Estudio encuentra que los anticuerpos de los recuperados duran más de lo que se creía

04 Sep 2020 | 13:35 h
Imagen de las células T atacando a los agentes infecciosos. Crédito: Alamy Stock.
Imagen de las células T atacando a los agentes infecciosos. Crédito: Alamy Stock.

Análisis previos sugerían la disminución de anticuerpos solo semanas después de superar la COVID-19. Una nueva investigación realizada en Islandia asegura una permanencia de al menos cuatro meses.

Sobre el SARS-CoV-2, el virus que causa la COVID-19, aún hay detalles desconocidos para la ciencia como la inmunidad que genera el organismo tras superarse la infección. Investigaciones previas al respecto sugerían que la cantidad de anticuerpos se perdía al cabo de un tiempo relativamente corto, lo cual ponía en peligro la capacidad de protección frente a una posible reinfección.

No obstante, un estudio reciente en Islandia demuestra lo contrario. Kari Stefansson, directora del Banco Genético de ese país y autora del artículo publicado en New England Journal of Medicine, resalta su análisis por el periodo usado y la muestra numerosa que contiene en comparación con otras investigaciones. De acuerdo con los hallazgos, no solo el tiempo de duración de los anticuerpos fue mayor, sino que no se observó disminución de los mismos por al menos cuatro meses.

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El estudio involucró a unos 30.000 islandeses, equivalente a un 15% de la población del país. Se obtuvo muestras serológicas y se dividió en tres grupos: casos confirmados con coronavirus; personas expuestas al virus, pero no necesariamente infectadas y aquellas que no se sabía si habían estado expuestas al patógeno.

Tras el diagnóstico positivo a la COVID-19, los científicos realizaron un seguimiento al comportamiento de sus niveles de anticuerpos en la sangre durante cuatro meses. Los resultados mostraron que los distintos tipos (IgM, IgA, IgG) aumentaron y disminuyeron a ritmos diferentes en los grupos de personas.

Como regla general, se obtuvo que los IgM, que respondieron más rápidamente a la infección, ya no eran visibles dos meses después del diagnóstico. Además, entre el primer mes y el mes y medio, los anticuerpos IgA e IgG disminuyeron ligeramente, lo cual coincide con los estudios previos.

No obstante, la relevancia de la nueva publicación radica en la continuidad del análisis por dos meses más. En este tiempo se observó que no hubo cambios en los niveles de los anticuerpos. Las investigaciones anteriores esperaban una tendencia a la disminución hasta la completa desaparición, lo cual ha sido descartado por Stefansson y su equipo.

“(Además) las pruebas de anticuerpos utilizadas (en esos estudios) no cubrieron el espectro completo de anticuerpos, las muestras eran pequeñas, y los sobrevivientes de la enfermedad generalmente no fueron monitoreados durante más de un mes”, recalcó la experta al medio islandés ERR Innovator.

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Con respecto al tema de la caída de los niveles de anticuerpos, Stefansson recordó que el organismo produce varios tipos de anticuerpos y que es natural observar la disminución o desaparición de algunos de estos durante las primeras semanas. Pero eso no quiere decir que se han perdido todos o que no se vayan a renovar.

Las células B, por ejemplo, responsables de la producción de algunos anticuerpos, buscan frecuentemente nuevos hogares en la médula ósea para comenzar a producir otra vez estas defensas en masa cuando se vuelven a infectar. Junto a las células T, estas conforman la memoria inmunológica del organismo, vital en los casos de reinfecciones.