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¿Qué tanto protegen de la variante Delta las tres vacunas aplicadas en Perú?

Aunque las vacunas continúan siendo efectivas contra hospitalizaciones y muertes, es cada vez más difícil evitar nuevos contagios debido a la capacidad infecciosa de la variante Delta.

Las candidatas a vacunas no son aprobadas sin haber pasado por ensayos clínicos. Cada vez más, las personas confían en los efectos de la inoculación, independientemente de la empresa que las fabrica. Foto: AFP
Las candidatas a vacunas no son aprobadas sin haber pasado por ensayos clínicos. Cada vez más, las personas confían en los efectos de la inoculación, independientemente de la empresa que las fabrica. Foto: AFP
Bruno Cueva V.

Desde diciembre de 2020, casi nueve meses después de que el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, anunciara al nuevo coronavirus como pandemia mundial a través de una reunión extraordinaria —el 11 de marzo—, se empezó a promover la distribución de vacunas anti-COVID-19 con el auge de la inoculación tipo ARNm, fomentada por la alianza Pfizer-BioNTech (BNT162b2). De allí en adelante, otras firmas biofarmacéuticas se han ido sumando a esta estrategia a fin de aplacar la propagación del agente infeccioso.

Acentuando la inminente crisis sanitaria, se informó que el coronavirus no iba a permanecer siempre con las mismas características porque mutaría de persona en persona. La OMS y sus redes internacionales de expertos están evaluando constantemente la evolución del SARS‑CoV-2. La entidad de salud global ha identificado, hasta el momento, cuatro variantes preocupantes (VOC). Estas son Alfa: B.1.1.7 (identificada por primera vez en Reino Unido); Beta: B.1.35 (Sudáfrica); Gamma: P.1 (Japón/Brasil); y Delta: B.1.617.2 (la India).

Los informes de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos no han parado de referirse a los aumentos sistemáticos de contagios por la variante Delta, la astilla punzante para los epidemiólogos: en abril de 2021, aquella representaba el 0,1% de los casos; para mayo, alcanzó el 1,3%; y, finalmente, se estima que hasta agosto llegó a un 82,2%. Esos picos estadísticos confirman, de forma elocuente, su especial capacidad de brote.

Por esta circunstancia, dependeremos en gran medida de la protección otorgada por las vacunas si queremos resistir una posible expansión descontrolada de Delta dentro de las fronteras peruanas.

Sinopharm: protección ante la variante Delta similar a la que tienen los recuperados

Un conjunto amplio de investigadores del Departamento de Inmunología y Medicina Molecular en la Universidad de Sri Jayewardenepura (Sri Lanka) publicó un estudio en la plataforma de preimpresión medRxiv, en cuyas páginas muestran que la vacuna Sinopharm genera una cantidad de anticuerpos contra la variante Delta similar a la que tienen los que superaron la enfermedad.

Los científicos indicaron que la tasa de seroconversión (cantidad de personas que desarrollan anticuerpos contra el virus) después de la vacuna fue 95%. La cifra fue medianamente menor en los individuos mayores de 60 años (93,3%) en comparación con los de 20 a 39 años (98,9%).

Dicho estudio fue realizado en 282 personas vacunadas de Sri Lanka, una nación insular al sur de la India, en el océano Índico, donde se trata de controlar los casos de COVID-19 debido a la persistencia del linaje B.1.617.2.

Cuando vieron si los vacunados —no infectados— presentaban anticuerpos especiales que bloqueaban a la enzima ACE2, principal receptora del SARS-CoV-2; es decir, que permite la entrada del virus a las células, determinaron que el 81,2% de personas tuvo una respuesta positiva a las seis semanas de la primera dosis de Sinopharm (dos semanas luego de la segunda inoculación).

“Por lo tanto, la vacuna parece inducir un nivel similar de anticuerpos bloqueadores del receptor ACE2 como el que se consigue con una infección natural”, explicaron los firmantes del artículo científico.

