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Científicos piden considerar el desarrollo de vacunas anti-COVID-19 con plantas

Los investigadores comentaron que su modelo de inoculación es de bajo costo en comparación al tradicional. Las terapias vegetales podrían administrarse por vía oral.

Hay distintos modos de desarrollar una vacuna, cada una lleva dificultades y riesgos diferentes. Foto: difusión
Hay distintos modos de desarrollar una vacuna, cada una lleva dificultades y riesgos diferentes. Foto: difusión
Ciencia LR

El uso de plantas para la producción de proteínas terapéuticas, llamado cultivo molecular, fue propuesto como un método alternativo de biofabricación en 1986 y los ensayos clínicos realizados hasta ahora han propuesto resultados alentadores y reavivado el interés en productos farmacéuticos de origen vegetal, dijo un dúo de científicos en un artículo subido a la revista Science.

Hugues Fausther-Bovendo y Gary Kobinger, de la Facultad de Medicina en la Université Laval (Canadá) y el Laboratorio Nacional de Galveston (Estados Unidos), respectivamente, sugirieron desarrollar vacunas a base de plantas y cómo fabricarlas. Además, expresaron que esta posible alternativa a las inoculaciones tradicionales incluiría medicamentos comestibles.

Si se administra por vía oral, es posible que las terapias vegetales solo requieran un procesamiento mínimo, por lo que posiblemente se salten pasos costosos y que consumen mucho tiempo en el proceso de fabricación, se precisa en el manuscrito alojado en Science.

La alta inversión de la producción de vacunas en sistemas sofisticados rinden beneficios, como en el caso de la COVID-19, pero los investigadores enfatizan en que su modelo es más barato. Por ejemplo, en lugar de los biorreactores —sistema que mantiene un ambiente biológicamente activo—, el preparado de inyecciones podría cultivarse en campos especializados.

“De hecho, las vacunas producidas por plantas pueden prepararse fácilmente contra nuevos patógenos o cepas emergentes. La velocidad del cultivo molecular es particularmente adecuada para la medicina personalizada en la que los productos farmacéuticos deben adaptarse a pacientes individuales, como para el tratamiento del cáncer”, subrayaron los investigadores.

Ellos esperan que “las vacunas de origen vegetal contra el virus de la influenza y el SARS-CoV-2 sean las primeras proteínas terapéuticas producidas en plantas enteras para uso humano”.

Dicho todo esto, las vacunas a base de plantas cuentan con antecedentes: se usan contra la enfermedad de Gaucher, la acumulación de grasas que afecta el correcto funcionamiento del bazo y el hígado, entre otros órganos.

El equipo de expertos recomienda que los entes gubernamentales internacionales se informen respecto a este tema para determinar, en el corto plazo, si esta estrategia se puede integrar a la lucha contra los patógenos futuros y la COVID-19.