El otro lado de Víctor Hugo

La República
16 Nov. 2017 | 06:46h

Vícto Hugo tenía doble talento como escritor y pintor. Sin embargo, siempre le tuvo miedo a la crítica y decidió solo dedicarse al arte. Hoy una muestra recoge ese lado oculto del autor de "Los miserables". 

Hablar de Victor Hugo es pensar en "Los Miserables" o en el jorobado Quasimodo de "Notre-Dame de París". Pero aunque él mismo se definía solo como escritor, también produjo miles de dibujos y cuadros, creando una obra pictórica que influyó luego en el surrealismo y en el arte abstracto.

"Él se veía exclusivamente como escritor. Tenía una relación muy cariñosa con su propia obra pictórica pero pensaba que no era tan buena", explica a Efe Ivan Ristic, comisario de la exposición "Victor Hugo. El oscuro romántico", que se inaugura mañana en el Museo Leopold de Viena.

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Ristic explica que el miedo a la crítica y una cierta inseguridad sobre su capacidad como pintor le hizo ser muy reticente a publicar sus dibujos, pese a que tenía un "doble talento" como escritor y pintor.

"Pero también era alguien que podía tomar la decisión correcta y decir 'puedo una cosa mejor que la otra, así que elijo una'. Y eso era la literatura", resume Ristic.

De hecho, en una carta de 1855 al pintor Jules Laurens, el propio Victor Hugo habla de "garabatos" al referirse a sus dibujos, de los que se tiene constancia produjo unos 4.000.

Pero aunque no era dado a exponer en público sus obras pictóricas, sí que las compartía, y regalaba, con familiares y amigos.

Su timidez a la hora de exponer sus dibujos tuvo apenas un par de excepciones en las ilustraciones de algunas de sus obras poéticas y en su novela de 1866 "Los trabajadores del mar", que él mismo ilustró.

"De alguna manera soñó con ser su propio ilustrador pero, al final, no se atrevió", analiza el comisario.

En esta exposición, el Museo Leopold ha reunido 63 piezas que descubren a este Victor Hugo pintor y dibujante desconocido incluso por buena parte del mundo de la cultura y el arte.

Como buen romántico, tenía predilección por los paisajes lúgubres, castillos en ruinas y seres tenebrosos.

Ejemplo de ello son "Fortaleza y castillo de Vianden bajo la luz de la luna", de 1871; "Cabeza de gallo", de 1850, o "Encajes y fantasmas", de 1855.

Los motivos de sus dibujos van desde lo satírico a lo grotesco, desde lo figurativo de algunos dibujos a piezas en las que se roza la abstracción o incluso el surrealismo.

"Es una exposición muy delicada que requiere la concentración del espectador, por el pequeño formato (de los dibujos) que se abren a un cosmos fantástico", resume para Hans-Peter Wipplinger, director del Museo Leopold.

Wipplinger destaca la enorme banda de interpretaciones y asociaciones que permiten los dibujos del escritor, en esa transición entre aspectos figurativos y abstractos.

"Esas manchas, esos borrones, esas pinceladas, ese pensamiento y esa transmisión libre en una obra pictórica", describe el director del museo el trabajo de Hugo, que quien dice que, en una época en la ni siquiera existía el término de arte abstracto, estableció "tendencias que iban en esa dirección y marcó a pintores futuros".