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Melba Escobar: “Hay hombres atrapados en su rol masculino”

Escritora colombiana vino a la Feria Ricardo Palma a presentar su novela La mujer que hablaba sola.

La escritora colombiana tiene una prosa segura y un mundo ficcional potente. Foto: Jorge Cerdán
La escritora colombiana tiene una prosa segura y un mundo ficcional potente. Foto: Jorge Cerdán
Pedro  Escribano

Llegó a la sala de prensa de la reciente Feria de Libro Ricardo Palma. Llegó suelta y resuelta. Y es que la escritora colombiana Melba Escobar, invitada de la feria, no solo tiene una prosa segura, un mundo ficcional potente, sino que también es una mujer de opiniones sólidas. Esta vez llegó a presentar La mujer que hablaba sola (Seix Barral), una novela que cuenta la historia de Cecilia Palacios, una mujer que se agarra a trompicones con su pasado y cuestiona sus decisiones tomadas, su vida matrimonial e incluso las razones de su maternidad. Y todo eso cuando su único hijo Pedro está involucrado en un atentado terrorista.

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En un momento Cecilia Palacios dice que tiene “ruidos en la cabeza”. ¿Tus personajes casi siempre tienen ruido en la cabeza?

Sí, toda la situación que vive Cecilia, por el atentado en que está involucrado su joven hijo Pedro. Ella vive un estado de crisis y todo ello le lleva a recordar cómo llegó a la maternidad y la relación que vivió con el padre de Pedro. Todo ello constituye un monólogo que es toda la novela.

Es una mujer que no está contenta de sí misma. El pasado es como un espejo que por donde mire, de él recibe golpes…

Yo creo que de todas maneras es el momento crítico que se está viviendo a lo largo de la historia. También creo que es todos los cambios que se están dando alrededor del tema femenino y lo que está pasando en este momento con el tema del Me Too. Es ese discurso que alrededor de las redes está muy fuerte, pero en la vida real, en la vida cotidiana, realmente las cosas no han cambiado mucho.

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Seguimos anclado al pasado...

La mayoría de la gente, aún en el siglo XXI, seguimos con los fantasmas del pasado y la sensación que tenemos como madres, esposas, es cierta obediencia, una cierta sumisión al hombre. Cecilia está en un conflicto en ejercer roles diferentes. Es una mujer muy libre, muy luchadora, muy liberal, pero, por otro lado, con una tradición encima.

En tu narrativa siempre filtras críticas contra el machismo. En esta novela rescatas a la mujer como heroína.

La novela es una historia de amor. Para mí es una historia de amor, de maternidad y de violencia. Creo que son temas que tocan en la vida de personas que vivimos en un país como Colombia. Con respecto al machismo, lo que me parece es que también los hombres a veces están atrapados en el rol masculino. Así como hay una mujer a la que le gusta ser princesa o reina de belleza, maravilloso, pero lo que se vuelve ya injusto es predeterminar que a las mujeres les corresponde ser bellas; como predeterminar que a los hombres les corresponde no llorar, tomar la iniciativa, ser el líder, ser el proveedor.

No predeterminarse.

Yo creo que ese tipo de creencias nos encierran, no nos permite actuar libremente como seres humanos.

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¿En tu novela La casa de la belleza, el spa es un espacio de refugio?

Es también un lugar de la intimidad. Las mujeres siempre hemos tenido la intimidad como algo muy especial, capacidad de confidencia, de confesiones, que no es tan común entre los hombres. Los hombres tienen una dinámica mucho más competitiva, en vez de estar contándose, están viendo quién gana más, quién tuvo más mujeres en su vida. En cambio, para las mujeres es mucho más fácil aceptar nuestras derrotas, fracasos y errores. Y ese es un rasgo que a mí particularmente me gusta muchísimo en el aspecto femenino y lo exploro mucho también en mis novelas. También reconocer que la debilidad puede ser una fortaleza. Cada vez es común encontrar a mujeres en espacios donde somos reconocidas por otras cosas. Hay más mujeres que escribimos, hay más mujeres científicas, profesionales. Mucho más que antes.

Pero el pensamiento, la conciencia crítica ha creado el feminismo como una puerta de liberación de las mujeres.

Yo creo que a las mujeres y a los hombres. Yo creo a todos. Seguramente a un hombre le gusta actuar como un machito, maravilloso, que lo haga, pero también si un hombre quisiera pintarse las uñas de rosado, también, que lo haga. Creo que el feminismo busca que cada quien pueda actuar libremente. Que el género no sea una camisa de fuerza, que obliga a actuar de una cierta manera.

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¿Feminismo o feminismos?

Sí. Yo creo que ahora no se puede hablar de feminismo, se tiene que hablar en plural, porque a veces hay distintas actitudes. Hay algunas mujeres que son más radicales. Creo que a veces actúan como una revancha, como si ahora nosotras debemos estar por encima del hombre. En mi caso particular, no creo que sea una guerra de poder. No el feminismo como una guerra de poder, lo que entiendo es que el feminismo es aceptar simplemente que es una igualdad de condiciones y que todos somos, al fin y al cabo, seres humanos, más allá del género que nos haya tocado en el cuerpo.

Cuando dices revancha, algo así de mujeres contra hombres...

Sí, pero aquí lo que es interesante es que el tema del feminismo haya salido a la calle. Hoy se habla de feminismo en un cafetín, en un bar, en un bus. Antes era un tema de conversación más de las universidades, de la academia, del especialista. El tema ha saltado a la calle. Aquello hace que busquemos reflexionar como sociedad alrededor de eso. El mundo se ve distinto desde un cuerpo femenino, desde una identidad femenina. Eso una buena señal.