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El corazón de nuestra galaxia ha estado ‘latiendo’ cada 30 minutos

El astrónomo peruano Nobar Baella explicó el posible origen de estas ondas de radio en el centro de la Vía Láctea.

Vista del centro de la Vía Láctea. Crédito: NASA.
Vista del centro de la Vía Láctea. Crédito: NASA.
Renzo Gonzales

Un equipo de investigadores confirmó la detección de señales de radio provenientes del centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Si bien este fenómeno no es totalmente nuevo, lo sorprendente fue que estas ondas aumentaban su intensidad en períodos que se repetían.

Los astrónomos utilizaron las 66 antenas del complejo ALMA, ubicado en Chile, y rastrearon las señales hasta el agujero negro supermasivo Sagitario A*, el enorme objeto cósmico de 4 millones de masas solares que está justo en el núcleo de la galaxia.

“Conseguimos obtener datos de gran calidad de la variación de la intensidad de las ondas de radio de Sagitario A* durante 10 días, a razón de 70 minutos por día”, indicó Yuheu Iwata, autor principal del estudio publicado en Astrophysical Journal Letters.

Matriz de radiotelescopios Atacama Large Millimeter Array (ALMA). Crédito: ESO.

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De este modo, descubrieron dos tendencias: las señales se encendían aproximadamente cada 30 minutos y, otras veces, lo hacían cada hora.

Los agujeros negros no producen ninguna clase de emisión por sí mismos. Por ello, los autores sugieren que la fuente de las señales proviene del gas y polvo que, víctimas de la gravedad, giran a velocidades extremas alrededor de Sagitario A* antes de convertirse en su alimento.

El disco de acreción

Nobar Baella, astrónomo del Instituto Geofísico del Perú (IGP), dice que esta región que rodea a los agujeros negros, conocido como disco de acreción, es comparable a “cuando se abre el desagüe de un lavadero y se forma un remolino de todos los desperdicios que caen en el hoyo”.

“Al momento de caer hacia el agujero negro, la fricción es tan fuerte que el material se calienta, pero, como todo en la naturaleza, no se calienta de manera uniforme. Por ello, en este disco se forman zonas calientes, las cuales emiten radiación”, explica a La República.

Simulación de material orbitando el agujero negro Sagitario*A, justo en el centro de nuestra galaxia. Imagen: ESO.

Esta radiación emite poderosas ondas milimétricas, precisamente lo que detectaron las antenas de ALMA. Pero ahí no acabó el descubrimiento.

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Demasiado cerca

El período de variación de 30 minutos sugiere que el material caliente se ‘muestra’ cada vez que completa una vuelta muy rápida alrededor del agujero negro. Los autores calcularon que esta zona está en la órbita del borde más interno del disco de acreción, el que más cerca está a Sagitario A*.

Representación de las dos señales detectadas, la más cercana al agujero negro se repite aproximadamente cada 30 minutos. Crédito: Universidad de Keio.

El radio de esta órbita es de apenas 0,2 unidades astronómicas (una unidad astronómica es la medida de la distancia entre la Tierra y el Sol). Para tener una mejor idea, Mercurio, el planeta más cercano al Sol, gira alrededor de esta estrella a una distancia de 0,4 unidades astronómicas.

Sin duda, al estar tan cerca al agujero negro, el disco de acreción es sometido a los efectos extremos de la gravedad, que lo hacen girar a velocidades cercanas a la luz. Según la Teoría de la Relatividad Especial de Einstein cuando una fuente de radiación se mueve con tal rapidez hacia el observador (en este caso, las antenas en la Tierra), la emisión se amplifica. Esto explicaría la detección.

Por su parte, Baella aún no descarta que las señales se deban a otros fenómenos. Sin embargo, considera que la conclusión de los autores es la posibilidad más directa.

“El siguiente paso es ver si hay variaciones en el período. Puede que en unos meses detecten una nueva señal y después nada; o que las señales comiencen a aparecer cada dos o tres horas, eso significaría que hay una evolución en el disco de acreción”, finaliza.