Los colores de Honduras, Julio Visquerra

Muestra. El artista caribeño, uno de los más reconocidos de su país, expone en el Club de la Banca una serie de obras donde destacan sus mujeres con frutas.

En Lima. El artista Julio Visquerra junto a uno de sus cuadros de influencia europea.

En Lima. El artista Julio Visquerra junto a uno de sus cuadros de influencia europea.

La República
13 09 2019 | 05:52h

Por: Pedro Escribano

Julio Visquerra viene de Honduras. Es uno de los pintores más internacionales de ese país caribeño. Ha traído consigo una serie de cuadros en los que se aprecian sus mujeres, aquellas provistas de frutas, con las que conquistó museos y galerías en todo Europa. En Lima, en el marco de la fiesta nacional de su patria, exhibe una muestra en el Club de la Banca, en San Isidro.

“He vivido por décadas en Europa y me iba bastante bien, pero me dije, ‘es hora de volver a América’. Acaba de rechazar una muestra en Roma para exponer en México. Tengo interés de vincularme con los artista de América Latina”, dice el artista.

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Julio Visquerra nació en Olanchito, en 1943, un pueblo abrazado por el verdor de la naturaleza.

Descubrió su vocación a los 12 años de edad. El enamorado de su hermana la retrató para congraciarse más con ella, pero él lo desafió a que la retrataba mejor.

“Yo, como todo niño, hacía garabatos, pero el retrato que hice a mi hermana fue mejor. Ahí descubrí que el arte lo tenía innato”, cuenta Julio Visquerra.

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Se echó a andar a hacerse artista. Pero en su pueblo no vendían óleos, acrílicos ni nada, así que de manera intuitiva aprendió a preparar sus colores con esencias y aceite de linaza.

Cuando terminó el colegio, no había otro camino que el del arte. Viajó para estudiar en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Tegucigalpa.

Su familia se trasladó a Nueva Orleans. Fue a visitarla y de allí se trasladó a Nueva York. Quería conocer el Metropolitan Museum y también el Museo Guggenheim, que se acaba de inaugurar.

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“Pero no me quise quedar en Nueva York. No sé por qué, pero desde los 12 años, por mis sueños de artista, quería irme a Europa”, asegura.

Y así lo hizo. Vivió en diversas ciudades del Viejo Continente. Y vivió por el arte, y no solo para la pintura. En Barcelona trabajó como actor por largo tiempo en una compañía de teatro, experiencia que trasladó a las artes plásticas.

“Eran los años 70, nadie hacía ni hablaba de performances. Entonces yo solía hacer mis muestras de pintura con toda una escenografía en donde había música en vivo, coros, personajes en vivo, vestuario. También estaban frutas, plantas, olores, colores y, claro, allí hacía mis performances”, relata el artista.

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Sus mujeres están provistas de frutas. ¿Qué metaforizan las frutas?

Pinto las frutas porque representan la fugacidad de la vida y la vanidad con que a veces se vive. La fruta en un tiempo está verde, después lozana, madura y, finalmente, se pudre. Esa es nuestra existencia.

Pero en la pintura de Julio Visquerra no solo hay frutas, sino también encajes. La pintura del artista puede parecer inocente, onírica, pura, pero no entraña críticas. “Por ejemplo, los encajes que lucen las mujeres, que remiten a oropeles, es el poder”, explica.

Otra de sus obras, “El candidato”, de su etapa expresionistas, es un sátira también al poder político. El personaje, acaso simiesco, aparece con todo los atuendos y sus medallas. Su etapa de realismo fantástico.

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En su etapa expresionista, Visquerra pintaba gordas y las exponía en Barcelona. La crítica lo asocia con Botero, quien exponía también sus gordas en Madrid. Era pura coincidencia. Pero ocurrió que Visquerra vendió seis cuadros y Botero uno.

“Lo curioso es que cuatro años después, Botero dice que en esa muestra vendió uno, pero se lo devolvieron porque no podían pagarlo. O sea, vendí más que Botero (risas). Me fui a Málaga y adelgacé mis personajes, no quería parecerme a nadie”, cuenta.

El cuadro “Disertación de los poetas en la mesa”, ¿qué grafica?

Es un homenaje a los poetas, por esa luz que tienen. Entre otros, allí está entre otros, Roberto Sosa. También la poeta Clementina Suárez, modelo de Diego de Rivera, contestataria. Cuando regresó de México ofreció un recital en el Teatro Nacional envuelta con el pabellón nacional y cuando terminó quedó totalmente desnuda. Fue un escándalo. Asimismo, está Juana Pavón que ha muerto hace poco. Fue más que Clementina, pues tenía una boca furiosa. La sociedad le tenía miedo, insultaba hasta a presidentes.

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