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¿Velocidad o seguridad?: el incierto camino de una vacuna contra la COVID-19

Obtener una vacuna fiable y eficaz tarda años. Acortar este tiempo puede implicar riesgos como "mejorar" el virus o afectar a personas con un sistema inmune débil, como los ancianos.

La Republica
Una mujer israelí espera recibir una vacuna contra la gripe en el hospital de Kiryat Ono en el sur de Israel. Foto: AFP
Itzia  Huillcahuari

Los estragos que provoca la pandemia de la COVID-19 —con millones de contagios y muertes, y economías al bordo del colapso— evidencian la urgencia por encontrar una pronta solución. La más palpable a corto plazo parece ser la de una vacuna.

La confianza en estos momentos se encuentra puesta en algunos, o varios, de los más de 130 prototipos que se desarrollan en todo el mundo. No obstante, existen plazos y aprobaciones que una vacuna debe cumplir para garantizar seguridad y efectividad, por lo que acortar los tiempos puede no ser prudente.

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Es una carrera larga porque se tiene que pasar por fases. Las entidades deben revisar cuidadosamente todo el dossier científico que acompaña a una vacuna y su veredicto no siempre es favorable”, indica a La República el Dr. José Antonio Navarro, consultor honorario del área de vacunas del Ministerio de Sanidad de España.

Y es que aun en su última fase de desarrollo, la aprobación de una vacuna es incierta, agrega. Lo que sí es seguro es la necesidad de garantizar estabilidad, sobre todo contra un virus nuevo como el SARS-CoV-2. Para lograrlo, se debe actuar con cautela.

Desarrollo de una vacuna. Fuente: AFP

Actualmente, en el mundo se están fabricando 133 candidatas de vacunas aceptadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Muchas de ellas se encuentran todavía en ensayos preclínicos, otras avanzan a paso lento hacia las primeras fases; mientras que tres están cerca de culminar sus pruebas.

La más avanzada es la propuesta por el Instituto de Productos Biológicos de Wuhan, bajo supervisión del Grupo Nacional de Biotecnología de China (CNBG). Este 28 de junio dio las buenas nuevas sobre los resultados favorables de sus fases I y II, culminadas en abril.

Ya inició con la última de las etapas, que prevé su término en agosto. De obtener respuestas positivas, la CNBG asegura que puede lograr la aprobación para comercializar la vacuna contra el coronavirus en octubre.

Las dos restantes candidatas son la de Moderna y NIAID, y la de la Universidad de Oxford y AstraZeneca. Ambas iniciarán la fase III en julio.

El desarrollo de una vacuna necesita pasar por varias etapas.

Sin antecedentes

Navarro explica que no todas las vacunas son iguales. Pueden ser similares en cuanto a su método — el empleo del antígeno del coronavirus (proteínas Spike)— para despertar la inmunidad en el organismo, pero el vehículo que usan para llegar a ella difiere muchas veces.

En los modelos que se están probando actualmente resaltan cuatro tipos de vacunas: a partir del virus, de otros virus, del material genético del virus y de proteínas del virus.

La vacuna sugerida por China, la más avanzada, utiliza el mismo coronavirus, pero inactivado, es decir, sin capacidad de infectar. Este método ha sido manejado anteriormente en enfermedades como la gripe, polio y rabia.

Las ventajas de este tipo de vacunas es que son seguras, fáciles de preparar y han demostrado lograr un elevado nivel de anticuerpos neutralizantes. No obstante, por su naturaleza, pueden ser potencialmente peligrosas para personas con problemas de salud, por lo que se necesitan más pruebas. Y, por ende, más tiempo.

Tipos de vacunas

En cuanto a las aspirantes de Moderna y Oxford, hay un riesgo mayor. “Ninguna de ellas utiliza una plataforma presente en alguna vacuna que actualmente esté siendo comercializada”, afirma Navarro.

“La de Moderna utiliza un fragmento de ARNm (ARN mensajero) al que se le incluye una carga genética que codifica la proteína S del coronavirus. Cuando se inyecta al humano, una vez dentro del citoplasma, se transcribe, sale a la sangre y el organismo la reconoce y así estimula la inmunidad”, detalla el médico.

