Gene Savoy: El día que Indiana Jones domó la 'llanura de los espíritus' en Perú

La República
2019 M05 11 | 08:02 h

Son cuatro yacimientos, entre los más importantes del Perú, los que conocemos gracias a Gene Savoy, un verdadero hombre de montaña que se adentró en los confines de la selva peruana durante 40 años. En el día de su natalicio, solo nos tomaría un minuto agradecérselo.

Douglas Eugene 'Gene' Savoy nació un 11 de mayo de 1927 en Bellingham, Estados Unidos, pero no vivió sino hasta 1957 cuando conoció al Perú y su incomparable majestuosidad histórica. Y, aunque Savoy no se abrió paso entre arcas que convierten todo en polvo, si se enfrentó en su camino como arqueólogo a mordeduras de serpientes, al contagio de la hepatitis, ataques terroristas y, como no podía ser de otra forma, a la inclemencia del Perú indómito durante largos cuarenta años de amor por lo desconocido. Un verdadero deleite que ni el propio Indiana Jones de Hollywood tendría, aunque para muchos él se le pareciera.

La Llanura de los Espíritus 

El megalítico asentamiento de Vilcabamba, conocido también como "espíritu pampa", fue el mítico lugar donde los Incas al mando de Manco Inca tuvieron su último refugio durante la invasión española. Precisamente, es la ciudad que Hiram Bingham creyó encontrar al descubrir Machu Picchu. Siguiendo la ruta del estadounidense, Savoy proclamó en los años sesenta que había identificado el emplazamiento de la capital del último reino Inca, "El Dorado", en aquel lugar selvático al que su predecesor no había dado importancia. Sus teorías recién serían validadas décadas después.

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La fortaleza encantada 

En la década de los 60, Gene Savoy fue clave para la revelación al mundo del majestuoso complejo arquitectónico del Gran Pajatén, luego que en el año 1929 fuera descubierto por el también explorador Eduardo Peña Meza, natural de Juanjui. El Gran Pajatén es un lugar enigmático ubicado en el departamento de San Martín que consta de 18 edificios circulares construidos de piedra con escaleras en múltiples direcciones, decorados con figuras humanas de rodillas dobladas hacia afuera y cabeza clavas, alas de cóndores, figuras geométricas, representaciones antropomorfas y zoomorfas.

La Gran Saposoa, el último escalón al firmamento

La encumbrada Saposoa, atrapada entre la espesura de la selva y rayando el cielo con sus barbas de neblina, sería la siguiente en la lista de Savoy. Este reino casi inaccesible en Chachapoyas cuenta con más de 500 edificaciones que albergaron entre 6 mil y 10 mil habitantes. Su construcción se caracterizó por ser de piedra caliza labrada de forma circular en casas, terrazas, acueductos, canales, murallas, avenidas y santuarios. La función principal de esta ciudadela era controlar toda la zona de bosques nubosos que contaba con un gran radio de influencia y que, incluso, llegaba hasta los dominios del Gran Pajatén.

Gran Vilaya, la tierra del Rey Salomón en Perú

En 1985, descubrió lo que sería quizá su vestigio cúspide: el Gran Vilaya en el Valle de Uctubamba. Esta ciudadela mantiene una extensión de al menos seis hectáreas en las que se pueden ver alrededor de 5 mil construcciones. Junto con Kuelap, es uno de los restos arqueológicos más importantes de la cultura preincaica de los Chachapoyas. Ahí tendría uno de sus postulados más insólitos en un larga carrera de controversias antropológicas: el hallazgo de tres tablillas de piedra con escrituras similares al hebreo, que habrían demostrado para él la conexión entre estas tierras y el legendario puerto "Ophir" donde el Rey Salomón se abastecía de oro. Por supuesto, todo no pasó de una anécdota.

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Pero la audacia del 'Indiana' de Saposoa no terminaba ahí. En 1969, condujo una implacable expedición marítima desde Perú hasta México, con el objetivo de demostrar  que las antiguas civilizaciones Inca y Azteca habían estado enlazadas entre sí. En otra, tentó la vuelta al mundo para probar que egipcios, japoneses, incas y judíos de la antigüedad habían tenido contacto. Una larga vida dedicada al Perú, entre viajes, aventuras y sueños a veces confusos como el cielo selvático que se apagó un 11 se setiembre del 2007. Aun hoy sus aventuras pueden ser narradas en cada uno de los circuitos turísticos que gracias a él se abrieron al mundo. Para no olvidar.