Se cumplen 237 años desde la partida del "Puma indomable" de los Andes

La República
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Conoce la increíble historia de lucha de Pedro Vilca Apaza, caudillo indígena que lideró junto a Túpac Amaru una de las rebeliones más importantes en el sur del Perú.

 

El nombre de Pedro Vilca Apaza resuena entre los pasillos del olvido como tantos otros que  parecemos recordar ingrata y lejanamente, pero que a ciencia cierta no sabemos de dónde salieron. Esta es la historia del colosal “puma indomable” de los Andes, líder rebelde de origen puneño cuya extraordinaria historia de lucha debería ser reconocida por todos.

Pedro Wilcapaza Alarcon dirigía un próspero negocio de comercio de plata entre Cusco y Potosí que le permitió conocer de cerca la explotación a sus hermanos de raza por parte de los colonos españoles. Fueron precisamente estos viajes los que lo acercaron a José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, con quién a la posteridad lideraría una de las asonadas más importantes en el sur del Perú.

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Cuando estalla la revuelta contra la dominación española de 1780, Apaza se suma a la causa emancipadora sublevando a los hombres de Azángaro, Carabaya, Larecaja y Omasuyos. En 1781 logró tomar la ciudad de Sorata, actualmente ciudad boliviana, en donde con una brillante maniobra desvió un río para superar las férreas defensas europeas. Esta fue una de tantas batallas que el caudillo lideró y venció, increíblemente, casi sin armas.

Los españoles, intimidados por el asedio y la creciente fama que adquiría el “puma indomable”, recurrieron a una estrategia bastante singular para abrir zanjas en sus tropas: ofrecieron el indulto a cada rebelde a cambio de entregar sus armas. Y si bien la deserción fue masiva, el puma hizo honor a su título y continuó su lucha hasta que finalmente fue capturado y trasladado para su ejecución en Azángaro el 8 de abril de 1782.

Una vez en manos del enemigo se dispuso que fuera descuartizado con cuatro caballos al igual que Condorcanqui, pero al ver que el titán ni siquiera con ocho podía ser despedazado terminaron el trabajo indignamente con un arma blanca. Antes de morir lanzó la frase: "¡Por el Sol, aprendan a morir como yo!", en una clara muestra del valor que todos deberíamos replicar en honor a nuestro verdadero origen y convicciones hasta el día de hoy.