Ciencia

¿Por qué ocurre la tripofobia, el miedo o asco visceral a los agujeros?

¿Has sentido escalofríos o náuseas al ver agujeros agrupados? Los científicos ya tienen algunas pistas acerca del origen de esta incómoda sensación.

Los psicólogos sostienen que la tripofobia tendría un origen en la evolución humana. Foto: composición LR / Very Well Mind
Los psicólogos sostienen que la tripofobia tendría un origen en la evolución humana. Foto: composición LR / Very Well Mind
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Si sientes escalofríos, náuseas o estremecimiento tras ver la siguiente imagen, algunos psicólogos te dirían que padeces de tripofobia, una extraña condición en la que una persona siente miedo o asco a los patrones de agujeros.

La flor de loto es uno de los objetos de la naturaleza que producen repulsión para algunas personas. Foto: Wikimedia Commons.

Los detonadores de este extraño ‘miedo a los agujeros’ pueden ser los panales de abejas, las flores de loto, los quesos con agujeros, las protuberancias en la piel u otros objetos o animales en la naturaleza.

Pero ¿por qué motivo ocurre? Los científicos tienen algunas pistas tras un par de décadas de investigación.

Teorías sobre el origen del miedo a los agujeros

En un estudio de 2013, en Psychological Science, los psicólogos Geoff Cole y Arnold Wilkins, de la Universidad de Essex, propusieron que el origen de la tripofobia —palabra proveniente de los vocablos griegos tripa (perforación o agujero) y phobia (miedo)— se encuentra en la evolución humana.

Según ambos autores, el motivo es que nuestro cerebro suele asociar algunos patrones de agujeros con una situación peligrosa y, por eso, tendemos a sentir esta aversión. En otras palabras, sería un impulso de supervivencia a lo largo de la historia humana.

Por ejemplo, se ha observado que dichos patrones de agujeros están presentes en animales venenosos, como el pulpo de anillos azules, el escorpión acechador de la muerte y arañas o serpientes. Lo mismo sucede en pústulas en la piel humana que pueden ser síntomas de enfermedades infecciones.

Los científicos sostienen que la tripofobia es una respuesta de supervivencia para evitar el contacto con algunos animales venenosos, como el pulpo de anillos azules. Foto: Submon

“Creemos que todo el mundo tiene tendencias tripofóbicas aunque no lo sepan”, señaló Cole en un comunicado. “Descubrimos que las personas que no tienen fobia aún califican las imágenes tripofóbicas como menos cómodas que otras fotografías”.

Sin embargo, todavía hay un misterio que resolver: ¿si es de origen evolutivo, por qué unas personas reportan sentir asco y otras miedo tras un estímulo tripofóbico? La respuesta a dicha cuestión será clave para designarlo como un trastorno.

Hasta que ello se esclarezca, ‘el miedo a los agujeros’ seguirá fuera de la lista de fobias en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) y seguirá siendo estudiado como un malestar visual no debilitante.

Una fobia nueva para la ciencia

La tripofobia fue reportada por primera vez en foros de internet a inicios de este siglo. Sin embargo, recién en los últimos años, se ha vuelto un tema de investigación en la literatura científica de psicología.

Por ejemplo, Cole y Wilkins descubrieron que la tripofobia es más prevalente en mujeres que en hombres y, además, siempre está acompañada de diagnósticos, como la depresión o el trastorno de ansiedad generalizada.

Si bien en la mayoría de casos, la tripofobia no impide el desarrollo de una vida normal, algunos científicos han reportado que ocasionalmente sí sucede. Este es el caso de una niña que comenzó a sentir pánico tras observar patrones de agujeros en mayólicas, rebanadas de pan, rayadores de alimentos, aceras, etc., señala un estudio de 2018, en Frontiers in Psychiatry.