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Rechazada de joven por ser mujer, anciana de 82 años se convertirá en astronauta

A pesar de ser la mejor en un programa para astronautas, la piloto Wally Funk fue víctima de sexismo en la década de 1960. Ahora, se prepara para el viaje que la convertirá en la persona más longeva en llegar al espacio.

Wally Funk se convertirá en el humano más longevo que llega al espacio. Fotos: AFP/ difusión
Wally Funk se convertirá en el humano más longevo que llega al espacio. Fotos: AFP/ difusión
Agencia AFP

Wally Funk es sin duda una pionera. Pero también una mujer paciente. Sesenta años después de unirse a un programa privado con la esperanza de convertirse algún día en astronauta, esta experimentada piloto estadounidense finalmente hará realidad su sueño.

El multimillonario Jeff Bezos la eligió para acompañarlo en el primer vuelo tripulado de su compañía espacial, Blue Origin, programado para el 20 de julio.

A los 82 años, esta mujer de pelo plateado y energía inagotable se convertirá en la persona de mayor edad en viajar al espacio. También será un símbolo viviente de que la audacia y la perseverancia tienen su recompensa.

“Me gusta hacer cosas que nadie ha hecho nunca”, dijo en un video publicado el 1 de julio en Instagram por Bezos.

Mercury 13

Funk creció en Taos, una pequeña ciudad del oeste estadounidense, en Nuevo México. Cuando era niña, le apasionaba la aviación y tomó su primera lección de vuelo a los nueve años.

En la escuela secundaria, se le prohibió tomar mecánica, una asignatura reservada a los varones. Pero esto no le impidió obtener una licencia de piloto y graduarse de la Universidad Estatal de Oklahoma, conocida por su programa de aviación. Hoy, la piloto lleva registradas 19.600 horas de vuelo.

Wally Funk. Foto: AFP

A principios de la década de 1960, cuando Estados Unidos se preparaba para enviar al primer estadounidense al espacio, la NASA había seleccionado a hombres para hacerles pruebas como parte del legendario programa Mercury. Pero ninguna mujer.

Un médico que participó en el desarrollo de estas pruebas, William Randolph Lovelace, decidió hacérselas a mujeres en su clínica privada para ver si ellas también eran capaces de pasarlas. Trece fueron elegidas para demostrarlo, dándole así un apodo al programa, “Mercury 13”.

Wally Funk era la más joven entre ellas.

“Nos estaban poniendo a prueba al extremo”, recordó en una entrevista de 1999 con la NASA.

Le inyectaron agua en los oídos para provocarle mareos. Tuvo que ingerir tubos de goma. “Sufrí mucho dolor”, recordó, pero “me acercaba al espacio, y ahí era donde quería ir”.

Pruebas físicas aplicadas a las aspirantes de Mercury 13. Foto: Netflix

“Mejor y más rápido” que los hombres

Durante otra prueba, Wally Funk fue encerrada en un tanque perfectamente insonorizado, lleno de agua a la temperatura exacta de su cuerpo para que no sintiera nada, en la oscuridad.

“Estaba de espaldas, flotando en esta agua, sin poder usar mis cinco sentidos (...) solo tenía que quedarme ahí”, contó.

La piloto rompió el récord al permanecer allí durante 10 horas y 35 minutos.

Al final, “me dijeron que había hecho el trabajo mejor y más rápido que cualquiera de los hombres”, recordó durante la reciente declaración en video.

Pero el programa fue descartado después de ser rechazado por la NASA y recién en 1983 iría al espacio la primera mujer estadounidense, Sally Ride.

“Fue algo interesante, el hecho de que pudiéramos haber ido y simplemente no nos dejaron. Un perro fue. Un mono fue. Un hombre fue. Las mujeres también podían haber ido”, afirmó Funk en 1999.

Sueños espaciales

Funk se postuló para convertirse en astronauta a la NASA en cuatro ocasiones. Fue rechazada todas las veces. Una de las razones que adujeron fue que no tenía un título en ingeniería y no había completado el programa de vuelo en un avión de combate militar, algo imposible para una mujer en ese momento.

Pero a Funk nunca le faltaron ambiciones: se convirtió en la primera mujer inspectora de la agencia de aviación estadounidense, la FAA, y luego fue la primera investigadora de la agencia estadounidense a cargo de desastres aeronáuticos (NTSB).

Manejó más de 450 accidentes antes de su jubilación en 1984 y enseñó a volar a unas 3.000 personas.

Wally Funk. Foto: David Levene/ The Guardian

Ahora vive en Texas. Y nunca abandonó su sueño de dejás atrás la gravedad y volar entre las estrellas.

En 1999, cuando se le preguntó sobre su mayor logro, respondió: “Si puedo llegar al espacio, será eso”.

Por: Lucie Auborg