Miguel Grau, un marino con mucha valentía y un padre amoroso

09 Oct 2019 | 2:35 h
Miguel Grau, El Caballero de los Mares, fue un hombre valiente, honesto y dedicado a la familia. Un ejemplo para todos los peruanos.
Miguel Grau, El Caballero de los Mares, fue un hombre valiente, honesto y dedicado a la familia. Un ejemplo para todos los peruanos.

Nuestro héroe fue un ser humano formado en la rudeza de la vida en el mar y a la vez un abnegado padre de 10 hijos.


Por Kathy Perales Ysla

Llega hasta nosotros la figura inmortal de Miguel Grau como el héroe máximo en un momento nefasto de nuestra historia, como lo fue la guerra con Chile. Todos sabemos que el mayor valor que nos ha legado Grau es el honor implícito en su inmolación, es un sentimiento de orgullo que nos da consuelo y nos lleva a olvidar por momentos el trasfondo de la pérdida de una guerra que nos dejó en la ruina.

Pero qué hay del ser humano, del hombre, del hijo, del padre y del esposo que fue Grau.

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Miguel Grau Seminario fue hijo de Juan Manuel Grau Berrío, un militar colombiano curtido por las guerras de la época que llegó al Perú como miembro el ejército libertador y que poco tiempo después, se supone que por amor, se estableció en Piura.

La madre, Luisa Seminario del Castillo fue una hermosa y distinguida dama piurana, de holgada posición económica, hija del alcalde provincial y regidor perpetuo del Ayuntamiento de Piura, casada con el capitán colombiano Pío Díaz, con quien tenía 3 hijos.

Miguel Grau fue un padre devoto de sus diez hijos. Aquí con el pequeño Enrique.

Sobre la pareja Grau Seminario se han construido y permanecido en el tiempo muchas historias orales, cada una más frágil que la otra.

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De lo que no hay duda alguna es que Miguel y sus tres hermanos: Enrique, María y Ana pasaron los primeros años de su vida bajo el cuidado del padre, enfrentando serios apremios económicos. Aunque las dos familias vivían en el mismo puerto de Paita, los hermanos Grau Seminario nunca tuvieron vínculo efectivo con su madre.

Al cumplir 9 años, el padre puso a Miguel bajo el cuidado de un entrañable amigo, Manuel Herrera Castellanos, capitán del velero Tescua. A partir de ese momento Grau se convirtió en ayudante del capitán, llegando a embarcarse en múltiples travesías.

Durante su primer viaje el mar lo bautizó de forma desmedida para su corta edad: el buque zozobró y el pequeño fue rescatado a punto de morir.

Grau y su familia en una imagen difundida por la Marina de Guerra. Don Miguel y Dolores Cabero fueron padres amorosos, idolatraban a sus hijos.

La impotencia del naufrago tiene que haber dejado una huella imborrable en Grau, porque el sentimiento volvió a él, cuando decidió salvar a los sobrevivientes del buque enemigo la Esmeralda. La acción fue alabada incluso por los chilenos y le ha valido el calificativo de El Caballero de los Mares.

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Los 10 años posteriores al naufragio de Miguel son descritos por José Agustín de la Puente Candamo, de la siguiente forma:

“Grau aprende por contacto humano y por propia experiencia todos los secretos de la maniobra y múltiples aspectos de la vida en el mar, forma su carácter y su personalidad en esa vida áspera y difícil, y gana la austeridad y el sentido del deber”.

No se equivoca el historiador al describir la rudeza con la que fue moldeado el temperamento de nuestro héroe. La comercialización de la grasa de ballenas era un arriesgado pero lucrativo negocio en esa época, los buques balleneros se dedicaban a darles caza para luego desollarlas y extraerles el preciado combustible. En ese entorno creció Miguel.

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Grau pudo haber sido un ser pobre de espíritu, sin apego alguno a la familia por no haber aprendido los códigos básicos a través del amor maternal. Sin embargo, como se puede comprobar en su correspondencia, es por oposición a la orfandad sufrida, un amoroso esposo y abnegado padre de 10 hijos.

“Muy querida Esposa. Como la vida es precaria en lo general, y con mayor razón desde que va uno a exponerla a cada rato, en aras de la patria, en una guerra justa, pero que será sangrienta y prolongada, no quiero salir a campaña sin antes hacerte varios encargos; el primero consiste en suplicarte me otorgues tu perdón por si creyeras que yo te hubiera ofendido intencionalmente. El segundo, se contrae a pedirte atiendas con sumo esmero y tenaz vigilancia la educación de nuestros hijos idolatrados, para lograr este esencial encargo debo avisarte o mejor dicho recomendarte que todo lo poco que dejo de fortuna, se emplee en darles toda instrucción que sea posible; única herencia que siempre he deseado dejarles”.

Dolores Cabero Núñez. La mujer a la que amó Grau. Él le envío una carta antes de su muerte, donde le pide cuidar a sus hijos.

Hoy, al cumplirse 140 años del sacrificio del Gran Almirante del Perú, Miguel Grau Seminario, el país lo honra como el máximo héroe de nuestra historia republicana.

Su dignidad y compromiso se han convertido en el código ético que enarbola la Armada Peruana, que sea la sensibilidad del ser humano, los sentimientos de respeto por el caído, así como el afán de protección a la familia, lo que la vida de Grau forje en todos los peruanos.

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