Yoshiro Chávez: “Lo erótico no tiene que ver con la cuestión de género”

Redaccionlr

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21 Nov 2017 | 13:55 h

Yoshiro Chávez. El poeta y narrador arequipeño acaba de publicar Las órdenes del ebrio, un poemario en donde ventila, además de temas de amor, las sinrazones del abuso del poder.

Cuando llegó a Lima con su madre, Yoshiro Chávez (Cusco, 1969) conoció la soledad y todo lo que significa comenzar de nuevo. Desde entonces nunca dejó de escribir, sin dejar de lado sus estudios de abogacía. Escribía cuentos y poesía. En el 2015 publicó su primera cosecha, el libro de cuentos El amor es un abismo que viene hacia nosotros. Ahora, tras haberlo guardado con extremo recelo, publica su primer poemario, Las órdenes del ebrio (Hipocampo Editores).

¿Por qué Las órdenes del ebrio?

El poemario hace referencia al abuso de poder y la arbitrariedad. En la sociedad nos dejamos manejar por los gobernantes, por la pareja o por el jefe. Si son órdenes razonables, las acatamos. Pero las órdenes de ebrio se dan cuando aquellos que tienen esa cuota de poder actúan arbitrariamente, ebriamente, sin razones.

Entonces el libro tiene una connotación política...

Es imposible que un trabajo literario no tenga una connotación política. Mi libro lo tiene, pero no de manera manifiesta. Por ejemplo, en el año 92 escribí un poema sobre la captura de Abimael Guzmán. Cuando me enteré, recordé a dos vecinos que fueron víctimas de la violencia en esos años. Pero creo que no siempre todos los que tienen un poco de poder lo saben manejar, algunos se embriagan con él.

Hay en el poemario una presencia muy fuerte del mar, ¿por qué?

El mar como elemento poético parece trillado, pero no es así si uno reflexiona sobre él. Uno se siente parte de una gota de agua en el mar, pero es increíble cómo el mundo parte de uno mismo. Es decir, estoy aquí sentado y parece que el mundo gira en torno a mí; sin embargo, ocurre con todos. Esa universalización me gusta utilizarla a través de la metáfora del mar.

¿La figura de la mujer también responde a esa universalización?

Intento encarar las taras del género humano, tanto en hombres como en mujeres, desde todos los aspectos. En el caso de la mujer, represento sus facetas de madre, amante, mujer para que no se tenga una imagen santificada de ella, sino que se presenta como ser humano, igual que el varón.

Pero no va a negar que hay una fuerte carga erótica sobre la figura femenina.

El erotismo es parte consustancial del ser humano, eso es ineludible porque es parte de nuestra biología. Intento representar esa lucha del sexo femenino con sus problemas eróticos, con sus aberraciones. Creo que lo erótico no tiene que ver con una cuestión de género sino más bien con la especie.

Para reflexionar también hay que autocuestionarse.

La autocrítica está siempre presente. A veces pienso que he traicionado a aquel joven que tal vez era más honesto. Por eso es que la autocrítica es importante. Siento que es poco lo que he hecho en mi poesía y lo pongo de manifiesto.

¿En qué sentido lo ha traicionado?

En mi libro hay poemas, pero no sé cuánto los he traicionado por haberlos manoseado para darle una uniformidad. Eran poemas totalmente distintos, con otra métrica y otro lenguaje. Ahora los he uniformizado en mi verso corto, he tratado de encontrar un lenguaje común a través de maniobrarlo.

¿Estás más cómodo con la narrativa o con la poesía?

Ahora se me hace más difícil tener esa vocación de poeta porque las exigencias son otras. Con la narrativa es diferente. Me acerco a la poesía con respeto.

Entonces, no se reconoce como poeta…

Le tengo más respeto a la poesía, para mí no es un trabajo que se someta a un manoseo de la palabra. Hay que trabajar siempre un poema, pero no tocarlo tanto al punto de que después se desnaturalice.

¿Por qué escribe poesía?

Yo escribía poesía no para publicar, sino para sentir, para estar bien y ahorrarme el psicólogo.

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