le dijeron que hay unos chicos ingleses sordos en tal sitio y sin más se dirigió y conoció a mi padre.

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Era de armas tomar...

Mi madre es una máquina y mide metro y medio. Aún vive y estuvo en la presentación del libro. Está muy bien y maneja auto. En la novela se recrea cómo conoce a mi padre. Ella era muy joven pues mi padre tenía 46 años.

Leyes de la ficción

En la novela hay un pasaje como que cierra el círculo. Uno se pregunta si es ficción.

Solo diré que esta novela es una ficción. Mira, lo que yo he tratado es trasladar las esencias de mis padres a la historia. Está, por ejemplo, la nobleza de mi padre y la forma cómo encaró su discapacidad, con paciencia. Mi madre fue muy diferente, la encaró de una manera muy aguerrida, muy tenaz, con mucho coraje, como un motor de un Mustang de los 60. Juntos fueron una dupla espectacular. Todo lo demás, los personajes están ficcionalizados, aderezados para fines de la novela y para que el lector se entretenga con las leyes de la ficción. Hay partes que son fidedignas y las he trasladado tal cual y otras totalmente inventadas, que el lector elija la que quiera.

Dato

- El autor. Ricardo Chadwick nació en Lima, en 1970. Como publicita, también es fundador y director de la empresa de publicidad Fahrenheit DDB.