Reconquistar Lima

Exagera Hildebrandt cuando afirma que Lima no necesita un alcalde sino de un dictador, un sheriff, un alcaide, un vengador, un califa generoso que ponga orden cimitarra en ristre. Y añade: “Porque Lima no es una ciudad, Lima es un homenaje a la estupidez, la hechura polvorienta de los desadaptados”. No creo. Lima necesita inteligencia, no látigo. He tenido la suerte de entrevistar a arquitectos y urbanistas atacados por el síndrome de Lima. He leído con fervor a Héctor Velarde. Fui amigo del maestro Juan Günther. Es mi amigo Augusto Ortiz de Zevallos. Lo peché al lúcido arquitecto urbanista Jorge Ruiz de Somocurcio. Todos con respuestas técnicas. Todos secuestrados por la impronta lumpen del desorden de la emigración y las mafias. Soy cholo de segunda generación. He nacido en una Lima aunque no metódica, al menos armónica. Dependíamos del Centro, del orden. Existía una norma y una ley. Soy del tranvía, del valsecito, de la radionovela y del diario Última Hora. Fui lector de Pocho y oía a Ferrando. Odiaba a Chabuca y mi ídolo fue Miguel Loayza. Leía a Ribeyro y recitaba a Romualdo. Todos ellos en mi ciudad. Aquella que fue mi prez y orgullo. En una reciente entrevista al urbanista Pablo Vega Centeno, respecto a la pesadilla de las combis, dice: “Las combis fueron la única respuesta que tuvo la población conforme crecía la ciudad (…) El error fue que, en vez de buscar alternativas eficientes para integrar la ciudad, las autoridades fueron reconociendo las estrategias informales. Ahora nos horrorizamos con el caos de la ciudad, pero nosotros mismos lo hemos provocado”. Uso cuatro horas (leyendo) cuando viajo por Lima. Esta es otra ciudad, definitivamente. Y no es que la urbe es una porquería. No. La ordinariez está en sus administradores. Escribo esto antes de saber quién será el alcalde. Quién sea, debe reconquistar la Lima que perdimos.

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