El Principito: El niño más querido de la literatura universal cumple 76 años

La República
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¿Existió realmente El Principito? Acompáñanos a conocer uno de los secretos mejor guardados de uno de los personajes más entrañables de la literatura universal.

Hoy se cumplen 76 años desde que el genial escritor Antoine de Saint-Exupéry publicó “El Principito”, novela de casi obligatoria lectura en escuelas de todo el mundo debido a su profundo magnetismo simbólico y carisma en cada uno de sus personajes. Una imborrable huella para todos los adultos que recorrieron sus páginas hasta el día de hoy, al punto que se ha convertido en la entrega de lengua francesa más leída y traducida de la historia.

"El Principito" narra las peripecias de un aviador varado en medio de un desierto en donde encuentra a un niño de cabellos rubios que le informa sobre sus experiencias a través del universo, sus aparentemente fútiles diatribas con los habitantes de cada planeta que visitaba y su búsqueda de compresión en el mundo de los humanos adultos. 

¿Quién podría negar el profundo pesar que generó la despedida del zorro, la conversación reflexiva con la rosa o la muerte del Principito? El también aviador y autor de la obra nos transportó con su publicación de 1943 a un escenario de cuestionamientos filosóficos idealizado en las preguntas del “niño interior” del que todos abrigamos un recuerdo en el alma, pero de quien por alguna razón decidimos ignorar sus básicos principios de cómo ser feliz.

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Uno de los aspectos más curiosos de El Principito es que cuando se es un niño, su lectura resulta confusa y hasta elemental por momentos. El autor expresa los sentimientos del personaje con tanta naturalidad que es imposible para un igual en edad comprender la basta profundidad de sus cavilaciones. Sin embargo, su lectura en segunda instancia para un adulto resulta conmovedora, se convierte en una regresión y examen espiritual sobre el verdadero valor de las personas que nos rodean y lo que nos ofrecen con su sola presencia en nuestras vidas.

Para el pequeño príncipe del asteroide la alegría no dependía del poder adquisitivo ni el status social que ansiosamente defendían los adultos con los que se cruzaba en sus viajes por el espacio. Y siguiendo esta proverbial encíclica, la felicidad tampoco dependía de la posesión de otro ser vivo.

¿Recuerdan la conversación con la rosa, en la que el infante le aclaraba a la flor que su importancia radicaba en que era especial para él, y no para el resto del mundo? Una cruda pero reveladora crítica a cómo se deforman los nobles propósitos del ser humano inocente por su novicia en el mundo durante el doloroso proceso de crecer.

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Lo cierto es que como diría Nelly de Vogüé, quien fue pareja, socia y biógrafa de Saint-Exupéry, el personaje principal estuvo basado en Pierre Sundreau, un niño que producto de su admiración por el trabajo del autor terminó convirtiéndose en su protegido hasta que años más tarde, paradójicamente, se involucró en la política al terminar la Segunda Guerra Mundial. Como diría en su despedida el amigo zorro al niño de cabellos dorados, “lo esencial es invisible ante los ojos”. Pero este libro no puede ser invisible a nadie, ni mucho menos el mensaje que nos acompaña desde que tocamos sus páginas por primera vez.