Jorge E. Benavides, un viaje a Madrid del XIX

Redaccionlr
2019 M03 1 | 21:00 h

Visiones. Escritor peruano ha publicado El collar de los Balbases, una novela histórica en la que un bandido, que se hace pasar por peruano, le permite echar una mirada a la vida social y a la corte española.

Por: Carlos Villanes Cairo

Luis Candelas fue en la vida real un bandolero apasionante, y cometió los robos más ingeniosos, arriesgados y divertidos, de preferencia a la gente de la nobleza y a los ricos ostentosos, con la premisa de nunca derramar sangre. Y toda la corte madrileña del siglo XIX seguía sus aventuras con delirio, los hombres con envidia y curiosidad y ellas, por el halo romántico que dejaban sus fechorías. Su leyenda creció tanto que, entre sus intimidades, está la historia de que se hizo pasar por un peruano, un limeño hacendado metido entre las faldas, fiestas y saraos de lo más granado de los palaciegos de la capital del reino.

De esta y tres historias más, todas deliciosas y absorbentes, trata El collar de los Balbases (Madrid, La Huerta Grande, 2018, 564 pp.) del escritor peruano Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, 1964), octava novela suya y que lo consagra como uno de los grandes narradores hispanoamericanos.

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Un viajero inglés viene a Madrid a visitar a su primo Pedro duque de Osuna, dueño del palacio mejor dispuesto y generoso con la alcurnia española donde son frecuentes las grandes fiestas y el enjambre de novedades y cotilleos, pero la ciudad está asediada por los remanentes del cólera y la guerra entre carlistas y cristinos enfrascados por entablar un gobierno conservador o liberal, bajo el reinado de María Cristina que tiene de amante a un súbdito que engendra y manda.

La gran intriga nace y muere en un collar de perlas heredado por varias generaciones, pero recubierto de un aura propiciadora de desgracias a quienes lo poseen. Osuna está enamorado de su prima Inés, esposa del Marqués de Alcañices y Balbases, que prefiere las artes cinegéticas a la bellísima dama. Ella tiene entre sus joyas al maldito collar de los Balbases. Su hermana se ha suicidado, también por un amor prohibido, y su tía Isabel, confidente y protectora, acaba enredada en un robo, un asesinato y terminará en el patíbulo.

Con estas bases históricas, Benavides nos lleva de la mano por los palacios madrileños, los pormenores de las veleidosas fiestas, donde también nos topamos con literatos como Larra, Espronceda, Zorrilla, Mesonero Romanos, Hartzenbusch; asistimos a un inventario de cafés, restaurantes, fondas, bares, posadas, lenocinios, pero con increíble precisión a viejas calles y rincones, amables o siniestros y a los tipos humanos que los pueblan. Los conventos, plazas, parques, miradores, y sobre todo barrios antiguos nos revelan el prolijo trabajo de investigación del autor que, al final, aporta una copiosa bibliografía temática, onomástica y situacional.

El más importante valor agregado está en el magistral tratamiento literario y lingüístico que otorga gran profesionalidad a su novela. Descubrimos palabras moribundas como ‘almiforero’, ‘parpusa’, ‘pórfido’, ‘carretela’, ‘chaira’ puesta en cursivas aunque ya aparece en el Quijote de Cervantes, y otras flores lexicológicas más.

¿Y del peruano Luis Álvarez de Cobos que usurpa al bandido Luis Candelas? Pues, la minuciosa y sorpresiva descripción de sus robos, su romance con Encarnación, prima preferida del Duque de Osuna y que, descubierto por una infame delación, agota sus días colgado en una plaza.

Con esta obra, Benavides da una brillante lección a muchos autores que están degradando la novela histórica de aventuras. Es un narrador estupendo. Con apenas 55 años ha ganado notables premios literarios y llegará mucho más lejos todavía.