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Ciencia

El misterio de los esqueletos de colores enterrados en la ciudad más antigua del mundo

Equipo de científicos hizo el primer estudio para entender estos rituales funerarios de hace más de 9.000 años.

Uno de los esqueletos coloreados en la ciudad Çatalhöyük. Fotos: Marco Milela
Uno de los esqueletos coloreados en la ciudad Çatalhöyük. Fotos: Marco Milela

El yacimiento arqueológico de Çatalhöyük (Turquía) es conocido como la ciudad más antigua del mundo, un asentamiento neolítico donde los esqueletos eran coloreados, una práctica funeraria sobre la que un estudio aporta nuevos datos.

La investigación, publicada en la revista Scientic Reports, indica que los huesos se pintaron parcialmente, se excavó varias veces y se volvieron a enterrar. Estos hallazgos permiten conocer más sobre los rituales funerarios de una sociedad que vivió hace 9.000 años.

En el asentamiento neolítico de Çatalhöyük, de 13 hectáreas, las casas de adobe presentan las huellas arqueológicas de actividades rituales, incluyendo enterramientos intramuros con algunos esqueletos que presentan restos de colorantes y pinturas murales.

La asociación entre el uso de colorantes y las actividades simbólicas está documentada en muchas sociedades humanas, y en Oriente Medio el uso de pigmentos en contextos arquitectónicos y funerarios se hace especialmente frecuente recién a partir de la segunda mitad del siglo IX y el VIII a. C.

La nueva investigación proporciona el primer análisis del uso de pigmentos en contextos funerarios y arquitectónicos de este yacimiento neolítico esencial.

Los resultados revelan “conocimientos apasionantes sobre la asociación entre el uso de colorantes, los rituales funerarios y los espacios vitales en esta fascinante sociedad”, explicó Marco Milella, de la Universidad de Berna y uno de los firmantes del texto.

El ocre era el color más utilizado en Çatalhöyük, presente en algunos adultos de ambos sexos y en niños, mientras que el cinabrio (bermellón) y el azul/verde se asociaban a los hombres y las mujeres, respectivamente.

La investigación señala que el número de enterramientos en un edificio parece estar asociado al número de capas de pintura que recibían, lo que sugiere un vínculo contextual entre la deposición funeraria y la aplicación de colorantes en el espacio doméstico.

“Cuando enterraban a alguien, también pintaban en las paredes de la casa”, explicó Milella, y agregó que en Çatalhöyük algunos individuos “permanecían” en la comunidad.

Es decir, sus elementos óseos se recuperaban y circulaban durante algún tiempo, antes de ser enterrados de nuevo. Este segundo entierro también iba acompañado de pinturas murales.

Solo una selección de individuos fue enterrada con colorantes, y solo una parte permaneció en la comunidad con sus huesos en circulación, pero los criterios de selección “escapan, por ahora, a nuestra comprensión, lo que hace, según Milella, que estos hallazgos sean aún más interesantes”.

Esa selección de personas, según la investigación, no estaba relacionada con la edad o con el sexo, aunque sí está claro —destacó— que la expresión visual, la actuación ritual y las asociaciones simbólicas eran elementos de prácticas socioculturales compartidas a largo plazo en esta sociedad neolítica.

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