Hamlet

“Ese es el tipo de teatro que sabe hacer Chela de Ferrari. Uno que nos conmueve y que nos abre los ojos sobre la importancia de ser parte del cambio en un país donde debemos desterrar la exclusión”.

Pedro Salinas
03 Nov 2019 | 2:30 h

Chela de Ferrari lo volvió a hacer. Con el apoyo de Jonathan Oliveros, Claudia Tangoa y Luis Alberto León, entre otros dramaturgos, ha montado en el teatro La Plaza una obra de antología. “Con ritmo, humor, poesía, corazón, tripas, hondura, emoción, fiesta”, como la describió Jeremías Gamboa en su Facebook. “Es uno de los espectáculos teatrales más impresionantes que se hayan visto en Lima”, dice. Y el arriba firmante no puede estar más de acuerdo.

Porque el Hamlet de Chela de Ferrari nos sacude desde el saque. Se trata de una versión libre del clásico de Shakespeare, con un Hamlet coral, representado por siete actores con síndrome de Down (Diana, Ximena, Álvaro, Octavio, Jaime, Manuel y Lucas) y una actriz con discapacidad intelectual (Cristina).

La propia Chela describe su Hamlet como “un tejido entre el texto de Shakespeare y la vida de los actores”, cuyo propósito es “acortar la distancia entre personas con dificultad cognitiva y personas neurotípicas”. El resultado es la desmitificación de muchos convencionalismos absurdos en torno a la condición del síndrome de Down.

Es imposible salir indiferente del teatro después de ver el Hamlet de La Plaza. Como comentó Gracia Angulo, mi novia, en su muro: Hamlet rompe tabúes y explicita los “prejuicios sobre la vivencia de la propia sexualidad, sobre su condición de ‘niños eternos’, sobre su capacidad para vivir una vida independiente y tomar decisiones, sobre su capacidad para mantener la concentración, rigor y disciplina que exige llevar un montaje como este. Ellos dialogan con el texto clásico a partir de sus propias experiencias y crean un nuevo texto, quizá más rico, más cercano, más duro también”.

El día que fuimos a verla, tocaba además conversatorio con las actrices. Y mi vecino de la butaca del costado levantó la mano pidiendo el micro. No para preguntar, sino para agradecer. Para reconocer que esa noche, luego de ver Hamlet, salía con sentimientos encontrados y con muchos prejuicios hechos añicos, fisurados y destrozados.

Ese es el poder y la magia del tipo de teatro que sabe hacer con portentoso talento Chela de Ferrari. Uno que nos conmueve, que nos confronta, que nos samaquea y que nos abre los ojos sobre la importancia de ser parte del cambio en un país donde debemos desterrar la exclusión.

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