Aparición de virus resistentes: el riesgo de una vacunación incompleta

Renzo Gonzales

GCRenzo

Una enfermera aplica vacuna contra la COVID-19 en Rusia. Foto: AFP
Una enfermera aplica vacuna contra la COVID-19 en Rusia. Foto: AFP

Países como Reino Unido decidieron retrasar la segunda dosis para inmunizar a más personas, pero expertos temen que esa protección ‘a medias’ haga que el coronavirus aprenda a burlar la vacuna.

A medida que las nuevas variantes contagiosas se expanden por el mundo y las cifras de casos y muertes por COVID-19 vuelven a dispararse, los países tienen una mayor necesidad de acelerar sus vacunaciones masivas. Una estrategia que ha ganado terreno es la que se basa en aplazar la administración de la segunda dosis para que más personas puedan ser inmunizadas en un primer momento mientras se espera por nuevos lotes de vacunas.

Uno de los partidarios de esta medida es el gobierno de Reino Unido, que decidió aplicar la segunda dosis de las vacunas después de doce semanas, en vez de tres o cuatro semanas como se probó en los ensayos clínicos. Esta medida ha sido cuestionada por varios expertos debido a que significaría dejar por mucho tiempo a la población con una inmunidad insuficiente mientras el virus puede adaptarse para vencer esas defensas.

Una de las tres vacunas aprobadas en Reino Unido es la de Pfizer/BioNtech, que ha mostrado una alta eficacia en ensayos clínicos (95%) después de la aplicación de dos dosis. Sin embargo, los fabricantes advirtieron que “no hay datos que demuestren que la protección después de la primera dosis se mantenga después de 21 días”.

Paúl Cárdenas microbiólogo y docente en la Universidad San Francisco de Quito, dijo a La República: “Si se aplica una sola dosis y se tiene una respuesta inmune incompleta, eso puede dar pie a que se desarrollen variantes del virus que escapen a las vacunas”.

El SARS-CoV-2, como cualquier virus, sufre mutaciones cuando es transmitido de un huésped a otro. La mayoría de estos cambios son irrelevantes y no alteran su comportamiento, aunque un ambiente adverso puede forzarlo a adaptarse.

Un escenario así se produciría cuando los anticuerpos de las personas vacunadas no sean suficientes para evitar la infección. Al resistir, el virus puede desarrollar con el tiempo mutaciones que le permitan propagarse sin problemas entre los demás vacunados.

Un cultivo de laboratorio donde el SARS-CoV-2 se muestra en amarillo escapando de células | Fotocaptura: Handout / AFP

Anteriormente se han documentado apariciones de variantes resistentes a vacunas en el virus que causa la enfermedad de Marek (gallinas), el virus de la rinotraqueítis del pavo y el virus de la hepatitis B.

Protección ‘a medias’

Las personas con una sola dosis de la vacuna contra la COVID-19 podrían desarrollar una respuesta inmune que las proteja de la enfermedad grave si se contagian, pero si la infección dura mucho tiempo resulta preocupante, ya que, según Cárdenas, el virus puede acumular ciertas mutaciones antes de pasar a otra persona.

De hecho, los investigadores sospechan que las variantes contagiosas de Reino Unido y Sudáfrica se originaron en pacientes inmunodeprimidos que desarrollaron la enfermedad por varias semanas o que recibieron plasma sanguíneo de otro paciente con pocos anticuerpos. Condiciones ideales para que sobreviva una variante del virus con más ventajas que las demás.

La Organización Mundial de la Salud indicó que los datos respaldan la aplicación de la segunda dosis hasta 42 días después de la primera. Dinamarca ya adoptó ese límite y expertos de Canadá recomiendan hacerlo, mientras que Alemania y Países Bajos también están evaluando retrasar la segunda inyección, aunque no se sabe por cuánto tiempo.

La mayor cantidad posible

Los que apoyan esta medida destacan la necesidad de vacunar a la mayor cantidad posible de personas con la primera dosis porque así se reduciría la transmisión. Por tanto, mientras haya menos virus circulando, mutará con menor frecuencia, según le dijo a El País el epidemiólogo Marc Lipsich, director del Centro de Dinámicas de las Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Harvard.

Por su parte, la Sociedad Británica de Inmunología considera “poco probable” que retrasar ocho semanas la aplicación de la segunda dosis cause efectos negativos en la respuesta inmune general. “Con el número de casos y muertes que continúan aumentando a un ritmo significativo, necesitamos proteger a la mayor cantidad posible de personas vulnerables de la enfermedad grave COVID-19 en el corto plazo”, indicó la organización.

Sin embargo, la pregunta clave aún no tiene una respuesta clara: ¿las personas estarán protegidas hasta la aplicación de esa segunda dosis retrasada?

“Si no tenemos información adecuada de cómo funciona o cuánto dura la inmunidad producida con una sola dosis, entonces es un problema”, finaliza Cárdenas.