Palabras para Javier Pérez

Frank Edgar. El lunes 1° de octubre fue el cumpleaños de Javier Pérez Saco. Sus amigos lo celebramos con un recital en el local “Cocodrilo Verde” de Miraflores a partir de las 9.30 de la noche. El gran ausente fue el homenajeado: nos había dejado dos semanas atrás. Para la mayoría de la gente su nombre no le sonará conocido. Javier no pertenecía al mundo de la farándula. Javier era un músico. Uno muy respetado (lo cual, de por sí, ya es difícil). Un gran pianista y cultor del jazz como muy pocos, quien a lo largo de los años ha prestado sus servicios a muchos de los artistas y cantantes más reconocidos de nuestro país, tanto como pianista, arreglista o director.

Javier tenía un rostro serio. Sin embargo, era una persona muy afable. Siempre sabía poner su particular sentido del humor en el lugar adecuado. Tuve el placer personal de compartir el escenario con él en muchas ocasiones. Y hasta en una oportunidad (¡oh, atrevimiento mío!) lo dirigí. Con Javier, no había pierde: sabías que iba a ser impecable.

Durante muchos años él fue parte estable del grupo de jazz de “La Noche de Barranco” que animaba los, hoy legendarios, jams de jazz de los lunes, junto con sus inseparables compañeros: Agustín Rojas en el bajo, Abel Páez en la trompeta y César Lescano en la batería. Si querías iniciar muy bien tu semana, sabías que ese era el lugar correcto.

No supe de su enfermedad sino hasta el final. No solamente siguió dictando clases (como vivimos la mayoría de los músicos) hasta una semana antes de partir, sino que siguió siendo la misma persona dispuesta a ayudar a sus colegas (yo como bajista, fui uno de sus beneficiarios) sin pedir correspondencia alguna.

La música peruana ha perdido a un gran pianista. Un gran músico. Y todos nosotros hemos perdido a un amigo.

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