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Ciencia

La próxima guerra nuclear entre EE. UU. y Rusia podría provocar una ‘pequeña Edad de Hielo’

Los investigadores de la Universidad de Luisiana realizaron distintas simulaciones de guerras nucleares globales para evaluar los efectos que estas tendrían sobre la Tierra.

"No importa quién bombardea a quién. Una vez que el humo se libera a la atmósfera superior, se propaga globalmente y afecta a todos”, sostuvo Cheryl Harrison, autora principal de la investigación. Foto: Gobierno francés / El Confidencial
"No importa quién bombardea a quién. Una vez que el humo se libera a la atmósfera superior, se propaga globalmente y afecta a todos”, sostuvo Cheryl Harrison, autora principal de la investigación. Foto: Gobierno francés / El Confidencial
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Desde que empezó el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania a fines de febrero, el temor de una posible guerra nuclear aumentó, ya que en abril, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, aseguró que el riesgo de un enfrentamiento de este tipo era “real”.

En ese sentido, los investigadores de la Universidad Estatal de Luisiana llevaron a cabo diferentes simulaciones de guerras nucleares regionales y globales para evaluar las consecuencias que estas tendrían sobre la Tierra, lo cual dio por resultado que se podría causar una ‘pequeña Edad de Hielo’, según recogió el portal Bloomberg Línea.

Actualmente, nueve países en el mundo tienen control de 13.000 armas nucleares, de acuerdo a cifras del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo. Y aunque algunas naciones se destacan más que otras como Estados Unidos, Rusia y China, la investigación concluye que “no importa” a quiénes se ataquen con este tipo de armas, pues los impactos serían los mismos en todo el planeta.

¿Cuáles fueron los escenarios evaluados?

Los escenarios simulados fueron diversos, pero los investigadores evaluaron una guerra nuclear entre Estados Unidos y Rusia donde se utilizarían unas 4.400 armas nucleares de 100 kilotones (1 kilotón equivale a 1.000 toneladas) para bombardear ciudades y zonas industriales. Los resultados fueron “incendios que expulsaron más de 330.000 millones de libras de humo y carbono negro” absorbiendo la luz solar, dirigidos a la atmósfera superior.

También se realizó una simulación más pequeña entre India y Pakistán. En esa prueba se planteó un escenario en el cual decidieran atacarse con 500 armas nucleares de 100 kilotones, lo que resultaría en arrojar de 11 millones a 103.000 millones de libras (46 000 000 millones de kilos) de humo y hollín a la atmósfera superior.

En cualquier caso contemplado, el equipo científico indicó que la liberación de humo y hollín bloquearía la luz solar en la Tierra y se perderían las cosechas de alimentos a gran escala.

Asimismo, en el primer mes después de una explosión nuclear las temperaturas caerían -10,56 grados Celsius, “un cambio de temperatura mayor que en la última Edad de Hielo”.

“No importa quién bombardea a quién. Puede ser India y Pakistán o la OTAN y Rusia. Una vez que el humo se libera a la atmósfera superior, se propaga globalmente y afecta a todos”, sostuvo Cheryl Harrison, autora principal y profesora asistente del Departamento de Oceanografía y Ciencias Costeras de LSU y del Centro de Computación y Tecnología.

¿Cuánto tardaría la recuperación tras una guerra nuclear?

Las simulaciones señalan que, tras este tipo de enfrentamientos nucleares, la temperatura de los océanos disminuiría de manera veloz, motivo por el que el hielo marino se podría extender hasta seis millones de millas cuadradas y seis pies de profundidad en algunas cuencas. Ello bloquearía puertos claves para el comercio global como el de Tianjin en Beijing, Copenhague y San Petersburgo.

La entidad detalla que en el escenario más grande de una guerra nuclear que es el de EE. UU. y Rusia, a los océanos les tomaría décadas recuperarse en la superficie y cientos de años en descongelarse las profundidades, mientras que los cambios en el hielo marino del Ártico podrían durar miles de años y desatar una ‘pequeña Edad de Hielo nuclear’.

El coautor Alan Robock, profesor distinguido del Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Rutgers, explicó: “La guerra nuclear tiene consecuencias nefastas para todos. Los líderes mundiales han utilizado nuestros estudios previamente como un impulso para poner fin a la carrera de armamentos nucleares en la década de 1980, y hace cinco años para aprobar un tratado en las Naciones Unidas para prohibir las armas nucleares”.

“Esperamos que este nuevo estudio anime a más naciones a ratificar el Tratado de Prohibición”, añadió.