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Las vacunas contra la COVID-19 y sus méritos para ganar el Nobel de Medicina

El jurado del Premio Nobel de Medicina podría otorgar el galardón internacional a los pioneros de un tipo de vacuna muy efectiva en una ceremonia atípica por la pandemia.

Aplicación de una dosis de la vacuna Moderna y Medalla de oro del Premio Nobel. Foto: referencial / Ted S. Warren, AP / Fernando Vergara, AP
Aplicación de una dosis de la vacuna Moderna y Medalla de oro del Premio Nobel. Foto: referencial / Ted S. Warren, AP / Fernando Vergara, AP
Bruno Cueva V.

Es innegable que las vacunas desarrolladas contra la COVID-19 por diversas empresas biofarmacéuticas han contenido el poder de expansión de la pandemia. Por ello, los esfuerzos denodados de los científicos para mantener controlado al coronavirus y sus variantes hacen pensar que el Premio Nobel 2021 de Medicina se le otorgará a alguien —tal vez a dos o tres, según lo considere la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia)— quien haya impulsado las inoculaciones desde el principio.

Ya arrancó la cuenta regresiva para el acto protocolar de este lunes 4 de octubre que abrirá la ceremonia de las históricas categorías de ciencias (Medicina, Física y Química), aunque la reducción del aforo, la anulación del lujoso banquete y el hecho de entregar las medallas y diplomas a los ganadores en sus domicilios le darán un sabor agridulce si se compara a la expectativa de años anteriores.

En esta oportunidad, el Premio Nobel 2021 de Fisiología o Medicina podría estar relacionado con la elaboración de vacunas de ARN mensajero, método tecnológico mediante el cual las compañías Moderna y Pfizer, con su socio alemán BioNTech, han revolucionado, como las pioneras al pie de guerra, la perspectiva de la lucha frontal ante los virus.

Harvey Alter, Charles Rice y Michael Houghton (de izquierda a derecha) ganaron el Premio Nobel de Medicina 2020 por su investigación sobre el virus de la hepatitis C. Foto: NIH, John Abbott / Universidad Rockefeller, Fundación Lasker

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La bioquímica húngara Katalin Karikó (66) dedicó más de 30 años de su vida a sentar las bases de la vacuna de ARN mensajero. “Todo el mundo lo entiende ahora, pero no entonces”, había declarado Karikó para El País en 2020. Asimismo, Drew Weissman (62), inmunólogo estadounidense de la Universidad de Pensilvania, se suma a la lista tras haber colaborado con el trabajo de su par. Ambos ganaron este año el Premio de Investigación Médica Clínica Lasker.

La inoculación de ARNm, según la Mayo Clinic de los Estados Unidos, utiliza ácido ribonucleico modificado genéticamente para instruir a las células humanas y enseñarles a producir la proteína S, que se encuentra en la superficie del virus causante de la COVID-19. Luego de la vacunación, las células inmunes replican fragmentos de la proteína S, por lo que se generan anticuerpos. Al final, el ARNm se degrada y no ingresa a los núcleos celulares.

¿La nueva dupla ganadora del Premio Nobel de Medicina? Katalin Karikó y Drew Weismann suenan fuerte. Foto: Lasker Fundation

Conforme a un comunicado de la Lasker Fundation, esta biotecnología saltó a la fama en 1960 como “el agente que codifica las proteínas”, oportunidad que fue tomada por Karikó desde la década de los años 70.

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“Este avance (la vacuna de ARNm) permitió el rápido desarrollo de vacunas COVID-19 altamente efectivas. Además de proporcionar una herramienta para sofocar una pandemia devastadora, la innovación está impulsando el progreso hacia tratamientos y preventivos para una variedad de enfermedades diferentes”, se destaca en la web citada.

El profesor Ali Mirazami, del Departamento de Medicina de Laboratorio del Instituto Karolinska, apostó por la posibilidad se ensalzar en honores a la técnica del ARNm: “Obtendrá el premio tarde o temprano, de eso estoy seguro”.

Siguiendo esa postura, Adam Frederik Sander Bertelsen, director científico de la empresa de vacunas Adaptvac, cuyo fin es tratar y prevenir cánceres específicos, enfermedades infecciosas y trastornos inmunológicos, destacó: “Se ha demostrado que generan una respuesta inmunitaria muy eficaz (...). De hecho, ha salvado a innumerables personas debido a su velocidad y eficiencia”.

Células B y T: las otras ‘candidatas’

El Instituto Karolinska de Estocolmo también recompensaría a los expertos en linfocitos Max Cooper (88), de la Facultad de Medicina de la Universidad de Emory, y Jacques Miller (90), proveniente del Instituto de Investigaciones Médicas Walter y Eliza Hall, ambos galardonados con el Premio Albert Lasker de Investigación Médica Básica 2019 o ‘los Nobel americanos’, una tradición que se remonta a 1946.

Hace dos años, la fundación le otorgó la distinción a los dos expertos “por su descubrimiento de las dos clases distintas de linfocitos, células B y T, un logro monumental que proporcionó el principio organizador del sistema inmunológico adaptativo y lanzó el curso de la inmunología moderna, según un comunicado.

Para entenderlo mejor: la inmunidad humoral, impulsada por glóbulos blancos llamados linfocitos B, se encarga de neutralizar los patógenos que se dispersan en el organismo; mientras que la inmunidad celular, liderada por los linfocitos T, se enfoca en eliminar las células infectadas, explicó Mariana Leguía, directora de Laboratorio de Genómica de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), en una entrevista para La República.

Esta hazaña permitió grandes avances en la ciencia como la terapia de inhibición de puntos de control para el cáncer. Bajo esa técnica, las células T aniquilan a las células cancerosas.

“Los puntos de control inmunitarios son una parte normal del sistema inmunitario. Su papel es impedir que la respuesta inmunitaria sea tan fuerte que destruya las células sanas en el cuerpo”, detalla el Instituto Nacional del Cáncer (NIH), del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos.