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Científicos descubren por qué las muelas del juicio tardan en crecer

Entre los 17 y 25 años, los humanos desarrollan tardíamente los molares posteriores, sin embargo, sus antepasados primates culminaban el proceso a los 12.

Pese a que los genes que determinan el tamaño de nuestra mandíbula cambiaron durante la línea evolutiva del ser humano, aquellos que definen cuántos dientes tenemos no varió. Foto: Denver Marchoiri/ University of Saskatchewan
Pese a que los genes que determinan el tamaño de nuestra mandíbula cambiaron durante la línea evolutiva del ser humano, aquellos que definen cuántos dientes tenemos no varió. Foto: Denver Marchoiri/ University of Saskatchewan
Ciencia LR

Las muelas del juicio —llamadas así por surgir en la etapa de madurez del ser humano, entre los 17 y 25 años— son una incomodidad para muchas personas cuando son del tipo retenidas. Su aparición, en un 90% de las personas, puede causar una serie de problemas como inflamación, apiñamiento entre los dientes y vulnerabilidad contra los virus.

Sin embargo, el motivo de su desarrollo tardío en humanos a comparación de otros primates —con quienes compartimos el mismo número de dientes— es una incógnita para la ciencia.

En un estudio publicado en la revista Science, Halszka Glowacka y Gary Schwarts, especialistas en antropología evolutiva de la Universidad de Arizona, en Estados Unidos, sugieren que el tiempo de desarrollo de estos molares están limitados principalmente por la frágil biomecánica de nuestro cráneo y músculos, más que por el espacio disponible para alojarlos.

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Luego de modelar cráneos en 3D de 21 especies de primates, los investigadores descubrieron que la sincronización de nuestros molares adultos tiene relación con el delicado equilibrio de las articulaciones del cráneo en crecimiento.

Por tal motivo, para desarrollarse, los molares posteriores deben esperar la “seguridad” brindada por los músculos y huesos que los sostienen, tanto en fuerza como en sincronización.

Esto, además de asegurar las funciones básicas del sistema masticatorio, impediría que nuestra mandíbula se dañe por sí sola, una condición causada por nuestras cabezas más planas a comparación de nuestros ancestros simios.

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Los científicos esperan aplicar el mismo modelo en cráneos de humanos fósiles para descubrir desde cuándo sucede la aparición tardía de muelas del juicio, y el desarrollo lento de nuestra mandíbula en la línea evolutiva del Homo Sapiens.