En cuanto a la vacuna de Oxford, esta se basa en un adenovirus modificado de chimpancé —inocuo para los humanos debido a que se encuentra incapacitado para replicarse— cuyo interior posee un fragmento de ácido nucleico que codifica la proteína S del coronavirus. Una vez dentro del organismo, realiza un proceso similar a la propuesta de Moderna.

“Utilizan el mismo antígeno, pero con un vehículo distinto. E insisto, ninguna de las dos utiliza una plataforma conocida en el sistema de vacunas actual. Por tanto, no tenemos información precisa y exacta de cómo se van a comportar”, recalca Navarro.

Las vacunas a partir del virus pueden ser atenuadas o inactivadas.

Las vacunas a partir de otros virus pueden ser replicantes o no replicantes.

Las vacunas a partir del material genético pueden ser de ADN o ARN.

Las vacunas a partir de proteínas pueden ser empleando subunidades del virus o partículas similares al virus.

Seguridad ante todo

La incertidumbre sobre la efectividad de una vacuna es un problema común que se va desvaneciendo conforme se superan las fases de desarrollo. Sin embargo, en el caso de la COVID-19, hay un factor más de preocupación: seguridad.

“Si no se siguen los pasos correctos con estas vacunas que se están ensayando puede ser un riesgo. Lo que más preocupa es la seguridad porque básicamente le vamos a inocular a una persona sana que lo último que quiere es una medida preventiva que la enferme”, argumenta Navarro.

Por su parte, el Dr. Javier Tinoco, infectólogo de la Clínica Universidad de los Andes de Chile, declara que la posibilidad de mutación del virus se interpone en la cobertura que puede ofrecer la vacuna.

“No sabemos mucho sobre este virus, pero todos los virus mutan para sobrevivir. Esa probabilidad hace que una vacuna 2020, por ejemplo, ya no sea eficaz para la del 2021 o la del 2022. Entonces, si la aplicamos en un momento inadecuado, puede ser desfavorable”, señala.

Precisamente por esto es que los científicos están apostando por una variedad de vacunas. Aunque la celeridad, en opinión de los expertos, no parece ser una buena estrategia.

William Haseltine, excatedrático de la Facultad de Medicina de Harvard, escribió al respecto en la revista Scientific American. Su postura es la de apostar por un proceso lento, pero fiable.

Algunas vacunas empeoran las consecuencias de la infección en lugar de proteger, un fenómeno llamado mejora dependiente de anticuerpos (ADE). Esto se ha observado en intentos anteriores para desarrollar vacunas de coronavirus”, asegura.

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Otro inconveniente de la prontitud de una inoculación masiva tiene que ver con la capacidad de respuesta individual de las personas. La población en riesgo, como los ancianos, podría necesitar refuerzos y adyuvantes potentes, cuyos efectos se desconocen.

“Sí, todos anhelamos cada vez más el fin del brote. Pero vale la pena esperar una vacuna segura y efectiva para todos aquellos en riesgo”, reflexiona Haseltine.

Estrategias

La salida de la pandemia sin una vacuna sí es posible y la historia lo ha demostrado. En ese sentido, lo que es impostergable e irreemplazable son las estrategias de salud pública, dice el Dr. Navarro. Estas han sido y serán siempre primordiales para evitar brotes y rebrotes de enfermedades, añade.

“De hecho, los rebrotes que estamos viendo en los países son sospechosamente por el descuido de las normas básica de salud pública. Podremos tener una vacuna, pero puede ser de protección limitada, por lo que estas medidas siempre deben estar presentes”, sostiene.

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Confiar solo en una o varias vacunas no es suficiente. Ya la OMS anunció hace unos días lo difícil que será lograr una efectiva y segura en corto tiempo.

El director general de dicha institución, Tedros Adhanom Ghebreyesus, —al igual que otros especialistas en salud— estima, por lo menos, un plazo de un año para conseguirla.

Mientras tanto, el día a día seguirá con una norma clara: lavarnos las manos y respetar la distancia.