Nobel de Medicina: los científicos que hallaron el origen de una enfermedad “inexplicable”

Hoy fueron premiados tres investigadores que identificaron el virus de la hepatitis C, un terrible mal que ahora tiene cura. Esta es la historia de éxito que ayudó a salvar “millones de vidas”.

Partículas del virus de la hepatitis C aisladas en la muestra de un paciente. Foto: Universidad de Pittsburgh.
Partículas del virus de la hepatitis C aisladas en la muestra de un paciente. Foto: Universidad de Pittsburgh.
Renzo Gonzales

Este lunes, el jurado del Instituto Karolinska (Suecia) anunció el Premio Nobel de Medicina 2020 para Harvey J. Alter, Michael Houghton y Charles M. Rice, tres científicos cuyos descubrimientos ayudaron a identificar al virus causante de una enfermedad crónica que no tenía explicación, la hepatitis C, y posibilitaron el desarrollo de “análisis de sangre y nuevos medicamentos que han salvado millones de vidas”. Los galardonados fueron protagonistas de una historia que demuestra una vez más la importancia de la investigación en la vida humana.

La hepatitis es la inflamación del hígado causada principalmente por infecciones virales, aunque el exceso de alcohol, las toxinas ambientales y las enfermedades autoinmunes también pueden provocar la aparición de este mal. En la década de 1970, ya se habían identificado a los virus que causan la hepatitis A y B. El primero se transmite por agua o alimentos contaminados y no suele generar tantos cuadros graves. El segundo, que se transmite a través de la sangre y los fluidos corporales, puede conducir a una condición crónica y propiciar el desarrollo de cirrosis y cáncer de hígado.

Una hepatitis desconocida

En esa época, Harvey J. Alter, de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU., estaba investigando a pacientes que habían desarrollado hepatitis tras recibir transfusiones de sangre, un mal que provocaba alrededor de un millón de muertes por año. Los análisis de sangre para hepatitis B habían reducido estos contagios, pero Alter y su equipo notaron que había un gran número de casos sin identificar. Estos pacientes también desarrollaban el mal crónico, lo que era muy preocupante, relata el comunicado de la Asamblea Nobel.

Después de demostrar que la sangre de estos pacientes podía transmitir la enfermedad a los chimpancés, las investigaciones de Alter definieron en 1978 una nueva forma de hepatitis crónica transmitida por virus. A la enfermedad se le conoció como hepatitis “no A, no B”.

Infografía: Asamblea Nobel del Instituto Karolinska.

El nuevo virus

Equipos científicos de todo el mundo se embarcaron en la tarea de identificar este nuevo virus. A pesar de todos los esfuerzos, tras más de una década, este agente infeccioso seguía siendo un misterio. Fue entonces que un grupo liderado por Michael Houghton, quien trabajaba en la farmacéutica Chiron, realizó una técnica innovadora: crearon una colección de fragmentos de ADN a partir de ácidos nucleicos de la sangre de un chimpancé infectado y los compararon con suero de pacientes, que posee anticuerpos contra el virus.

De esa manera, hallaron una coincidencia de ADN viral. El estudio posterior, publicado en 1989, mostró que este fragmento se derivó de un nuevo virus de ARN perteneciente a la familia de flavivirus. Lo llamaron virus de la hepatitis C.

Infeccioso y peligroso

El virus había sido identificado, pero aún no se sabía si era capaz de causar hepatitis por sí solo. Entonces apareció Charles M. Rice, investigador de la Universidad de Washington en St. Louis, que junto a otros grupos de investigación notó una región previamente desconocida en el extremo del genoma del virus. Sospecharon que podría ser importante para su replicación. Asimismo, observó variaciones genéticas en muestras de virus aisladas que podrían dificultar su desarrollo. Con ayuda de ingeniería genética, Rice produjo una variante de ARN del virus de la hepatitis C que incluía la región recién definida y descartaba las características que lo ‘debilitaban’.

Este ARN fue inyectado en el hígado de chimpancés. Luego, los investigadores detectaron virus en la sangre de los primates, que desarrollaron la enfermedad de forma similar a la observada en humanos. Sus resultados fueron publicados en 1997. “Esta fue la prueba final de que el virus de la hepatitis C por sí solo podría causar los casos inexplicables de hepatitis mediada por transfusiones”, sostiene la organización.

Contribución de cada científico al descubrimiento. Infografía: Asamblea Nobel del Instituto Karolinska.

Una enfermedad curable

La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska destaca que gracias al trabajo de los tres investigadores “ahora se dispone de análisis de sangre altamente sensibles para el virus y estos esencialmente han eliminado la hepatitis postransfusional en muchas partes del mundo, mejorando enormemente la salud mundial”.

“Su descubrimiento también permitió el rápido desarrollo de medicamentos antivirales dirigidos contra la hepatitis C. Por primera vez en la historia, la enfermedad ahora se puede curar, lo que aumenta las esperanzas de erradicar el virus de la hepatitis C de la población mundial”, añade.

Por último, enfatiza en la necesidad de esfuerzos internacionales para facilitar estos análisis de sangre y permitir que los medicamentos antivirales estén disponibles en todas las regiones del planeta.