V de vendetta: ¿qué pasó el 5 de noviembre? La historia de la película

Ricardo Espinal Laurente

La Republica
La impresionante osadía ideológica cambió la reglas del cine de tebeos. Foto: Warner Bros

“Recuerda el 5 de noviembre, la pólvora, la traición y el complot”. Rememora una de las mejores adaptaciones del cómic, en motivo de la inolvidable fecha donde la fantasía de Guy Fawkes se volvió realidad en la ficción.

V for vendetta, la película dirigida por James McTeigue, llegó a los cines en 2005 sin hacer mucho ruido en contraposición a lo ocurrido en la ficción. Quince años después, se convirtió en una obra de culto por sus ideas subversivas: la integridad, libertad, la política, el manejo de los medios y el accionar de los gobiernos.

Al tratarse de una adaptación, mucho de su mérito proviene del cómic de mismo nombre en el que se basa. El autor de la novela gráfica, Alan Moore, no se mostró satisfecho con la versión cinematográfica, pero la cinta encontró refugio en el corazón de los miles de espectadores que vieron reflejado el sentimiento de impotencia y un fuerte deseo de cambio en la sociedad.

La historia está ambientada en una Inglaterra distópica en los años 90 en la que gobierna un estado totalitario y fascista. Una tarde, tras el toque de queda, Evey (Natalie Portman) es rescatada por un misterioso enmascarado llamado V, quien la convence de recuperar la libertad y hacer estallar en todo el país una revolución.

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¿Qué hay detrás de la máscara de V? Aquella careta de característica sonrisa, bigote y barba puntiaguda que fue adoptada por el famoso grupo de hackers llamado Anonymous. Tal como clama el portador del filme, detrás de esta máscara no solo hay carne sino también ideas a prueba de bala. Nada menos que la razón por la que ha servido como símbolo desde mucho antes.

Realmente se trata de una máscara del revolucionario británico del siglo XVII Guy Fawkes. Él participó en La conspiración de la pólvora, un complot fallido contra la corona ocurrido en 1605 con la intención de derrocar y asesinar al Rey Jacobo I. Tras ser capturado y asesinado públicamente, su rostro se convirtió en símbolo de resistencia.