Científicos detectan parte de la materia “faltante” del universo

Apoyándose en la potente iluminación de un cuásar cercano a la galaxia Gal1, los científicos se guiaron en el espacio y hallaron el rastro de algo que era totalmente desconocido.

Imagen compuesta de la galaxia NGC 4303, situada a unos 55 millones de años luz, y detectada con el instrumento Muse del telescopio VLT. Foto: Handout European Southern Observatory/AFP
Imagen compuesta de la galaxia NGC 4303, situada a unos 55 millones de años luz, y detectada con el instrumento Muse del telescopio VLT. Foto: Handout European Southern Observatory/AFP
Agencia AFP

Un grupo de científicos ha logrado cartografiar por primera vez un viento galáctico, el depósito de gas de una galaxia, y ha detectado así una parte de su materia “faltante”.

“Las galaxias son raramente islotes pasivos de estrellas”, sino más bien estructuras dinámicas, cuya formación y evolución apenas estamos empezando a descubrir, explicó el astrofísico Nicolas Bouché a la agencia de noticias AFP.

Según las teorías en vigor, las galaxias están formadas ante todo por la denominada materia oscura, de naturaleza desconocida e invisible, y por apenas un 16% de bariones, es decir los átomos y moléculas que conocemos.

Para poner las cosas más difíciles, la observación actual de las galaxias solo permite revelar el 20% de esa cantidad de bariones. El resto, la materia “faltante”, se la lleva el viento galáctico, una nebulosa de gas y polvo provocada por la explosión de estrellas en el seno de sus sectores.

Un equipo internacional dirigido por investigadores del Centro de Investigaciones Astrofísicas de Lyon (Cral) ha podido cartografiar una nebulosa de esa materia perdida del universo, con el espectógrafo Muse del gran telescopio VLT instalado por el Observatorio Europeo Austral en el desierto chileno de Atacama.

“Es como ver un iceberg por primera vez”, explica Nicolas Bouché, investigador francés y coautor del estudio publicado en la revista británica Monthly Notices of the Royal Astronomical Society (MNRAS), junto con Johannes Zabl, del Departamento de Astronomía de la universidad canadiense de Saint Mary.

Otros investigadores habían localizado nebulosas de galaxias, pero mucho más difusas. Esta vez la observación de Gal1, una galaxia bastante joven, de unos 1.000 millones de años de antigüedad, permitió detectar “una nube de gas producida por esos vientos galácticos, que se escapa de ambos lados del disco de la galaxia, a través de dos conos asimétricos”.

Las dimensiones de esa nube son gigantescas, del orden de más de 80.000 años luz respecto del centro de Gal1. En comparación, nuestra Vía Láctea tiene un diámetro de aproximadamente 100.000 años luz.

Esta nube es una especie de depósito de materia, equivalente solamente al “10% a 20% de la masa de la galaxia” detectada, explica Bouché.

Una parte de la nube vuelve a verterse en el disco galáctico para formar esas estrellas, algunas de las cuales acaban explotando, y vuelven a mandar materia hacia la nebulosa, en un círculo incesante.

Los astrónomos tuvieron la suerte de tener como faro a un cuásar, objeto particularmente luminoso del universo, que por su proximidad con la galaxia Gal1 permitió detectar la presencia de magnesio, integrante esencial de esas nebulosas.