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¿Un bibliotecario? ¿Para qué?

La Republica
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Escribe: Anahí Baylón Albizu, bibliotecaria - Biblioteca Municipal de Piura

Una vez un meme preguntaba la diferencia entre Wikipedia y un bibliotecario.  Si tú formulas una pregunta en Wikipedia, antes de un parpadeo te aparecen cien mil respuestas y échate a buscar.  Formúlale la pregunta a un bibliotecario y te dará la respuesta correcta y adecuada a tus requerimientos exactos. Seguramente se demorará un poco más que Wikipedia pero te podrá ofrecer un grupo manejable de respuestas físicas y/o digitales entre las que podrás escoger pero siempre con la certeza de que ahí no habrá datos equivocados.

Un bibliotecario es la persona que intermedia entre el libro físico o digital y la persona que lo necesita para estudiar, para informarse, por curiosidad, para entretenerse, etc.  Esto requiere un entrenamiento especial y ciertas aptitudes personales. En otras palabras, en parte un bibliotecario nace y en parte se hace. Entre lo que se hace es aprender a organizar las colecciones, que va desde armar una pequeña biblioteca simplemente ordenando sus libros por el tema o contenido hasta mantener una sofisticada base de datos en línea, desde organizar los diversos servicios hasta promover la lectura como una experiencia útil y satisfactoria a lo largo de toda la vida.

En nuestro país la formación profesional de los bibliotecarios se da en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos o en la Pontificia Universidad Católica del Perú con una duración de cinco años. La calidad de la formación en ambas se demuestra por la cantidad de alumnos que trabajan en la especialidad sin haber aun obtenido la licenciatura y lo hacen tanto en el sector público como privado, en unidades de información sumamente útiles para la toma de decisiones empresariales, gubernamentales o académicas. 

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Están en la parte más visible de nuestra sociedad pero las dos terceras partes están en la periferia, donde a casi nadie le importa mucho si viven o no.  Esas dos terceras partes son las bibliotecas públicas, las que sirven al grueso de la población, las que no solo forman lectores sino que abordan muchas tareas que podría parecer que no son muy propias de bibliotecas. 

Algunas bibliotecas en USA, por ejemplo, se constituyen en refugio para los sin techo en las noches gélidas del norte.  Hay bibliotecas que ofrecen talleres para que las personas adquieran conocimientos que les permitan ganarse el pan.  Otras prestan terno y corbata para los jóvenes que se van a presentar a una convocatoria de trabajo.  En cualquiera de ellas se comparte con sencillez un trozo de vida, se aprende a vivir juntos, se discute sobre cómo salir de un problema individual o colectivo, cómo encontrar la ayuda que el estado proporciona a quienes saben cómo ubicar el sitio adecuado y hacer el trámite requerido. Así vistas, las bibliotecas públicas son auténticas escuelas de ciudadanía.  En nuestro país estas bibliotecas están, casi siempre, en manos de personas que han aprendido lo más básico a través de algunos cursos de capacitación pero tienen las aptitudes suficientes.  Es cierto que la cantidad de profesionales es mínima y casi todos residen en Lima.  Pero también en Lima hay importantes bibliotecas sin bibliotecarios a cargo. 

Y ¿saben qué?  casi todas estas bibliotecas públicas son municipales, y a menudo caen en manos de alcaldes que se creen dueños de la jurisdicción y entonces las cierran, retiran los libros como si fueran basura arrojada a la tolva de una camioneta, o las hacinan junto a otras dependencias. También ocurre que cambian al personal, ya capacitado, por amigos de campaña.  Puedo dar fe de que esto ocurre acá en Piura, este año (noticia en curso como dicen), en el distrito de La Huaca, provincia de Paita.  Si revisamos los presupuestos de cada biblioteca veremos que en general no tienen previsiones para comprar libros y suelen estar ocultas en la maraña de los números.  Como la Biblioteca Nacional del Perú, cuyo presupuesto es varias veces millonario para los órganos de apoyo y sumamente mezquino e inequitativo para los órganos de línea, en bienes y servicios como en sueldos y salarios, incluyendo la compra de libros. 

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Redacción:
La Periferia es el Centro. Escuela de Periodismo - Universidad Antonio Ruiz de Montoya