Vacunas de Pfizer y AstraZeneca pierden efectividad contra Delta

“Los resultados de este gran estudio de vigilancia comunitaria muestran que la vacunación con dos dosis de BNT162b2 (Pfizer-BioNTech) o ChAdOx1 (Oxford-AstraZeneca) todavía reduce significativamente el riesgo de nuevas infecciones por SARS-CoV-2”, resume en primera instancia un estudio realizado por la Universidad de Oxford junto con la Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS) y el Departamento de Salud y Atención Social (DHSC) del Reino Unido.

Sin embargo, hay un decrecimiento en la efectividad de las inoculaciones contra la variante Delta del coronavirus, según diversos análisis en más de 500.000 participantes antes y después del 17 de mayo de 2021, justo cuando B.1.617.2 se volvió de circulación masiva en esa región europea.

Las personas vacunadas que padecieron COVID-19 —con la variante Delta, en específico— presentaron la misma carga viral que las no vacunadas. En paralelo, comparando este dato, los pacientes vacunados infectados con Alfa tenían sus niveles de virus más bajos que los que no habían sido inmunizados.

Asimismo, en el estudio de Oxford se amplía esta información al describir que la efectividad de BNT162b2 o ChAdOx1 fue menor contra la infección sintomática con Delta puesta en comparación con Alfa, un 31% versus 49% tras la primera dosis.

Luego de la segunda inoculación, que completa la protección por dos vacunas, Pfizer-BioNTech obtuvo un 88% de efectividad para Delta y 94% en Alfa; AstraZeneca, un 67% versus 75%, bajo el mismo criterio anterior.

Respecto a la infección sintomática autoinformada por SARS-CoV-2, en la etapa en que la variante Delta empezaba a dominar en Israel, la efectividad de BNT162b2 decayó del 97% al 41%, aproximadamente, según se acota en el artículo.

Los científicos, más adelante, señalan que a dos semanas de la segunda dosis de AstraZeneca, la efectividad de la vacuna en los contagiados de COVID-19 llegó hasta un 88% versus un 68% en las personas que no recibieron la inyección mencionada. Pfizer-BioNTech registró un 93% versus el 85%, respectivamente.

“La efectividad de la vacuna también fue generalmente mayor a edades más tempranas”, se detalla en el documento. A continuación, los firmantes indican que después de la segunda dosis de BNT162b2, la efectividad fue de un 90% para las personas de entre 18 y 34 años frente al 77% del grupo etario de entre 35 y 64.

Para ChAdOx1, la validez de la vacuna marcó un 73% para el primer rango de edades y un 54% para el segundo.

Menos efectividad contra el contagio, pero se sigue previniendo una enfermedad grave

Existe una disminución de producción de anticuerpos a medio año de haberse inoculado contra la COVID-19; sin embargo, se sigue previniendo enfermedad grave, hospitalización y muerte. Tras la aplicación de la vacuna, el organismo humano reconoce al SARS-CoV-2 y los glóbulos blancos llamados linfocitos B y los linfocitos T —encargados de neutralizar patógenos y eliminar células infectadas, respectivamente— memorizan partículas inactivadas del coronavirus.

Un estudio publicado en la revista Cell mostró que los pacientes con COVID-19 que tenían mayor cantidad de linfocitos T desarrollaron una enfermedad más leve que los que no tenían tales niveles de glóbulos blancos. Otra investigación más reciente muestra que las células B que reconocen al SARS-CoV-2 aumentaron con el tiempo en las personas recuperadas.

Mariana Leguía, directora de Laboratorio de Genómica de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), brindó una entrevista a La República y subrayó: “El hecho de que el nivel de anticuerpos de una persona (vacunada o recuperada) decaiga, no necesariamente quiere decir que ya no esté protegida”.

En otra entrevista a este medio, Juan More Bayona, docente peruano e investigador de la Universidad Mayor de San Marcos, había indicado que los beneficios de la inmunización siempre sobrepasan notablemente los riesgos. “Las vacunas no previenen el contagio, están diseñadas para evitar el riesgo de enfermedad severa y la muerte”, recalcó en aquella oportunidad.