Día del Periodista: ¿cómo representa el cine peruano a quienes realizan este quehacer mediático?

A través de cinco películas nacionales, se construye el perfil que el mundo cinematográfico proyecta acerca del profesional de la comunicación.

El papel del periodista construido desde un ojo audiovisual. Foto: Composición LR / Fabrizio Oviedo Barreto
El papel del periodista construido desde un ojo audiovisual. Foto: Composición LR / Fabrizio Oviedo Barreto
Cine y Series LR

Sobre el periodismo sí han escrito mucho los autores. Gabriel García Márquez decía que es el mejor oficio del mundo, Manuel Chaves Nogales añadía que contar y andar es la función del periodista y Leila Guerriero aseguraba que el periodismo no es un oficio de canallas. Pero, al igual que los colores, las percepciones son variadas, y más si se tratan desde miradas cinematográficas: algunas coinciden con el perfil impaciente que se le otorga a quien labora en la rama y algunas otras difieren con el título de buscador agudo.

Este desempeño en el mundo informativo viene a colación porque hoy 1 de octubre se festeja en el territorio nacional el Día del Periodista, una fecha que fue instituida en 1953 a través del Decreto Supremo N.º 2521. La elección se sustentó en el aniversario número 163 del primer informativo de Sudamérica, el Diario de Lima.

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Pero la actividad profesional que, de acuerdo con el diccionario de la RAE, consiste en la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de informaciones a través de cualquier medio escrito, oral, visual o gráfico se ha exhibido ante el mundo gracias a las pantallas. El Perú, un país con un lenguaje audiovisual tan explorado como criticado, ha construido su propio paradigma. A continuación, te contamos cinco películas que reflejan la figura a veces estereotipada de alguien que hace mucho más que vincularse con la coyuntura y correr con micrófono en mano.

Tinta roja (2000)

El practicante Alfonso y el jefe Saúl en plena labor periodística. Foto: Tinta Roja

Al tratarse de una película concebida bajo el ejercicio periodístico del siglo pasado, los estándares abundan en dos figuras clave: la del practicante y la del jefe. El primero, llamado Alfonso Fernández y apodado ‘Varguitas’, posee el carácter de todo estudiante universitario que ansía conseguir unas prácticas preprofesionales para poder egresar: un discípulo que tiene como ley contestar a todas las preguntas de la pirámide invertida y que busca la formalidad desde el primer día de trabajo. El segundo, Saúl Faúndez, tiene los vicios de alguien que asegura que el mejor periodismo se aprende en la calle: fumador, bebedor, machista y de lenguaje tosco.

En este producto audiovisual, coproducido por Francisco Lombardi, hay un escenario que explica la onda sensacionalista de un diario que busca atrapar a los lectores con una gran dosis de adjetivos. La institución, invadida de periódicos, informes, comida rápida y computadoras antiguas se llama “El Clamor” y tiene como lema un enunciado bastante extenso: “Diario masivo y popular para el hombre común que no tiene nada de corriente”.

Locos de amor (2016)

Lucía conversa con Rodrigo, su compañero de vivienda, sobre sus problemas amorosos. Foto: Locos de amor

Esta película retrata el lado de un periodista fuera de los medios; es decir, la vida privada que a veces queda bastante consumida por los horarios. “Además, pensé que por tu trabajo no querías por el momento esto”, le dice a Lucía el novio con el que lleva cinco años de relación. Él se refería a la posibilidad de planear una vida juntos, aunque solo lo mencione para salvar el rato. Ella, bastante concentrada en su labor, está pendiente de los reportajes para el canal donde trabaja y de vestir de manera cómoda: pantalones holgados, zapatillas y blusas anchas. El lenguaje narrativo evidencia también que, aunque es una trabajadora ocupadísima siempre encontrará un espacio para una cerveza, ya sea con sus amigas o con su compañero de vivienda. Así la retrata esta comedia romántica que refleja el conflicto amoroso por el que atraviesa una vez que cae en cuenta de la formalidad tambaleante de su relación.

La hora final (2017)

Zambrano y Coronado planean su siguiente paso en la investigación. Foto: La hora final

Enmarcada en la Lima de los noventa, en medio de ejecuciones a manos de los terroristas, apagones y mucho aprieto económico, dos periodistas de investigación, Zambrano y Coronado, se embarcan en la tarea de vigilar los alrededores de Abimael Guzmán con el fin de acelerar su captura. El perfil de Zambrano es el de un hombre que carga con una matrimonio roto, con los recuerdos de las comisiones en las zonas donde Sendero Luminoso infundió el mayor miedo en la historia del Perú y con una ansiedad propia de su ritmo de vida, agudizada además por la falta de dinero. Coronado es una mujer que tiene un dilema moral a causa de su oficio y de cómo su propia labor podría colocar en aprietos a su hermano, un partidario terrorista. Su versatilidad para indagar datos esenciales en el proyecto la llevan a estar constantemente frente a línea que divide su vocación y su vida privada.

Ambos personajes construyen perfiles que narran el vínculo fuerte entre la profesión y el riesgo de la vida, ya que ser torturados y morir son premisas latentes durante el proceso.

Utopía (2018)

Julián recibe los reclamos de su novia: el caso lo está consumiendo. Foto: Utopía

Julián es un periodista de investigación que reabre el caso de Utopía, una exclusiva discoteca donde fallecieron 29 jóvenes a causa de un incendio en el 2002. Su papel como investigador y a la vez como parte de una familia naciente le ocasiona conflictos constantes. Su vida privada se anula porque el tiempo que le demanda el polémico caso es tanto que su novia empieza a sentir los embates. Su perfil es el de un periodista comprometido no solo con las familias, con las que llega a conectarse emocionalmente, sino también con el país, ya que durante el proceso descubre destellos de una corrupción que tiene que ver con la política. Esta película traza el papel del periodista como el de un agente social capaz de despojarse de su vida privada para solucionar un conflicto en el que ha puesto, además de la cabeza, el corazón.

Canción sin nombre (2019)

Pedro le promete a Georgina prestarle toda la ayuda posible. Foto: Canción sin nombre

La trama de esta película está tejida con el sufrimiento de un Perú de los años ochenta. Pedro es un periodista que se convierte en la única esperanza para Georgina —una joven migrante que llega a Lima para buscar las oportunidades que no encontrará en la sierra, una zona marcada por el terrorismo— tras sufrir el robo de su bebé. Hay detrás una red de tráfico de menores que Pedro intenta descubrir, pronto las amenazas llegan hasta su puerta y ve temblar su mundo, ya pesado por esconder su orientación sexual. Aquí el perfil del periodista refleja, una vez más, el deber social por encima de una vida privada. Siempre observador y además firme en su tarea, el profesional utiliza los recursos que están a su alcance para no defraudar la promesa que le hizo a quien necesitaba su ayuda.

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Estas cinco perspectivas son parte de un engranaje que difícilmente podrá explicar a totalidad la labor de un periodista actual: buscador de información, redactor, conductor, editor, fotógrafo, columnista, diseñador, diestro en sistemas y un largo etcétera, pero, sobre todo, verificador de la verdad.